EVALUACIÓN DIAGNÓSTICA

Evaluación.

Cuando el aprendizaje es considerado como una serie de información que el alumno recibe y que es capaz de reproducir, la evaluación se convierte en un ejercicio en el que el error no tiene cabida, no sucede lo mismo cuando el aprendizaje es considerado como un continuo, en donde el niño va transformando su pensamiento al interactuar con el objeto de conocimiento, en este proceso, la evaluación es una retroalimentación que debe permitir ser objetiva con respecto al progreso individual.

La evaluación afecta todo lo que se realiza en el aula; sintetiza lo que la escuela entiende por saber, en su sentido más pleno, establece el objeto, modo y finalidad de la enseñanza y del aprendizaje, hace explícita la importancia de cada uno de los elementos del proceso educativo.

Mediante el ejercicio y el resultado de la evaluación, el maestro puede conocer el aprendizaje de sus alumnos, sus condiciones y necesidades, su capacidad de respuesta a las exigencias y su preparación para ingresar a un nuevo nivel educativo, es importante aclarar que este proceso valorativo no puede limitarse únicamente al niño, sino que habrá de considerar todos los elementos que intervienen en el proceso como son: contenidos, el trabajo del maestro, los recursos didácticos que se utilizan, la organización académica para realizar actividades, desarrollo de la propuesta curricular e incluso la evaluación misma, elementos todos cuya meta única debe ser el desarrollo óptimo de las facultades del educando y si se analiza de forma oportuna, debe orientar las decisiones del maestro y del sistema escolar.

Su finalidad es hacer las correcciones oportunas del proceso educativo.

La evaluación “debe enriquecer el desarrollo del currículum mediante la reflexión y la acción docente, adaptándolo de manera inteligente, razonada, pertinente y viable” (Stenhouse, 1993).

Por otro lado, “la evaluación debe ser ideográfica, es decir, debe centrarse en cada alumno de forma individual, destacando su singularidad, considerando sus capacidades y posibilidades de desarrollo en función de sus circunstancias particulares y tomando en cuenta su esfuerzo, la voluntad que pone para aprender y en formarse” (Casanova, 1995).

Por ello, se debe siempre tener en cuenta que descubrir las principales necesidades de aprendizaje de los alumnos y responder a ellas dependen del conocimiento previo que se tenga de ellos, saber en qué situaciones se encuentran a gusto y rinden más, con qué tareas se fatigan, qué tipo de ayuda necesitan, cuál es el momento del día más adecuado para introducir nuevos estímulos o conceptos nuevos, qué actividades les agradan más, con cuáles obtienen mayores avances, cuáles entorpecen su aprendizaje, cuáles los motivan, con qué compañeros o grupos se relacionan mejor.

Al conocer las necesidades de los alumnos, los maestros están en mejores condiciones para llevar a cabo las adecuaciones curriculares indispensables para responder a los requerimientos individuales de los niños, para ello es indispensable contar con la información suficiente, que no sólo se refiera al alumno, sino a cada uno de los elementos que intervienen en el proceso escolar.

“El currículo proporciona informaciones concretas de qué, cómo y cuándo enseñar y qué, cómo y cuándo evaluar” (Coll, 1986).

Entonces la evaluación es una actividad de retroalimentación que debe aportar información suficiente, para que, a partir de ella, se diseñe lo que se quiere lograr con los alumnos.

La jornada de trabajo de cualquier aula educativa se encuentra llena de situaciones que exigen a los docentes tomar decisiones constantemente sobre aspectos muy diversos: planear la clase, juzgar el éxito o fracaso de la enseñanza, atender las necesidades de los alumnos, del método a utilizar para desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje.

Las decisiones del maestro y los datos en los que se basan constituyen el fundamento de las actividades escolares, puesto que le ayudan a establecer, organizar y vigilar ciertas características del aula, entre ellas las relaciones interpersonales, el ajuste social, el contenido de la enseñanza, el ritmo de la clase y aprendizaje de los alumnos, obtener evidencia y tomar decisiones son aspectos indispensables y constantes de la vida en el aula, por ello estas decisiones deben tomarse basándose en datos confiables.

El proceso para obtener, evaluar y utilizar la información para llevar a cabo buenas decisiones contempla un elemento indispensable que es la valoración.

La evaluación ayuda a lograr muchas facetas a partir de su interpretación y resultados, es necesaria para desarrollar las situaciones cotidianas del aula, una de ellas es, por ejemplo, crear y conservar el equilibrio social en el salón de clases, que propicie el aprendizaje.

Planear y conducir la enseñanza tienen su génesis en una evaluación del desarrollo y conocimiento de los alumnos, así como de las características de los espacios en el que se desarrolla el proceso, sin olvidar las adecuaciones que deban realizarse a planes y programas para poder ser abordados por los alumnos de las diferentes aulas que de ninguna forma son homogéneos.

Hasta la ubicación de los alumnos en los diversos espacios del aula, debe ser sujeta a un análisis, dar retroalimentación e incentivos a los alumnos por sus logros, diagnosticar alumnos con alguna necesidad educativa, juicio y calificación del aprendizaje y avance académico son algunos de los muchos procesos que requieren su uso para poder tomar decisiones. Por lo anterior, tenemos que contemplar los elementos necesarios de todos los aspectos en los que se desarrollan los niños y es por ello que se deben tomar en cuenta todos los aspectos del desarrollo humano, considerando el análisis socio- cultural, epistemológico, pedagógico y psicológico, para influir adecuadamente en la definición de las partes del currículum que son apropiadas o no para los alumnos que conforman nuestro grupo.

Pero, ¿qué es la evaluación?, en educación puede considerarse el proceso de obtener, sintetizar e interpretar información para facilitar la toma de decisiones y aunque existen diversos tipos de evaluación, en esta investigación sólo se abordará la diagnóstica que es la que interesa para este trabajo, no sin antes hablar de las principales características de cualquier evaluación:

“La validez indica si la información que se piensa obtener es relevante para la decisión que debe tomarse” (Airasian, 2002).

“La confiabilidad se refiere a la estabilidad o uniformidad de la información obtenida” (Airasian, 2002).

Los primeros días de clases son un período muy importante para alumnos y maestros, es cuando se establece el ambiente y las bases para el ciclo escolar, se conforma la clase. Ningún grupo, por parecido que sea, presenta las mismas habilidades, intereses, personalidades y necesidades, por lo que no se parece a ninguno otro, por ello hay que entender que el ambiente dentro del aula es complejo, es un núcleo social en el que las personas se comunican entre sí, persiguen metas comunes y siguen reglas de orden, al mismo tiempo es un ambiente de enseñanza, en donde se espera que exista aprendizaje y en donde uno de los elementos se responsabiliza de los otros.

“Esto nos brinda una perspectiva del aula en la que al mismo tiempo es un entorno social, académico y moral, difiriendo en aspectos como son: las características diferentes de los alumnos, la formación académica, el nivel socioeconómico, sus personalidades, estilos de aprendizaje, idioma, cultura, necesidades especiales e intereses” (Ladson-Billings, 1994).

Debido a lo anterior, no existen grupos iguales ya que cada conjunto de individuos se mueve dentro de un contexto distinto que lo hace único, por lo tanto la planeación y la enseñanza del mismo dependerá de las características heterogéneas de los alumnos que lo conforman.

¿Para que servirá evaluarlos?, para saber lo qué les interesará, el tiempo que pueden mantener su atención, los conocimientos de los cursos anteriores o aprendizajes que traen de casa, en su caso si presentan necesidades de aprendizaje específicas o especiales, las estrategias que funcionarán o no con ellos, para conocer estos puntos es para lo que en otros niveles se realiza la evaluación diagnóstica, que en preescolar no se lleva a cabo.

La evaluación es un elemento muy valioso para el desarrollo de un proceso de enseñanza aprendizaje que pretenda obtener aprendizajes realmente significativos en los alumnos, ésta mide tanto los conocimientos con los que cuentan, así como las posibilidades de aprendizaje de los mismos, saber esto permite valorar los contenidos, materiales, espacios, etc. Con los que se cuentan y las estrategias más pertinentes para lograr lo que se tiene como propuesta de alcance educativo en los alumnos, así como la enseñanza que se procurará brindarles.

Otro punto importante es conocer las posibilidades con las que cuentan los niños tomando como punto de partida las diversas teorías, mismas que nos proporcionan indicadores para saber cómo se adquiere el conocimiento en los niños y con base en ello poder diseñar estrategias que resuelvan las posibles dificultades en el proceso de enseñanza.

Es siempre muy importante cubrir todos los aspectos del conocimiento con respecto a una intención en la educación, saber con precisión que se espera lograr pedagógicamente con los educandos, es primordial para encaminar hacia ello todos los esfuerzos posibles, por esta razón una herramienta como la evaluación inicial, se considera un elemento clave para iniciar e implementar las diversas estrategias, procesos e instrumentos con la intención de diseñar acciones acordes con las competencias que se pretenden fomentar en este nivel educativo.

Como se ha mencionado anteriormente, la evaluación diagnóstica nos ayuda a conocer las necesidades de los alumnos, a través de ellas los maestros están en mejores condiciones para llevar a cabo las adecuaciones curriculares indispensables para responder a los requerimientos individuales de los niños.

Contar con la información suficiente, que no sólo se refiera al alumno, sino a cada uno de los elementos que intervienen en el proceso escolar, permite tomar decisiones correctas que constantemente afectan aspectos muy diversos; planear la clase, juzgar el éxito o fracaso de la enseñanza, atender las necesidades de los alumnos, el método a utilizar para desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje.

Es definitivo el conocimiento de los preescolares con sus habilidades, destrezas, pero influye de manera determinante en el aprendizaje el tipo de enseñanza que brinda el docente, las características de la familia en la que se desenvuelve el niño, la organización de la escuela para el desempeño del trabajo, así como los saberes previos y las creencias culturales de medio en el que se encuentra enclavada la escuela.

Realizar un estudio del niño sin conocer cuáles son las teorías del desarrollo que impulsan y dan fundamento a la educación, a los planes y programas, puede ocasionar que se interpreten de diferente manera los alcances que pretende lograr la educación en el individuo y las propuestas de enseñanza que se requieren para alcanzar los propósitos fundamentales del nivel educativo.

Planes y programas dan la pauta de los contenidos que se consideran importantes para desarrollar durante el ciclo escolar, son indispensables para tener ideas claras de los asuntos que comprometen el proceso enseñanza aprendizaje en el nivel preescolar.

Cómo diseñar y qué características debe contener una evaluación diagnóstica sirve como guía para resolver congruentemente la creación de un documento de evaluación que sea confiable y válido para medir los alcances de los preescolares de nuevo ingreso en cuanto a los contenidos del nuevo programa de educación del nivel.

Que la educadora cuente con los elementos suficientes para determinar con bases sólidas cuáles son las competencias que por los saberes previos con que cuenten sus alumnos sirvan de empuje para el logro de aprendizajes significativos, congruentes e importantes para que sus alumnos logren aprender a aprender, aprender a pensar, aprender a estudiar, aprender a enseñar, aprender a recuperar el conocimiento y aprender a aplicar lo aprendido, que dan como resultado el dominio de las necesidades básicas de aprendizaje, enumeradas en la Conferencia Mundial “Educación para todos” de Jomtien, Tailandia, 1990.

Siempre que se intente aplicar una evaluación diagnóstica deben cuidarse los puntos que se mencionan a continuación.

Debido a que tiene consecuencias importantes para los alumnos, el docente tiene la responsabilidad ética de procurar que sea lo más válida y confiable posible.

A menudo, el maestro comunica a sus alumnos los resultados de la evaluación diagnóstica en forma no intencionada, lo que provoca que los alumnos cumplan esas expectativas.

Los prejuicios de los observadores pueden originarse en los conocimientos previos, en primeras impresiones o en los estereotipos personales, por lo que es necesario cuidar de no dejarse llevar por ellas para evitar interferir con una evaluación imparcial y válida.

El maestro ha de procurar, al desarrollar el proceso evaluativo, no interpretar como déficit cultural, las diferencias culturales, que no son lo mismo.

Procurar evitar clasificar a los alumnos basándose en observaciones mínimas y que por lo tanto no justifican la clasificación.
El resultado de una evaluación no es suficiente para formarse una percepción permanente de los alumnos, pues una o dos observaciones pueden deberse a una representación atípica de la conducta.

Tratar las primeras impresiones como hipótesis, y confirmarlas o corregirlas con información subsecuente, puede propiciar interpretaciones erróneas, para esto se requiere objetividad que sólo puede lograrse si se procura utilizar información, que requiera un mínimo de interpretación.

Las observaciones informales se refieren a conductas espontáneas que tal vez no se repitan, por lo que el maestro ha de complementarlas con actividades más estructuradas.

Durante todo el curso escolar se logra el conocimiento de los alumnos, siempre existen oportunidades para convivir con ellos y observar sus reacciones en distintos contextos, sin embargo es muy importante e indispensable realizar al principio de curso una serie de actividades que permitirán saber con mayor precisión lo que conocen y pueden realizar con cada planteamiento que se menciona en los campos formativos y por medio de ese conocimiento implementar las acciones para llevarlos a los aprendizajes necesarios por medio de estrategias secuenciadas que les permitan la apropiación de los conocimientos básicos requeridos para desarrollarse armónicamente en el contexto social (PEP´04).

Como bien menciona Sacristán (1996), el binomio enseñanza-aprendizaje se desarrolla a partir de la evaluación inicial, primero y las continuas y permanentes después; éstas dan vida a el diseño curricular (que no es otra cosa que la planificación docente de sus acciones en beneficio del aprendizaje de los alumnos, determinando las mejores propuestas de enseñanza), al implementarse en el aula provocan el desarrollo curricular, el cual consiste en llevar a la práctica lo propuesto en la planeación; sin la herramienta evaluadora, lo anterior pierde su significado, pues al desconocer a los individuos a los que se dirige el proceso se diseña sin considerar intereses, estilos de aprendizaje, motivación para aprender, conocimientos previos del contenido, habilidad o destreza y pierde entonces su valor educativo el proceso de planificación y por ende la puesta en marcha de la misma.

Tratar las primeras impresiones como hipótesis, y confirmarlas o corregirlas con información subsecuente, puede propiciar interpretaciones erróneas, para esto se requiere objetividad que sólo puede lograrse si se procura utilizar información, que requiera un mínimo de interpretación.

Las observaciones informales se refieren a conductas espontáneas que tal vez no se repitan, por lo que el maestro ha de complementarlas con actividades más estructuradas.

Durante todo el curso escolar se logra el conocimiento de los alumnos a nuestro cargo, siempre existen oportunidades para convivir con ellos y observar sus reacciones en distintos contextos, sin embargo es muy importante e indispensable realizar al principio de curso una serie de actividades que nos permitirán saber con mayor precisión lo que conocen y pueden realizar con cada planteamiento que se menciona en los campos formativos y por medio de ese conocimiento implementar las acciones para llevarlos a los aprendizajes necesarios por medio de estrategias secuenciadas que les permitan la apropiación de los conocimientos básicos requeridos para desarrollarse armónicamente en el contexto social (PEP´04).

Las anteriores aseveraciones tienen su génesis en puntos medulares de la teoría de Lev Vigotsky y de los cuáles puede rescatarse principalmente al hablar de evaluación en donde se interpreta que “al utilizar la Zona de Desarrollo Actual como base para el alcance de la Zona de Desarrollo Próximo en el proceso de evaluar, no solamente obtenemos una noción más exacta de las habilidades del niño sino que disponemos de una forma más flexible para evaluarlos” (Bodrova, 2004).

La evaluación inicial es aquella que como su nombre indica se aplica al comienzo; desde el punto de vista formativo su función es conocer las características de los alumnos, sus aprendizajes, capacidades, necesidades, así como los recursos didácticos que pudiesen ser necesarios para el trabajo docente.

Evaluar significa resaltar procesos post-activos de la enseñanza, lo que ocurre cuando se reflexiona sobre lo que ya ha pasado en un tiempo y en unas actividades de enseñanza. Esta fase post-activa sigue a la realización de la enseñanza (procesos interactivos) que, a su vez, han sido objeto de planificación previa (procesos preactivos); es además un recurso para mejorar procesos pedagógicos. “En estos planteamientos la evaluación tiene el significado y valor de servir a la toma de conciencia sobre la práctica” (Sacristán, 1996).

Los fines o propósitos de la evaluación diagnóstica o inicial son:

• Establecer el nivel real del alumno antes de iniciar una etapa del proceso enseñanza-aprendizaje dependiendo de su historia académica.
• Detectar carencias, lagunas o errores que puedan dificultar el logro de los objetivos planteados.
• Detectar objetivos que ya han sido dominados, a fin de evitar su repetición.
• Diseñar las actividades remediales.
• Dar elementos para plantear objetivamente ajustes o modificaciones en el programa.
• Establecer metas razonables a fin de emitir juicios de valor sobre los logros escolares; y con todo ello poder adecuar el tratamiento pedagógico a las características y peculiaridades de los alumnos, (Casanova, 1995).

En el plano de las actividades pedagógicas, de manera más concreta, en el desarrollo de cada uno de los temas de nuestra programación, la evaluación inicial nos permite detectar las ideas previas, las actitudes o el dominio de algunos procedimientos relacionados con el tema a tratar. “Este tipo de información permitirá que el maestro ajuste las actividades programadas a los conocimientos del grupo, facilitando con esto una programación idónea y ajustada a las características del alumnado, por lo que la evaluación inicial es punto de partida indispensable para la planificación y organización de la enseñanza” (Casanova, 1995).

Este diagnóstico permite saber que es lo que los niños saben hacer, cuáles son sus condiciones de salud física, los rasgos que caracterizan su ambiente familiar. Es conveniente que en la guía de observación de los puntos que se deben contemplar, se tomen de las competencias a desarrollar en el nivel tratando de explorar el nivel de dominio que puedan tener los niños con respecto al mismo.

Las competencias nacen de los propósitos fundamentales, es importante considerar que de acuerdo con el tipo de actividad y experiencias en las que los niños tengan oportunidad de participar activamente, pondrán en juego no sólo una competencia, sino varias.

Las competencias de los niños se manifiestan en sus acciones y comportamientos, en situaciones diversas y numerosas.

El diagnóstico permite obtener información inicial sobre lo que saben y pueden hacer los niños, por ello es importante tomar en cuenta que a los niños se les conoce a lo largo del ciclo escolar.

Las actividades de diagnóstico son situaciones didácticas diseñadas para observar las competencias que han desarrollado los niños, y son también actividades de aprendizaje. Se seleccionan y preparan con el fin de observar y registrar rasgos de las acciones de los niños y, paralelamente, iniciar el establecimiento de un buen ambiente de trabajo.

Las actividades de diagnóstico no pueden estar basadas en la aplicación de instrumentos u hojas de respuesta que los niños simplemente contestan, ni reactivos que los niños deban responder gráficamente, tampoco son actividades para seguir instrucciones de la educadora, a fin de ver si lo hacen bien o mal, ni actividades cuya finalidad sea saber si están maduros o no y en qué.

La valoración de las capacidades de los niños se basa fundamentalmente en la observación y el registro de lo que hacen durante el desarrollo de las actividades.

El registro inicial que se realice acerca de lo que hacen los niños debe considerarse un conjunto de ideas o hipótesis que se elaboran en un primer momento y que deberán ser corroboradas y es en esta corroboración en donde se encuentra la necesidad de un instrumento que permita constatar más a fondo los conocimientos con los que cuentan los niños al ingresar a preescolar; es importante tanto para planificar el trabajo docente como para realizar la evaluación sistemática sobre el avance de los niños, conjuntamente con las observaciones, cuestionamientos hechos tanto a padres de familia como a los niños, los productos de trabajo que el niño desarrolle en la escuela, etc.

Observar y registrar todo lo que hacen los niños no es posible, mucho menos en una sola ocasión, por esa razón cobra relevante importancia aplicar una valoración inicial concreta y formal que permita observar de manera práctica y registrar los avances que en este aspecto presenten los niños. Por ello es importante que se haya incluido solo la información que se considera relevante, en la prueba diseñada. Hay observaciones que pueden ofrecer información sobre una primera impresión general del grupo, mientras que otras pueden implicar acercamiento a ciertos niños de quienes interesa obtener mayor información o de quienes aún no se ha obtenido un registro.

El registro de lo que se observa debe describir, de manera breve, el comportamiento de los niños, no interpretarlo, identificando la fecha y la situación en que se desenvuelven estos comportamientos (Zabalza, 1996). Mientras que la valoración que se realice servirá como un elemento más para corroborar los aspectos observados en el niño preescolar y definir con mayores elementos el nivel de logro de las competencias con las que cuenta al ingresar al jardín de niños.