EVASIÓN FISCAL: MARCO HISTÓRICO

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La evasión Fiscal no es un fenómeno reciente, en la historia del hombre y la sociedad siempre ha estado presente, es a partir del crecimiento de la economía mundial y de los nexos comerciales entre diversos países, que los gobiernos empiezan interesarse en buscar la manera de ejercer control e intentar disminuir el accionar de los evasores.

En la década de 1970, a nivel global se perdió un tanto el interés en el tema de evasión, la razón, el crecimiento de la economía internacional hizo que la moda en la administración de impuestos a nivel global, se centrara en el rápido crecimiento de las bases impositivas, la aparición de nuevos tributos de alta elasticidad como: el Impuesto sobre el Valor Agregado (IGV) y el incremento en las tasas de impuestos.

Luego, en la década de los 80, el ánimo sobre este concepto volvió a ser importante dedico a diversas razones, entre las cuales pueden mencionarse tres de las más importantes:

  1. El crecimiento del déficit fiscal, fundamentado en las grandes dificultades políticas y gerenciales para administrar el ingreso y gasto público, y las presiones sociales y políticas que inducen a seguir con el mecanismo paliativo de aumentar las tasas impositivas.
  2. Un segundo punto, se relaciona con la presión social para establecer una mayor equidad horizontal, de forma tal que, las personas con niveles de ingresos similares no tributen de fato en forma muy diferente y vertical con el fin de que los individuos de niveles diferentes de ingresos tributen de acuerdo con su capacidad, evitando la confiscación de la riqueza de los que menos capacidad tienen y el subsidio de la misma para los que tienen más capacidad de contribución.
  3. Por último, el crecimiento de la economía informal y del trabajo por cuenta propia. Sin embargo, la raíz de los conceptos mismos de la evasión y la elusión de los tributos se deben buscar en tiempos remotos. Así, la formación de la sociedad conlleva el surgimiento de dos variables, la referida a gastos mancomunados que debían ser cubiertos por la totalidad de los integrantes y la concerniente a los administradores, para esos gastos, que a su vez, constituyen una erogación adicional, que no agrega valor directo al funcionamiento de la sociedad; sin embargo se hacen necesarios para el buen manejo de los recursos provenientes de ésta, y en beneficio de sus participantes. Según lo explica John Locke, en su ensayo sobre un gobierno civil, al referirse a la formación de la sociedad, indica que:

“Los hombres en estado de naturaleza en algún punto de la historia de la humanidad decidieron asociarse para buscar el beneficio mutuo, esta unión, supuso la creación de una serie de regulaciones que normaran esta vida en conjunto, además de alguien para hacerlas cumplir es aquí donde nace la sociedad civil, en donde el hombre ya en un estado de civilidad se somete y autoriza a la sociedad por medio de su gobierno, a crear las leyes en su nombre y como mejor convenga al bien público de la sociedad, este tipo de asociación tiene como principio que la mayoría tiene el derecho de regir y 1 obligar a todos, y su autoridad es representada por una o un grupo de personas.” [1]

Estos administradores, son una representación de poder que ha tenido todo tipo de formas: Sumos sacerdotes, caciques, concejos, parlamentos, monarquías y gobiernos civiles entre otros; pero, es característica general que para cumplir sus obligaciones debe procurarse una fuente de renta o sustento, y de ahí que se considere conveniente crear normas que procuren un ingreso.

En este punto, nace la figura del tributo, siendo el principal generador de incorporación en dinero para el bienestar común, sirviendo a través de la historia humana para diversos propósitos. Ejemplo civilizaciones como los egipcios, griegos, romanos, aztecas, incas, chinos, en fin casi todas las sociedades humanas civilizadas.

No obstante, lo que en un principio pareciera sencillo, ya que es decisión de la mayoría representada por un gobierno o administrador, tiene sus fallas. El primer problema se presenta con la afinidad de los administrados hacia los administradores de la sociedad; resulta que no siempre estos ordenadores, o representantes, son del agrado de todos los miembros de la sociedad, y sus prioridades como gobernantes, que en un principio son las necesidades de todos no se refleja efectivamente en su actuación.

Ejemplo de este comportamiento, son fáciles de distinguir, se ve, cada vez que se destinan recursos para la construcción o reparación de un camino, del cual los ciudadanos no se benefician directamente, lo común es suponer que se favorece a unos pocos por compromisos o afinidad política, parentescos u otros motivos y, que por ello, no se debe contribuir, ya que los administradores sólo favorecen grupos específicos, en los cuales no el ciudadano de a pie se considera excluido.

Por otra parte, la corrupción representa el segundo problema a sortear, ya que estos mismos administradores, gobiernos o representantes se han encargado de crear esta atmósfera que les resta legitimidad, debido a que, en muchas ocasiones, las necesidades de todos en efecto se olvidan y se gobierna para favorecer a unos pocos o en beneficio propio, dando paso a que se presente dicha problemática.

Aparte de las razones propias del estado de civilidad existen otras que se pueden denominar, condicionadas o de conducta, según entienden las ciencias sociales, entre éstas están: la cultura, otra dación que tienen como efecto el uso reiterativo del no pago de impuestos, este cuestionamiento se basa en la rebeldía, y nace cuando estas sociedades se vuelven conquistadores; ya que, los pueblos sometidos son más reacios a pagar tributos a sus dominadores, quedando esta tradición aún luego de volver a ser pueblos libres.

La evasión fiscal en un fenómeno inseparable a los tributos y desde el cobro de los mismos, alguien tuvo que suponer la idea del por qué se debían pagar, y concluir que era más importante el bienestar propio a través de la acumulación de la riqueza o el sólo sustento, que cooperar con la bonanza de la sociedad en conjunto, un gobierno o un Dios. De hecho, el pago de impuestos tiene un rechazo general cimentado en la cultura del no pago y el egoísmo individual y más recientemente en el cálculo que hace el obligado, sopesando el costo benéfico de la evasión que podría servir para la acumulación de riqueza y el efecto pecuniario de éste si es detectado.

No obstante, en la actualidad los sistemas impositivos varían según los países, pudiéndose crear un sistema de pago en especie o cobrar impuestos sobre los ingresos. Los sistemas más sencillos sólo son viables cuando la intervención del gobierno en una economía es mínima.

Cuando las pretensiones gubernamentales son múltiples, el sistema relacionado tendrá una estructura más compleja, teniendo que elaborar programas fiscales de control y educación ciudadana cada vez más eficientes.

En forma general, debe indicarse que el poder fiscal o financiero, como llaman algunos autores, es la expresión de la posibilidad de una nación para crear o establecer la normativa que regule un procedimiento de ingresos públicos, en consideración a que la actividad financiera del gobierno no se limita exclusivamente a la realidad jurídico económica del tributo, ya que evidentemente tiene un campo más amplio que lo meramente impositivo.

A través del poder fiscal o financiero se pretende lograr un contrapeso entre los poderes financieros yentes públicos. El Estado para desarrollar sus fines y satisfacer las necesidades de la colectividad, debe efectuar gastos, que son cubiertos con los ingresos públicos. Por consiguiente, es necesario el poder fiscal para mantener ese equilibrio, dictándose para el efecto normas jurídicas que regulen lo relativo a los gastos e ingresos públicos de cualquier ordenanza administrativa.

Como ejemplo histórico diremos que en la primera república romana se necesitaban pocos impuestos: La defensa, el rubro más costoso, estaba a cargo de ciudadanos voluntarios, que hasta proveían su propio equipo y uniforme. Este espíritu patriótico producía una fuerza de combate magnífica, que derrotó a todos los que se le opusieron y convirtió a Roma en el centro del mundo civilizado.

Este ánimo de voluntariado se observaba en todos los oficios públicos, hasta los magistrados servían a la ciudad sin pago, no se necesitaban altos impuestos. Pero Diocleciano, 800 años después, en un imperio que colapsaba debido a la inflación, centralizó el Estado y aumentó fuertemente los impuestos, convirtiendo a Roma en un imperio totalitario.

Los ciudadanos romanos, después de 800 años, perdieron sus libertades. Los impuestos eran tan exorbitantes, que los agricultores preferían abandonar sus campos a pagar estos rubros. Los recaudadores eran simples verdugos con licencia para matar a los evasores.

Al final de esta fase, los ciudadanos ricos, corrompiendo a los recaudadores, dejaron de pagar sus contribuciones, y fueron creando pequeños Estados centrados en sus lujosas mansiones; era el inicio del feudalismo. No es de extrañar que en el año 476 un bárbaro llamado Odovacar ocupara la otrora poderosa Roma, que ni tenía dinero para defenderse, ni quien la defendiera; el amor a la república se había convertido en odio a ese imperio despótico, y el paso determinante había sido los altos impuestos de Diocleciano, que necesitaron de un gobierno totalitario para ser recaudados.

HECHOS CONTEMPORANEOS SOBRE LA EVASION FISCAL, La evasión tributaria ha venido siendo castigada con severidad en algunos países, llevando a sus trasgresores muchas veces a prisión. Algunos hechos históricos llaman la atención porque permitieron inculpar a quienes cometiendo actos graves contra la moral y los buenos principios, no se les llevó a la cárcel por sus crímenes sino por el incumplimiento en su deber de tributar, lo que indica, lo importante que es para las economías y para el Estado mismo, ejercer tal capacidad coercitiva disciplinando a quien evade para que no lo siga haciendo.

La figura del evasor fiscal es tan vieja como los propios impuestos. Quizás por ello, el economista John Kenneth Galbraith, fallecido en 2006, aseguraba que los defraudadores fiscales existirían siempre. El escándalo de Liechtenstein, donde el gobierno alemán descubrió cuentas secretas de ciudadanos germanos en el Principado para, presuntamente, evadir impuestos volvió abrir el debate sobre la eficacia de las medidas antifraude a nivel comunitario.

Sucesos como el de Al Capone, Gángster, estadounidense de origen italiano, quien en la década delos veinte condujo una organización dedicada al tráfico de bebidas alcohólicas, a la prostitución y al juego ilegal con asiento en Chicago, siendo acusado de evasión de impuestos en 1931, como única manera para enviarlo a prisión.

También está el caso de Sun Myung Moon fundador de la iglesia de la unificación, en Corea del Sur en el año 1954, su filosofía consistía en establecer un reino en la tierra por mediación suya y de su mujer, para salvar al mundo del comunismo satánico. Según dicho movimiento, el precursor de este reino fue Jesús, cuya crucifixión le impidió alcanzar su objetivo al no llegar al matrimonio y la procreación.

Los ingresos de Moon crecieron tanto en Japón como en Corea atrayendo miles de adeptos. A comienzos de los años setenta su iglesia se trasladó a los Estados Unidos, extendiendo su influencia en todo el mundo. Además fue llevado a prisión por evasión de impuestos en el año del 1984.

Por su parte, la Iglesia Católica se ha expresado en referencia a la evasión tributaria indicando que: “En el Nuevo Catecismo dado a conocer en la Constitución Apostólica Fidei Depositum por el Sumo Pontífice Juan Pablo II, en octubre de 1992, en la parte que se refiere al mandamiento que prohíbe el robo, manifestando que toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, es contraria al séptimo mandamiento y menciona como uno de los ejemplos al fraude fiscal.”[2]

La resistencia fiscal es típicamente motivada por el desacuerdo con las políticas del gobierno o institución que se dedica a recoger los impuestos. Esto puede incluir, oponerse totalmente a la institución tributaria, y no sólo a políticas específicas, por ejemplo la oposición de Gandhi al imperio británico.

Los anarquistas que se resistían a los impuestos se oponían a cualquier persona o institución que exigía tributo, obligatorio bajo amenaza de castigo. Mientras que los anarquistas cristianos de la escuela pacifista tenían reticencia a los impuestos sobre todo los que financiaban la violencia gubernamental. Algunas personas sugieren que el derecho a negar el pago de impuestos es en el espíritu de la democracia, dar a la gente un derecho de veto y obligar los gastos del gobierno a hacerse con el consentimiento de los gobernados.

Grupos como la Campaña Nacional de Peace Tax Fund de Estados Unidos, Peace Tax Seven delReino Unido, y Netzwerk-Friedenssteuer de Alemania, han trabajado para legalizar una forma de objeción de conciencia fiscal militar que permitiría a los objetores de conciencia designar en qué van a ser gastados los tributos y determinar que los mismos solo deben erogarse en aquello que no sea gasto militar. Ven esto como una forma legalizada de redirección de impuesto de guerra.


[1] Locke, John.” Aproximación al origen de la evasión y elusión de los tributos”. Pág. 66.

[2] Juan Pablo II, L´ Osservatore romano,  Pag.12

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