LA EVALUACIÓN

El tema de la evaluación es bastante complejo, más aún si se contemplan la diversidad. En su realización influyen aspectos relativos a concepciones y prácticas de muchos años, demandas específicas de los padres de familia o exigencias administrativas, entre otros. Todo ello puede afectar de manera positiva o negativa para que la evaluación sea una herramienta que beneficie los procesos de enseñanza y aprendizaje.

La evaluación de los procesos de enseñanza y aprendizaje es un medio indispensable para indagar de manera cabal los factores que inciden en el desarrollo de los aprendizajes de todos los alumnos, considerando la diversidad de sus características. En este sentido (Casanova, 2000), nos dice que el proceso mismo de evaluación nos permite ahondar en la comprensión de aquellos aspectos que posiblemente estén relacionados con las dificultades para aprender de algunos de nuestros alumnos.

A través del tiempo, la evaluación ha sido interpretada como sinónimo de “medida”. Afortunadamente, en la actualidad, gracias al avance de la psicología evolutiva y de la psicología del aprendizaje, esta concepción ha ido cambiando hacia una clara intencionalidad de aprovechar al máximo la evaluación para optimizar los procesos educativos. En este sentido, la evaluación es concebida como parte integrante de la dinámica de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, y sirve como base orientadora del quehacer docente a lo largo de su actuación.

A pesar de estas nuevas formas de concebir la evaluación, en el esquema educativo regular predomina la calificación numérica y el uso de exámenes como los criterios de mayor peso para evaluar los aprendizajes del alumnado y para decidir su promoción aunque este principio ha empezado a cambiar. Por otro lado, PRONAP (2001) menciona que, no es criticable la utilización de exámenes, lo cuestionable es que se constituya en la “única” forma de evaluar. La utilización del examen como “el único criterio evaluador” es una práctica social, ya que también se utiliza en los ámbitos laboral y profesional. En el terreno educativo esto plantea una problemática: el avance en las concepciones de la evaluación no se refleja en las prácticas de los educadores.

Por tanto, el problema no radica sólo en adoptar un nuevo concepto de evaluación y estar de acuerdo con el mismo, sino que implica cambiar las prácticas que se llevan a cabo en las aulas e intervenir, en muchos casos, en supuestos asociados con la enseñanza, con el aprendizaje y con la evaluación.

Si entendemos la evaluación genéricamente como “… una actividad consustancial a cualquier tipo de acción encaminada a provocar modificaciones en un objeto, situación o persona” (Mirás y Solé 1990, p.419), entonces la evaluación educativa debe ser considerada como un elemento más de los procesos de enseñanza y aprendizaje que está al servicio de los mismos.

Por lo tanto, en este momento se busca conceptualizar la evaluación como una actividad que permita intervenir y perfeccionar el desenvolvimiento del proceso educativo, tal como se plantea en la definición de Casanova (1995, p. 54):

“La evaluación aplicada a la enseñanza y el aprendizaje consiste en un proceso sistemático y riguroso de recogida de datos, incorporado al proceso educativo desde su comienzo, de manera que sea posible disponer de información continua y significativa para conocer la situación, formar juicios de valor con respecto a ella y tomar las decisiones adecuadas para proseguir la actividad educativa mejorándola progresivamente”.

En esta definición se plantea que, al llevar a cabo un proceso sistemático y riguroso de recogida de datos desde el comienzo del proceso educativo, es posible detectar el error o aquellas dificultades de aprendizaje en el momento en que se producen. De esta manera, es posible la aclaración de determinadas cuestiones no comprendidas adecuadamente, de modo que el alumno pueda continuar avanzando en su formación sin demora por conceptos mal adquiridos, procedimientos no utilizados o actitudes negativas del grupo o frente al trabajo.

El error o las dificultades que se manifiestan durante el proceso no deben tener efectos sancionadores, ni de éstos se debe derivar una calificación negativa. Antes bien, deben considerarse como una llamada de atención para superar una disfunción del aprendizaje y no como un elemento para emitir un juicio de valor negativo. Al destacar que la evaluación permite al docente detectar las dificultades y reorientar el proceso, se está poniendo el acento en su carácter formativo y en la posibilidad de realizar los ajustes pedagógicos; es decir, planear las adecuaciones curriculares de acuerdo a las características diversas del alumnado. El propósito más importante de la evaluación no es demostrar, sino perfeccionar (Stufflebeam y Shinkfield, 1989, p. 175).

Objeto de la evaluación

Como hemos mencionado, tradicionalmente la evaluación se ha centrado en medir las competencias del alumnado, es decir, su rendimiento, con fines casi únicos de acreditación y promoción. Esta visión limitada de la evaluación ha venido cambiando con el paso del tiempo. En la actualidad se enfatiza que la evaluación debe conservar su carácter pedagógico, cuyo objetivo central sea que el docente pueda retroalimentar su propia práctica. Es decir, la evaluación debe estar orientada a la comprensión de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y de los factores implicados en ellos, a fin de poder tener una influencia sobre los mismos.

De esta manera, decimos que la evaluación se interesa por los resultados del aprendizaje, pero también por los factores que influyen en el curso de las situaciones educativas. Este enfoque reclama un análisis de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y hace referencia a una evaluación amplia de carácter holístico y comprensivo. Solamente a partir de este análisis el educador puede obtener un mayor conocimiento del proceso de la interacción educativa, y entonces tomar decisiones congruentes para influir positivamente en el curso de su proceso.

Finalidad de la evaluación

Un aspecto importante a tener en cuenta es la claridad en los propósitos que han de evaluarse. Desde la perspectiva de la integración es importante identificarnos con un tipo de evaluación formativa, como la más congruente para una práctica docente que pretenda ajustarse a las necesidades educativas que presenta el alumnado durante los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Casanova (1995) destaca las características de este tipo de evaluación y su relación con las diferentes modalidades. De esta manera, presentamos diferentes tipos de evaluación y sus características, en el entendido de que puede ser de gran utilidad reflexionar sobre sus implicaciones en la práctica evaluativa en general y, sobre todo, en el marco de la educación inclusiva. De manera general, la evaluación puede ser definida a partir de las finalidades que se persiguen, del momento o temporalidad en que se realiza, de quiénes la realizan o del punto de referencia a partir del cual se lleva a cabo. A continuación señalamos algunas características de estos tipos de evaluación que tienen que ver con la función o finalidad principal, ya que la evaluación puede recibir diferentes nombres (regulativa, prospectiva, formativa, iluminativa, sumativa, etc.). Sin embargo, según la autora citada, las finalidades sumativa y formativa son las más importantes, pues están presentes en cualquier modalidad de evaluación, de ahí la necesidad de tener claro su sentido, sobre todo para la evaluación de los aprendizajes de alumnos con necesidades educativas especiales, asociadas o no a una discapacidad.

 Finalidad sumativa de la evaluación 

La finalidad sumativa de la evaluación consiste en determinar el valor de un producto final, o de procesos considerados ya terminados; no pretende mejoras de forma inmediata, sino valorar de manera definitiva.

La importancia de la evaluación sumativa es indiscutible para cualquier programa educativo. Sin embargo, lo que sí parece cuestionable es que se le considere como la única fuente de la evaluación educativa y como el único tipo de información para tomar decisiones acerca del proceso educativo. Este problema puede ser planteado en términos de que no solamente importa saber “qué se aprende”, sino también “cómo se aprende”, lo cual implica tener una visión más amplia acerca de la evaluación, esto es, considerar la dimensión formativa, los procesos de enseñar y de aprender.

Dado que la evaluación sumativa está orientada a la realización de un juicio sobre un hecho concluido, no es adecuada para evaluar el desarrollo de un proceso educativo. De esta manera, cuando se plantea el examen como el único medio para valorar los aprendizajes, se está aplicando una concepción de evaluación sumativa con la intención de valorar un proceso. En este sentido, la noción de proceso que se está utilizando es equivocada, pues un proceso no es la suma de parcelas de aprendizajes sin relación entre sí. Un proceso tiene el sentido de concebir los aprendizajes de manera dinámica, de avances y retrocesos, en continua reorganización y reestructuración, por lo cual, es necesario considerar la evaluación formativa como un complemento indispensable para la evaluación sumativa.

 Finalidad formativa de la evaluación 

La evaluación formativa está orientada a valorar procesos, lo cual supone la recolección de información útil o significativa a lo largo de los mismos, de tal manera que, al tener un conocimiento de la situación, es posible tomar las medidas necesarias para continuar el desarrollo del trabajo pedagógico y asegurar que se alcanzarán las finalidades y los objetivos planteados. Por esta razón, el objetivo de la evaluación formativa es el de mejorar o perfeccionar el proceso que se evalúa.

La realización de una evaluación de carácter formativo supone una valoración a lo largo del proceso, en forma simultánea a las actividades que se realizan.

Al saber en qué momento aparecen dificultades o al detectar qué situaciones favorecen los aprendizajes, se está en mejores condiciones de tener actuaciones más ajustadas a lo que el alumnado requiere para lograr los objetivos educativos. Esto es particularmente importante en referencia a los alumnos con necesidades educativas especiales.

Como puede observarse, la evaluación formativa implica una toma de decisiones continua acerca del curso que ha de seguir los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esta toma de decisiones supone una regulación entre el enseñar y el aprender. Dicho de otra manera, la acción educativa, entendida en su manera tradicional como la adaptación del alumno al sistema educativo, se ve completada y enriquecida desde la perspectiva formativa, pues en ésta se plantea un ajuste de la acción educativa a las características del alumnado. Esta concepción se corresponde con la orientación integradora en su sentido de ajuste del medio educativo a las características del alumnado. En la medida en que el maestro considere a la evaluación sólo como una comprobación de los aprendizajes logrados y que sea experimentada por el alumno como un obstáculo a superar, pierde su sentido formativo impidiendo mejorar las actuaciones del maestro en la enseñanza y promover los aprendizajes de los alumnos.

Si bien hemos distinguido la evaluación sumativa de la evaluación formativa, ambas constituyen dos caras de la misma moneda. En efecto, el desarrollo de una estrategia de evaluación formativa tendrá efectos positivos en la mejora de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, lo mismo que en su resultado final: los logros en los aprendizajes. En este sentido, los procesos de aprendizaje (cómo se aprende) y los rendimientos (qué se aprende) están estrechamente vinculados.

Aspectos a evaluar

¿Qué es necesario y posible evaluar durante los procesos de aprendizaje? Desde una perspectiva holística tendrían que considerarse todos los elementos implicados en dicho proceso como punto de partida podríamos centrar la evaluación del alumno, en los siguientes aspectos.

Existen diferentes factores relacionados con el alumnado que influyen en sus aprendizajes. Los elementos posibles de evaluar al respecto son, entre otros: el rendimiento, las estrategias de aprendizaje, el nivel de ayuda que requiere y su motivación para la realización del trabajo escolar.

 Los aprendizajes 

Al evaluar el rendimiento se hace referencia a aquellos conocimientos escolares que el alumno “ya sabe”. Este aspecto es el que regularmente se evalúa mediante exámenes, ejercicios o como ya lo mencionamos en el apartado de rendimiento puede analizarse desde factores extraescolares o procesos desde el punto de vista de los factores personales, etc. Puede proporcionar al maestro información acerca del conocimiento alcanzado por los alumnos y compararlos entre sí, e incluso pueden aportar algún referente acerca de la existencia de necesidades educativas especiales.

 Estrategias de aprendizaje

Con ellas se hace referencia a los procesos que pone en marcha el sujeto a fin de obtener un conocimiento, por ejemplo: el manejo de la información, de las dudas, de los materiales, la planificación, el análisis, la rapidez en la realización de la tarea. Sobre todo en relación con las concepciones de los alumnos acerca de los temas que se van desarrollando.

 Niveles de ayuda que requieren los alumnos para acceder a los aprendizajes

Esta evaluación se refiere a conocer aquello que los alumnos pueden hacer por sí mismos y lo que solamente pueden realizar con ayuda de otra persona más competente, ya sea otro alumno o un adulto.

La importancia de evaluar este aspecto radica en que al conocer el nivel de ayuda que requieren los estudiantes, o algunos de ellos, el docente estará en mejores posibilidades de apoyar sus procesos de aprendizaje. Algunas de las ayudas que pudieran detectarse ante la realización de una tarea dada son:

Más tiempo.
Una instrucción más individual.
Instrucciones específicas.
Directrices muy concretas.
Ejemplos que sirvan de guía y orientación al alumno.
Apoyo especializado ( apoyo psicopedagógico y adecuaciones curriculares).

 Motivación para aprender

El interés que el alumnado muestra por aprender, sus preferencias y su sensibilidad ante los esfuerzos del educador, son aspectos que inciden en el proceso de aprendizaje. Es cierto que existe una gran dificultad para evaluar este aspecto, dada la infinidad de puntos posibles a considerar. Sin embargo, algunos tópicos que podrían ser de utilidad son: los intereses de los alumnos, lo que piensan acerca de la escuela y de sus maestros, la interacción que se da entre compañeros, la seguridad con la que enfrentan las diferentes actividades, sus respuestas a los refuerzos, entre otros.

Metodología de la evaluación del aprendizaje de los alumnos

En la evaluación con un enfoque formativo se visualiza la educación como una acción que tiene continuidad y que es dinámica, que su transcurrir debe necesariamente nutrirse de información relevante para continuar su curso, haciendo los ajustes necesarios. La evaluación de los procesos de aprendizaje con un sentido formativo está fundamentada en México, en el enfoque educativo plasmado en los planes y programas de Primaria (SEP, 1993), así como en el “Acuerdo número 200” (SEP, 1994), en el que se establecen los criterios y las normas de evaluación para Los niveles de Primaria, Secundaria y Normales.

Recuperando los criterios que se especifican en el Acuerdo 200 recordemos que “… una evaluación permanente y sistemática posibilita la adecuación de los procedimientos educativos, aporta más y mejores elementos para decidir la promoción de los educandos…” (SEP, 1994, p. 38). Lo anterior implica que la promoción o no del alumnado debería considerar la consecución del proceso y no sólo fundamentarse en las evaluaciones finales. Es decir, la actividad y experiencia educativa tienen lugar durante el proceso mismo, y es ahí donde puede el educador intervenir para solucionar las dificultades que se presenten, porque una vez terminado un proceso, muy poco puede resolverse.

Proceso de evaluación

La evaluación centrada en los procesos de enseñanza y aprendizaje, y por tanto, en las intervenciones que el docente puede realizar en el proceso mismo para solucionar las dificultades que se vayan presentando, nos ofrece una vía adecuada para la evaluación de los alumnos en general, así como de los alumnos o alumnas con necesidades educativas especiales.

La evaluación de los procesos de enseñanza y de aprendizaje supone un carácter interactivo. Esto es, al tomarse en cuenta tanto las actuaciones del alumnado como del maestro, se pone el acento en las características, progresos o dificultades del alumnado, así como en las posibilidades y/o en los obstáculos que presenta el contexto en el cual se desarrolla el proceso de aprendizaje. Este carácter interactivo de la evaluación se relaciona claramente con las características y necesidades de los alumnos, en relación con las respuestas que el medio escolar tiene ante ellas.

Por otra parte, este enfoque plantea la reflexión y el registro sistemático de la manera en que abordamos la enseñanza, la claridad que tenemos de los objetivos, el manejo de los contenidos, la metodología de trabajo puesta en marcha, etc., a fin de esclarecer la influencia de estos factores en los aprendizajes de los alumnos. Evidentemente, tendremos también que hacer mención de las adecuaciones curriculares propuestas, la manera en que se han llevado a cabo y sus resultados.

Sin embargo, debemos explicar que en esta descripción del proceso evaluador existe una secuencia de acciones que, desde un punto de vista formal, constituyen las fases que debe incluir toda actividad evaluativa.

Creemos que, en el contexto de la educación, la evaluación debe concebirse como un proceso que aporte una información útil principalmente para los profesores, quienes podrán así orientar sus acciones a la satisfacción de las necesidades educativas de sus alumnos. Cuya finalidad sea la de ofrecer elementos suficientes y oportunos relacionados con las capacidades, habilidades, dificultades, gustos, intereses, etc., del niño al que se evalúa.

Se debe partir del principio de que para profundizar en el conocimiento del niño deberá privilegiarse la observación directa de su desempeño cotidiano en el aula y de otras actividades llevadas a cabo fuera de ella. De esta manera se enfatiza el carácter educativo del proceso evaluativo.

En sí, la educación busca la atención de todos los niños independientemente de sus características o habilidades, por medio de un currículo abierto que responda a sus necesidades educativas en el ámbito de su propia comunidad.

Plantea la colaboración entre docentes, a fin de favorecer el intercambio de experiencias. Busca regular la estrategias, actividades y materiales didácticos que favorezcan el aprendizaje de la población escolar, así como una evaluación que plasme de forma justa la evolución de los avances que presenta el alumno en relación a si mismo.

El presente escrito esta centrado en las aportaciones teóricas que realiza Ma. Antonia Casanova al tema de la evaluación a través del manual de evaluación Educativa y de las conferencias dictadas en México en el marco de la integración escolar como parte del equipo español.

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