La familia actual : ¿Quién educa a los hijos?

Familia. Definición. Caracterización.

Si bien son muchas las definiciones que hay de familia, partiremos de la conceptualización de Pichon Riviere : “ es la estructura social básica que se con-figura por el interjuego de roles diferenciados ( padre-madre-hijo ) el cual constituye el modelo natural de interacción grupal. ” Desde nuestra formación cristiana sabemos que esta interacción está basada en lazos afectivos, pudiendo de esta manera sus miembros formar una comunidad de vida y amor. Esta familia es exclusiva, irrevocable, implica una fecunda entrega a la persona ama-da, sin perder la propia identidad.

La familia es el núcleo o agrupamiento social más antiguo, aunque sus oríge-nes y organización primitivos se pierden en la sombra de la prehistoria. Por ello en cuanto es una sociedad, se le aplican los calificativos de “natural”, “primera ” y “necesaria”.

  • Sociedad natural: la familia es considerada como verdadera célula de la so-ciedad, porque en sus orígenes y evolución ha demostrado la capacidad sufi-ciente para cumplir sus fines. De no haber sucedido así la familia habría desa-parecido.
  • Sociedad primera : se afirma que la familia es la sociedad primera por haber sido en todas las épocas el núcleo primario del pequeño poblado, de la ciudad, del estado.

El amor y la procreación siempre han vinculado a los seres humanos con la-zos poderosos.

Las relaciones familiares, desde los primeros tiempos de la humanidad, han creado entre las personas los sentimientos más profundos.

Los deberes de respeto y veneración hacia los mayores, la abnegación maternal, los afectos y lazos de parentesco, la comunidad de intereses económicos y políticos, la encendida pasión juvenil y otras manifestaciones del alma, se han reflejado en las legislaciones más antiguas, en leyendas y poemas, en luchas cruentas entre familias dominantes para llegar al poder del estado o para retenerlo.

  • Sociedad necesaria: el hombre no podría lograr su perfección física, moral e intelectual sin la familia; la sociedad sin ella dejaría de conseguir su fin.

Como la persona humana viene al mundo enteramente falta de capacidad pa-ra bastarse a sí misma, la protección de la familia le permite desarrollarse.

La educación impartida por los padres, los ejemplos y consejos del hogar fo-mentan el crecimiento de sus aptitudes físicas, intelectuales y morales; forman al ciudadano útil y responsable que en su momento se integrará a la sociedad civil y política.

La familia es el grupo biosocial que constituye la célula básica de la comuni-dad.

Es GRUPO porque está formada por la pluralidad de personas.

Es BIOSOCIAL porque existe un nexo natural ( de sangre ) y social (de intere-ses) entre sus integrantes originado en la unión de los esposos.

Es CÉLULA BÁSICA DE LA COMUNIDAD ya que se compara a la sociedad con los seres vivos cuyos cuerpos u organismos están formados por células y tejidos. Lo mismo sucede en la comunidad o cuerpo social; su constitución y desarrollo están basadas en diferentes familias que se agrupan para formarla.

En cada familia se entreteje una particular fisonomía que la distingue en forma única de cualquier otra.

El ser humano es el individuo vivo que nace más desvalido y sin familia no podría vivir; sucumbiría rápidamente.

Esta familia insustituible debe ser considerada como la gran formadora de personas. El grupo familiar es el marco referencial, la matriz en la que los individuos adquieren los hábitos, normas, pautas y valores que van a constituir su personalidad madura, su real valor y su trascendencia.

Si el desarrollo familiar es equilibrado y funcional, sus miembros aprenden tempranamente a asumir una serie de papeles que luego trasladarán a su vida extrafamiliar.

La familia cumple un rol fundamental en la afirmación de cada uno como per-sona, quienes no recibieron desde pequeños el cariño y la protección de sus padres o de otras personas que hayan cubierto su vacío difícilmente logran plenitud personal sin grandes esfuerzos.

Una familia tiene un buen clima personal cuando los adultos y los niños se sienten queridos, con cierto poder y tienen metas comunes. De esto depende-rá la satisfacción que cada uno sienta por ser miembro de este grupo humano que llamamos familia.

A lo largo de su desarrollo, esta unidad familiar atraviesa diversas crisis, momentos de cambio, de rupturas, a los que sobrevendrán luego, las consecuentes reacomodaciones que permitirán la aparición de nuevas maneras de relacionarse, de comunicarse, de convivir. Algunas son las llamadas crisis naturales que provienen de las modificaciones que acarrea el crecimiento personal de cada miembro, el pasaje por las etapas evolutivas por las que atraviesa el ser humano y aquellos hechos que aparecen como consecuencia de ello. Por otro lado están las crisis accidentales producidas por hechos o situaciones que surgen no de la evolución sino por causas no esperadas.

Es en la familia en donde los niños y los jóvenes aprenden el sentido de la vi-da y de la muerte, del trabajo y del descanso, de la profesión y del dinero, del amor y del matrimonio, de la amistad y la solidaridad.

Decimos que una familia es saludable cuando cada miembro puede crecer, producir y desarrollarse equilibradamente. Se puede entrar y salir de ella con libertad, conectarse y realimentar su funcionamiento con las experiencias del mundo externo. Se obtiene un buen continente afectivo, un espacio teñido de protección y seguridad; respuestas oportunas para cada espacio evolutivo y complementariedad en los roles naturalmente jugados donde se acepta a cada individuo que lo compone con respeto y estima.

La familia no es saludable cuando abandona el compromiso contraído de funcionar como grupo comunitario de referencia positiva y normalizadora, ámbito para el desarrollo natural y principal entidad personalizante.
Hay dos formas de abandono:

  • Abandono total : la patria potestad es delegada, los padres entregan a sus hijos para que sean otros quienes se ocupen de su educación y atención, responsabilizándose totalmente por los mismos.
  • Abandono parcial o moral : es mucho más grave, dado que la patria potestad sigue estando en manos de los padres, pero éstos por múltiples razones no la ejercen y entonces dejan a sus hijos abandonados a su propio arbitrio y a sus escasas posibilidades de discriminar lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, etc.

La falta de límites y ausencia de hábitos y normas de comportamiento a los que se ven sometidos estos niños y jóvenes no son sentidos como una aspiración de “desarrollo en libertad ” sino como un abandono indiferente o una in-competencia real para el desempeño de los roles pertinentes.

Esto se vive con resentimiento y crea un encono y una rebeldía que se trans-forma en caldo de cultivo para la aparición de grandes males, no solo para el desarrollo de la sociedad toda y la familia, sino para ellos mismos.

Los niños y los jóvenes no solo deben ser amados por sus padres, deben sentirse amados y cuidados por ellos. Este sentimiento les da la seguridad para actuar en todos los campos, al vivenciar sus triunfos, autoestimarse, sentirse capaces. Se puede afirmar que un alto grado del éxito o fracaso que se obtenga en la vida está determinado por la autoestima que haya desarrollado el individuo en cuestión. Esta autoestima difícilmente pueda lograrse dentro de otro medio que no sea el familiar . Ahí es donde el individuo aprende todo sobre los demás y sobre sí mismo.

DEBERES DE LA FAMILIA :

Los integrantes de la familia tienen deberes y responsabilidades recíprocas que se relacionan con los fines de la institución matrimonial.

La función primordial de la familia es la comunicación de la vida.

Del amor de los conyugues unidos en matrimonio nacen los hijos. Luego del nacimiento de éstos, los padres deben atender a su formación física intelectual y moral.

Esta obligación es otra de las importantes funciones familiares: la educación. Esta supone la satisfacción racional de todas las necesidades materiales y espirituales de los hijos, en los aspectos alimentario, sanitario, económico, recreativo, religioso, etc.

Es un deber ineludible de los padres colaborar en forma estrecha y perseve-rante con la palabra, el ejemplo y la adecuada corrección.

La escuela continúa la educación familiar y completa la acción del hogar brin-dando acceso al mundo de los conocimientos de manera sistematizada, en un tiempo y espacio determinado para ellos, tratando de ofrecer igualdad de oportunidades para todos los niños.
Nunca el maestro podrá remplazar a la educación familiar, si podrá ser un gran colaborador de la importante tarea educadora de los padres.

CAMBIOS QUE SE PRODUJERON EN LA FAMILIA A TRAVÉS DEL TIEMPO

Antaño la sociedad imponía a la mujer severas restricciones en el terreno sexual y social, pero favorecía el desarrollo de sus actividades y funciones maternales. Actualmente el cuadro ha cambiado. En este último siglo, la mujer de nuestra civilización ha adquirido una libertad sexual y social, desconocida apenas tres generaciones atrás. En cambio las circunstancias culturales y económicas imponen grandes restricciones a la maternidad.

Nuestras abuelas, a la vista de un ratón se subían a una silla recogían las fal-das pidiendo auxilio a gritos, pero generalmente no tenían dificultades en amamantar a sus hijos. Mientras que actualmente, las jóvenes saben manejar autos, ambulancias y hasta aviones pero frecuentemente no saben alimentar a sus criaturas o renuncian de antemano a esta tarea.

En nuestra sociedad occidental y patriarcal durante muchos siglos la mujer estaba totalmente supeditada al hombre. Fue la Revolución Francesa la que con su lema de igualdad, puso por primera vez en duda que esta supeditación fuese natural e inalterable.

Sin embargo, en la clase media y alta no se produjo ningún cambio inmediato al respecto, mientras que en la clase baja el papel de la mujer nunca había diferido tanto de aquel.

Tanto en la familia del campesino como del artesano, mujer e hijos habían compartido el trabajo del hombre y todos estaban muy limitados en sus derechos. La mujer estaba incluida en el proceso de producción casera, y alternó sin límites definidos con este trabajo la atención de la familia y la crianza y educación de los hijos.

A través de la Revolución Industrial, la transformación del trabajo que inevitablemente llevaba a la concentración de los obreros en la fábrica, el hombre abandonó la industria casera y la mujer le siguió pronto no impulsada por rivalidad con él, sino por mera necesidad. Mientras que los hijos se convertían en una ayuda en el hogar y en el trabajo casero, ahora se transformaron en una carga para la mujer, que volviendo cansada del trabajo tenía que dedicarse en sus pocas horas libres a la atención de la casa y de los hijos.

Hasta ahí el cambio de la mujer de la clase obrera.

En el campo, los cambios ocurrieron mucho más tardíamente, la migración de la población campesina a los grandes centros urbanos continúa en la actualidad. Esto trae consigo para el grupo familiar todo el problema del desarraigo, de las villas miserias, de la prostitución, de los hijos ilegítimos.

En los países de mayor industrialización, también el trabajo rural se industrializa siempre más y más, asemejando la situación de la familia del campesino o la del obrero.

Mientras que el cambio de la mujer de la clase obrera se produjo a lo largo del siglo pasado, esto no afectó a la mujer de la clase media y alta hasta la primera guerra mundial. Las mujeres de los diversos países beligerantes, cuyo único campo de acción había sido el hogar y su núcleo social, y cuya única función era tener hijos y educarlos, se vieron incitadas a ocupar en todos los terrenos el lugar del hombre. Obtuvieron junto con su inclusión en el proceso de trabajo plena independencia y responsabilidad.

Una vez terminada la guerra, el cambio ya se había hecho irreversible. Las mujeres de principio de siglo, tenían un número reducido de hijos y se sentían desperdiciadas en su hogar vacío. Los progresos de la medicina habían causado esta situación : disminuyó la mortalidad infantil y se ponía a disposición de la pareja métodos anticonceptivos eficaces.

Antes la mujer sabía que la finalidad de su vida era casarse y tener hijos. Actualmente la maternidad ya no es la única meta. Dada nuestra organización social con el trabajo femenino, la crisis de la vivienda, el elevado costo de la educación de un niño; el nacimiento de un hijo es sentido muchas veces más como un estorbo económico y social que como una alegría.

La mujer, para dar valor a su vida tiende a buscar nuevos contenidos. El ideal de la maternidad – a la cual toda mujer aspiraba, acorde, al propio tiempo, con sus impulsos instintivos – se ha sustituido actualmente por múltiples ideales diferentes en cada capa social, en cada ambiente y muy frecuentemente en pugna con la maternidad. Antaño las niñas leían novelas que terminaban con un casamiento y todas sus fantasías se concentraban en la futura vida matrimonial y la educación de los hijos. Actualmente las jóvenes sueñan con ser profesionales, investigadoras, estrellas de cine, etc. Hay muchos caminos abiertos, pero ellas, a menudo no saben cual tomar.

La mujer de hoy está frente a un dilema vocacional: el de vivir la vida de antaño o elegir la carrera adecuada, sin embargo ya no se presume como al principio de nuestro siglo, que una profesión implique para la mujer la renuncia al casamiento y a la posibilidad de fundar una familia. Pero las normas de vida de una mujer casada de clase media no están bien establecidas y se ve abocada a muchos problemas de orden práctico en su intento de aunar su vida de mujer con su profesión. Debe afrontar exigencias del medio ambiente mayores de las que se pide al hombre. Debe atender bien su casa y a su marido, tiene que dedicarse a la crianza y educación de sus hijos; pero simultáneamente debe cumplir fuera de su casa con un horario de trabajo igual al del hombre. A l propio tiempo se espera de ella que dedique parte de su tiempo, ya tan escaso, a su arreglo personal. Ella intenta coordinar todas las tareas, sin que le sea posible cumplir con todo. Lo percibe, sufre por su supuesta incapacidad y se siente culpable frente a su marido, a sus hijos, a su jefe de oficina; se reprocha a sí misma por no rendir todo lo necesario.

Esto en lo que concierne a la mujer que necesita o desea trabajar.

La mujer que prefiere ser ama de casa y cuyo marido gana lo suficiente para la manutención del hogar, podrá vivir una vida estrictamente “femenina” pero limitada ya,
generalmente al restringir el numero de los hijos. Además debido a las tendencias mecanicistas de nuestra época, muchas ni ella ni la mujer que trabaja sabrán gozar bien de la maternidad. Teme que su cariño pueda dañar a su hijo, se debe enseñar a las madres actuales lo que sus abuelas sabían instintiva-mente, desde siempre. Hay una necesidad de querer al lactante, de mimarlo, de mecerlo, de levantarlo en brazos y cantarle canciones de cuna. Pero para que las madres modernas puedan aceptar estas enseñanzas, en plena oposición con la puericultura actual, se las debe incluir en los horarios del bebé. Sometidas a una sociedad altamente civilizada con su excesivo temor al contagio y al desorden, se han resignado a reprimir su ternura maternal, a dudar de sus impulsos y únicamente con autorización médica se animan a manifestarlo.

Phillippe Aries a expuesto el argumento de que la familia a servido histórica-mente como una institución social de último recurso, es decir, que en un intento de cerrar la brecha creada por la declinación de la ciudad y de las formas humanas de intercambio social que ésta proveyó en una época, la familia omnipotente y omnipresente tomó sobre sus hombros la tarea de tratar de satisfacer todas las necesidades emocionales y sociales de sus miembros. La relación que Aries describe se presenta con más frecuencia en orden inverso en los estudiosos contemporáneos de la familia, que se centran en general en el deterioro de las funciones instrumentales de esta a medida que una cantidad cada vez mayor de las actividades que caracterizaron a la familia tradicional, van quedando a cargo de organismos e instituciones sociales y profesionales. Para muchos de nosotros, la latinidad de los vínculos que ligan a los miembros de la familia ha sido la fuente de su vulnerabilidad, sin los múltiples lazos funcionales entre marido y mujer y entre padres e hijos, las presiones sobre la unidad familiar se vuelven abrumadoras.

CARACTERIZACIÓN DE LA FAMILIA ACTUAL

La situación actual de la familia no es muy halagüeña. La época que vivimos tiene una serie de características propias que le dan una connotación suficientemente distintas como para aislarla del proceso general.

Podemos considerar las siguientes como las más significativas:

  • Las grandes transformaciones que se generan inmediatamente después de la segunda guerra mundiales el campo socio-político y cultural: de este hecho que acontece en todo el mundo no es ajeno nuestro país, ofreciendo un desarrollo desigual en diferentes grupos sociales y geográficos, el que se pone de manifiesto en las diferentes actitudes, motivaciones, ideologías, expectativas, todas distintas y propias de cada uno de ellos.
  • La crisis de valores que se genera: los valores tradicionales entran en crisis, la familia carece de objetivos explícitos sustentables y se rige por slogans heterónomos que preconizan el divorcio y el aborto, como soluciones para los grandes problemas de la familia sin aclarar que son ellos mismos los dos mayores que debemos enfrentar.
  • Constante exigencia de modificaciones y readaptaciones : el mismo acelerado proceso de cambio que nos toca vivir nos lleva a tener que readaptarnos constantemente dado que las situaciones se modifican de un momento a otro. Si se tuviera sólidos principios básicos, estos cambios no producirían grandes des-equilibrios emocionales y familiares, por cuanto serían formas siempre en-cuadradas en un marco teórico referencial sólido que les darían sentido. Al no ser así lo circunstancial o cambiante pasa a ser lo esencial e importante, lo significativo, perdiéndose el real sentido de todo, la coherencia y el equilibrio.
  • El marcado progreso que se dio en la ciencia y la técnica en general: este he-cho puede ser un acontecimiento muy favorable para toda la humanidad y por supuesto para la familia. Sin embargo no lo es en su totalidad. El individuo creador de la técnica pudo mantenerla a su servicio para gozar de mayor tiempo libre, para dedicar más tiempo a su familia, para gozar de su creación. En su lugar se alejó de su propia creación, enajenándose en ella, sintiéndose ajeno primero y su esclavo después. Se puso a su servicio en lugar de servirse de ella.
  • El boom económico: esto trajo una incontrolada aceleración del nivel aspiracional y la búsqueda, a veces incondicional de mayores ingresos de dinero. Para ello cualquier medio suele considerarse válido. Para conseguir algo de valor efímero se desatienden otras cosas de valor constante, las que además, son más difíciles de recuperar cuando se han perdido.
  • Los cambios operados en otras sociedades tomadas como grupos de referencia positiva: una sociedad tan madura como la nuestra, tan capaz intelectual-mente y considerada de las más creadoras y autónomas no emplea todo este caudal de dones para discriminar los efectos nocivos que las “modas ideológicas” nos acarrean.

Históricamente hemos ido cambiando de grupos de referencia y tal vez estamos en uno de los momentos menos afortunados pues estamos importando modelos de acción negativos de varios grupos hegemónicos. Probablemente sea el momento de tomar conciencia de ello y filtrar estas influencias.

  • La confusión en cuanto a la educación de los niños y jóvenes: en la educación de los niños y jóvenes suele confundirse la libertad y autonomía con el libertinaje y la anomia. Tanto la libertad como la autonomía deben irse ganando de a poco. El padre y la madre irán acordando paulatinamente y en la medida que los hijos van demostrando que saben utilizarlas.
  • La confusión de los roles dentro de la familia: los roles tradicionales han debido adaptarse y por lo tanto, forman parte de la crisis que vivimos. No hemos encontrado todavía una definición válida y compartida lo que implica ser padre, madre, hijo, y abuelo, dentro de esta sociedad en que vivimos, y, mientras esto persista no encontraremos una verdadera identidad para la familia como tal.
  • La delegación de la atención de los niños: esta característica suele ser con-secuencia del trabajo de la mujer y de las confusiones de roles dentro de la familia. Así es como se ven proliferar los jardines maternales.

El grupo familiar con niños de pocos meses para su atención en una institución, en algunos casos es por espacio de 8 a 10 horas diarias. En los que la madre debe salir para trabajar por real necesidad puede ser un mal menor que dejarlo a cuidado de personas inexpertas o asalariadas para tal fin. En otros casos la madre lo hace para tener más tiempo para ella misma, ignorando que el tiempo dedicado al cuidado y atención de los hijos es siempre ganada, ya que siempre se cosecha lo que siempre se ha cuidado con esmero.

  • El trabajo de la mujer fuera del hogar: esto lleva a que algunas de las funciones de la familia deban ser atendidas por instituciones o personas sustitutas, en los que se delegan obligaciones propias.

Los datos referentes a la proporción cada vez mayor de mujeres en la fuente de trabajo son objeto de frecuente mención, y es muy probable que no lo conozcan todas las personas que se ocupan de la familia. Lo más notable ha si-do el aumento de madres de niños en edad preescolar que se incorporan a la fuerza del trabajo, su presencia a aumentado en un 30% desde el 13% en 1948, hasta más del 50% en 1979.

Es obvio que de estos datos surgen muchas implicaciones para la vida familiar.

La industria de la guardería ha florecido como consecuencia de que las madres trabajen, y en la actualidad se están poniendo a prueba un experimento social de proporciones masivas todos los supuestos acerca del rol crucial de la constancia de objeto y el desarrollo temprano de la personalidad.

El problema viene cuando la mujer que trabaja fuera del hogar debe dejar a su hijo a los 45 días, para hacerse cargo de sus funciones luego del tiempo que la ley establece para la atención exclusiva del bebé. La mujer puede optar para que se transfieran días del período anterior al posterior hasta un máximo de 15. El nacimiento prematuro no reduce el plazo de licencia de 90 días; en este ca-so el período anterior no gozado se acumula al post-parto (art. 177 LCT reformado por Ley 21824).

Con posterioridad al reintegro al empleo la trabajadora tiene derecho a gozar hasta el plazo máximo de un año a partir del alumbramiento (por lo tanto 10 o 10 ½ meses según que haya optado o no por ampliar el plazo post-parto, art.177 párrafo primero) de dos descansos diarios de media hora para amamantar a su hijo. Ese tiempo puede prolongarse si por razones médicas sea necesario que la madre amamante a su hijo por un lapso más prolongado (art. 179). Además a fin de asegurar la debida atención a los niños durante las horas en que su madre presta servicio en los establecimientos en que trabaje, el número de mujeres que indique la reglamentación, deberán habilitarse salas maternales y guarderías hasta la edad y en las condiciones que fijase aquella.(art.179).

El bebé es muy sensible y está ávido del contacto con la madre, causa por la cual sufre cuando es abandonado, aunque sea atendido por parte de otra persona, sea familiar o no. Por supuesto que el sufrimiento es menor cuando es el padre quien lo atiende, pero eso suele ser muy improbable en la mayoría de los casos dado que, justamente es el padre quien está siempre fuera del hogar y atendiendo sus ocupaciones laborales.

El doctor Rascofky considera que si un bebé fue amamantado y atendido muy afectuosamente en las primeras semanas, luego estará “equipado” como para soportar la ausencia temporal de la madre sin sufrirla demasiado.

Sin embargo se considera que el tiempo mínimo que la madre debería pasar junto a su bebé es de seis meses, porque es hacia los 180 días cuando comprenderá que la madre puede desaparecer y reaparecer, irse y volver. Antes de esa fecha, cada vez que su madre desaparece, siente que la ha perdido para siempre.

Atendiendo a esto es que pensamos que si la ley hubiera sido hecha contemplando la necesidades del niño, el período por parto sería de 180 días y no de 45 días como sucede en la actualidad. Esto, pensado a corto plazo podría resultar antieconómico, pero no si se piensa que podría significar individuos más sanos, más inteligentes, con mayor capacidad de producción en todos los campos para el futuro.

La angustia y la culpa de la madre que trabaja fuera del hogar suele conformar un doble mal para el niño, por el hecho de que regrese a su hogar con la finalidad de compensar según su criterio la ausencia en la atención del niño; se dedica a consentirlo y permitirle comportamientos totalmente negativos para el futuro desarrollo en todas las áreas. La conducta de la madre que regresa de su trabajo debe ser afectuosa pero no extracompensadora. Debe comprender que eso es nocivo para su hijo y ajustar su comportamiento a las indicaciones dadas por los especialistas.

La crianza de un niño es una ocupación de dedicación intensiva: alimentarlo, vestirlo y cambiarlo, vigilarlo, cantarle, hablarle o jugar con él insume muchas horas por día, a medida que aumenta el precio de este tiempo, es decir, aumenta la renta potencial representada por el lapso requerido para la gestación y la crianza, es lógico que disminuya la motivación para criar y tener hijos. La perspectiva probable es un aumento de la participación de las mujeres en el mercado del trabajo a medida que el mayor valor del tiempo haga más costosas las actividades domésticas incluidas la crianza de los niños.

¿Significa esto que irá desapareciendo la familia nuclear?. En un sentido cuantitativo disminuirá su importancia, pero que no deben sino mejorar la calidad de vida de los niños y las relaciones entre los conyugues.

Se ha estimado que en un lapso de 100 a 150 años los 2/3 partes de la familia de la población no tendrán hijos.

En 1991 fue realizado en Argentina un censo ejecutado por el INDEC cuyos resultados arrojaron lo siguiente: el 85,5% de los hogares constituyen familias tipo.

Cuando una mujer necesita trabajar fuera del hogar y junto con el esposo hacen una consideración de las ventajas y las desventajas. Entre las primeras está la ampliación del mundo cultural que experimenta la mujer que trabaja por los mayores contactos que tiene, aumento de la seguridad e independencia económica. Entre las segundas se destaca la ausencia prolongada de la casa y la sobrecarga del trabajo doméstico. El riesgo mayor de la mujer que trabaja afuera, es que el cansancio y las tensiones experimentadas la pongan de mal humor, se irrite fácilmente, y esté poco dispuesta a compartir su tiempo libre con sus hijos. Si esto sucede será conveniente plantearse quizá no el trabajo, pero si la forma de asumirlo y estudiar la posibilidad que el trabajo de la casa sea compartido.

Cuando de común acuerdo organizan sus roles para el desenvolvimiento del hogar y la atención del hijo, cuando han decidido colaborar para sacar adelante un proyecto común puede no significar demasiado problemático para el niño. Para lograr buenos resultados la familia deberá tener en cuenta que será necesario educarse para poder educar, dado que la conducta de los niños se moldea con la influencia del comportamiento de sus propios padres tanto en el plano social, intelectual y afectivo.

EL ROL DEL PADRE Y DE LA MADRE

La mujer tiene un rol determinado y el hombre otro distinto; ambos son complementarios dado que uno necesita del otro para ser realmente si mismo y poder cumplimentar una de las funciones básicas de la pareja, como es la maternidad-paternidad y la educación de los hijos.

¿ QUÉ ES SER MAMÁ?

La madre tiene como función básica alimentar física y psicológicamente al niño, dándole protección y a la vez estimularlo a crecer. Si la necesidad de protección no es satisfecha, el niño se sentirá abandonado, inseguro; pero si se exagera, el niño crecerá lleno de temores y se convertirá en una persona con escasa espontaneidad y poco creativa.

Quizás lo más importante es que la mamá entregue al hijo una especie de amor incondicional, le enseñe a recibir y expresar ternura. Pero el amor maternal es un sentimiento, y como tal es frágil y variable. Por eso, para ser buena mamá no es necesario ser perfecta, no importa en ocasiones perder la paciencia, estar triste o asustada, si habitualmente se logra en la relación transmitir al hijo la sensación que se tiene confianza en él, éste será capaz de realizar las cosas que emprenda y desarrollar su capacidad de crecer intelectual y emocionalmente. Una actitud de desconfianza y perfeccionismo puede bloquear la confianza del niño en sí.

La seriedad de la responsabilidad de tener un hijo quita a muchas mujeres la alegría de la maternidad, y transforma la relación en una continua tensión.

El miedo al futuro, los riesgos que se corren en el desarrollo impiden a mu-chas mujeres gozar el momento. Para ser buena mamá hay que olvidar la obsesión del futuro y aprovecha el “aquí y el ahora ” del niño.

Por lo demás, parece demostrable que una vida adulta sana mentalmente y feliz se basa en una infancia de buenos recuerdos.

LA MADRE Y LA SATISFACCIÓN DE LAS NECESIDADES BÁSICAS

Es la madre quien primero satisface las necesidades básicas del hijo a través de la alimentación, el afecto, el contacto piel a piel y la estimulación intelectual y sensorial.

Muy pronto, el niño aprende a llamarla a través del llanto cuando es pequeño o a buscarla cuando aprende a gatear, si experimenta una necesidad. Si la madre es capaz de responder en forma satisfactoria a las necesidades del niño, éste tendrá hacia ella una actitud cercana. Si, por el contrario, ella no lo satisface, el niño experimentará desconfianza hacia ella y hacia el mundo.

En este sentido se dice que la relación madre-hijo de algún modo es la base sobre la cual se organiza la relación con otras personas.

En los primeros años, esta necesidad de tener un estrecho contacto con la madre es tan fuerte, que los niños abandonados presentan trastornos físicos, psicológico de importancia, disminuyen de peso, no crecen al ritmo normal, se retrasan en el lenguaje y pierden interés por el mundo exterior.

Si la ausencia de la madre ha sido prolongada y no cuenta con un reemplazo afectivo adecuado, el niño sufrirá un trastorno en su desarrollo afectivo que le dificultará posteriormente establecer relaciones sociales normales.

A MAMÁ….

Amo a mi mamá porque durante los primeros meses somos como uno. Porque mamá puede entender qué me hace falta en cada momento y porque me lo brinda. Porque aprendo a leerme y aprendo a leerla. Porque mutuamente nos satisfacemos. Porque acepta y necesita que sea como un territorio sumado a su territorio. Porque se sostiene en papá que está afuera pero próximo. Porque disfrutamos de un mutuo embelesamiento que nos hace sentir fuertes y poderosos casi frente a todo. Porque se gratifica conmigo gratificándome a mí. Porque me evita la ansiedad pero sin privarme de la actividad. Porque cree que soy el mayor tesoro del mundo y yo creo lo mismo de ella. Amo a mi mamá por-que con el paso del tiempo ha ido descubriendo que no soy su propiedad, y no sin dolor me ha ido señalando que ella no es sólo mía. Porque incentiva y se alegra con mi actividad y me propone distanciamientos y reencuentros. Porque hemos dejado de ser solo dos para ser fuertemente tres. Amo a mi mamá por-que se asustó por mí y no por ella ante el primer resfrío. Porque aceptó sus lí-mites e imposibilidades y me dio lo que si sentía y porque, junto con papá diseñaron un futuro en el que yo sería el protagonista.

¿ QUÉ ES SER PAPÁ ?

A lo largo de la historia, el padre ha sido visto como la figura fuerte y protectora, el guía, la autoridad y como el proveedor de la familia. Pero al mismo tiempo, como una persona mas bien ausente, y un poco lejana, temida y respetada, dando la imagen de que la ternura y cercanía no son parte de su papel. Que los hombres no lloran ni son sensibles.

A medida que la sociedad ha ido cambiando, las familias se han hecho más chicas, y el rol de hombres y mujeres se ha transformado. A variado este papel de “el fuerte”, el cual es una labor exigente; nadie puede ser fuerte y protector todo al tiempo; cada uno tiene sus debilidades, y cuando se pretende no tener-las es a costa de un empobrecimiento de muchas experiencias dignas de vivir-se. Por otra parte, a medida que las parejas jóvenes buscan independencia, quieren vivir solas, o se van a otra ciudad, por lo que hay menos abuelos, tías y otros familiares participando en el diario vivir, lo que ha llevado al hombre a incorporarse cada vez más a la rutina doméstica y a compartir con su mujer ciertas actividades que antes no compartía. Los padres han ido colaborando poco a poco dentro de la casa y el cuidado de los niños.

En términos generales, podríamos resumir las funciones del padre en tres áreas básicas :

  • El padre como apoyo y protección

Tradicionalmente, es el padre quien da protección en el sentido de techo, comida, vestuario y educación, siendo el proveedor económico de la familia. Es el que tiene que salir a trabajar para satisfacer las necesidades básicas y dar seguridad a los que dependen de él.

Muchas veces, esta exigencia los sobrepasa, se sienten sobrecargados y exigidos por un medio ambiente que les pide más de lo que se sienten capaces de dar. Otros padres se sobre exigen pensando que su papel fundamental es dar seguridad económica y que su familia debe tener de todo. Así el trabajo y lo económico pasan a ser lo central, su razón de ser y a lo que dedican toda su energía y no les queda tiempo ni ánimo para estar con su mujer y niños, con-versar, salir, jugar, etc.

Otros piensan que el papel más importante del hombre en el hogar es el de ser figura de autoridad y que debe poner orden, disciplina y tomar decisiones. Una de las responsabilidades de los padres es educar; ésta debe ser compartida con la madre y otros miembros de la familia.

El establecer límites, reglas y las exigencias de cumplirla es una labor conjunta y compartida por la pareja y los niños, ya que siempre el que pone límites se gana algunas antipatías y distancia de los demás.

Aunque la protección económica y la disciplina son aspectos importantes para la seguridad de un niño, hay otro tipo de seguridad que es más básica y primaria, y que es la necesidad de ser aceptado, querido, respetado, entendido. Para esto no es preciso estar de acuerdo con el otro, pero sí hay una palabra clave para entender esto, es respeto. Es muy probable que no siempre nos guste los que otros hacen a veces nos gustaría que los niños fueran distintos a como son : que fueran más tranquilos, más responsables, más respetuosos; sin embargo hay que mirar a cada niño como un individuo aparte, con sus propias características, como una persona con sus necesidades e intereses y forma de ser personal, como alguien en camino de crecimiento y que puede equivocar-se ya que tiene mucho que aprender. Hay que tener fe en la capacidad de crecer de los niños, pero el crecimiento significa conflictos, desacuerdos, preocupaciones, y el punto central aquí es entender al niño como un ser único y diferente. Dar apoyo al niño en su ser persona más que a estar constantemente castigándolo. Educar es ayudar a crecer y no corregir continuamente. Orientar y apoyar más que criticar y castigar. En este sentido, alguien que siempre es corregido y criticado va a tener mucho menos posibilidades de sentirse seguro de sí mismo en el futuro. Un papá debe apoyar, guiar y enseñar, más que corregir, criticar y retar.

Otra tarea importante del padre es ayudar al niño a enfrentarse con sus miedos y frustraciones. Muchas veces los padres se burlan, se enojan o no dan importancia a los temores de sus hijos. Un niño puede tener miedo en la noche, temerles a los perros, al agua, etc. Más que reírse, no darle importancia, enojarse o sentirlo como un insulto a la propia hombría, el padre debería asumir un papel activo en guiar y enseñar al niño a enfrentarse a sus temores, en términos de acercarlo de a poco a las situaciones, dándole razones que lo ayuden a vencer el miedo, brindándole apoyo. La sensación de protección física que entrega el padre ayuda muchas veces a enfrentar situaciones temidas por el niño de una manera positiva. El que un padre pase el brazo por los hombros, le haga una caricia en la cabeza o le diga “que valiente te portaste” o “a mí también me daba miedo” ayuda a superarlo.

Los niños se frustran muchas veces, por ello es conveniente que el padre sea alguien que apoye al niño en los momentos en que lo está pasando mal, con-verse con él, lo ayude a ver las causas y las consecuencias y crear formas más positivas de enfrentarse al fracaso.

Un papá cercano, abierto al diálogo, afectuoso, va a dar una imagen positiva del mundo, entregándole al niño una sensación de protección durante los años en que es muy importante tenerla.

Un padre castigador, lejano y autoritario produce miedo e inseguridad, y en el futuro el niño enfrentará la vida más cargado de ansiedad, más temeroso y con una mayor probabilidad de fracaso.

Otro punto importante se refiere a las caricias físicas. Es agradable un padre que acurruca, que haga sentar a su hijo en la falda. Las caricias nunca so-bran. Sin embargo, hay una serie de tabúes en relación con las expresiones afectivas de los hombres. Se piensa que un padre puede ser cariñoso mientras el niño es muy pequeño, y “si es que puede” ser cariñoso en esa época. Mas bien se plantea que quienes brindan cariño son las mujeres. Hay que aprender el contacto físico, dar un abrazo a tiempo, una caricia, sentar a un niño en la falda sin importar un límite de edad.

  • El padre como puerta al mundo

Una vez más la tradición nos muestra a la madre como la que da afecto y cui-dados y la que permanece en la casa. Al padre se lo señala como el que se enfrenta al mundo; pero hay una tendencia a que las mujeres asuman otras responsabilidades y también salgan a trabajar. A pesar de ello, el papá es una figura muy importante en cuanto a conectar al niño con el mundo exterior, el mundo del trabajo, del estudio, la política, los deportes, etc, aunque su papel va cambiando a medida que los niños crecen. Cuando el niño nace, el vínculo con la mamá es mucho más fuerte por el embarazo y la lactancia, que el con-tacto que pueda tener el papá con su hijo.

Sin embargo éste puede empezar a crear lazos que le van a asegurar una mejor relación en el futuro. Un padre que muda al niño, que le canta, lo regalo-nea, que se levanta en las noches a atenderlo o lo alimenta de vez en cuando, probablemente será sentido por su hijo desde muy temprana edad como alguien cercano y conocido. Es, sin embargo, un poco más tarde cuando el papá pasa a ser alguien central en la educación de los niños y es cuando el niño ya camina. Alrededor del año de edad, el papá empieza a ser un intermediario y amortigua los lazos tan fuertes que el niño tiene con su mamá.

También aquí es importante que el padre empiece a ser más activo en el sentido de jugar con el niño, hablarle para que desarrolle el lenguaje, sacarlo a ca-minar, etc. El padre puede ayudar mucho al progreso del pensamiento y lenguaje del niño. El padre que conversa, que relata cuentos, que juega con sus hijos cooperará enormemente al desarrollo de los niños preescolares.

Sin embargo, es en la edad escolar donde el rol paterno es dramáticamente importante. Cuando el niño entra al colegio, el papá pasa a ser una figura de apoyo y motivación. Se ha visto que los niños con un padre ausente, ya sea porque no lo tiene o porque pasan muy poco tiempo con ellos, tienen peor rendimiento escolar.

Mas adelante con la pubertad, los hijos necesitan más su cercanía y apoyo que nunca.

Es importante conciliar el ser amigo y padre. Es válido ser un padre cercano que comparte actividades,  que hace deportes, discute ideas, comenta noticias, asume posturas y valores; pero también es necesario que el padre exprese sus valores personales, sus límites y posiciones. Es decir, es indispensable poner límites, expresar abiertamente los valores, pero en una postura de diálogo, discusión y conversación.
  • El padre y el rendimiento escolar

El papá puede aportar mucho al rendimiento escolar a través de una preocupación sistemática, un apoyo cercano y cálido en relación con el mundo de las tareas y del colegio. En general los padres tienden a controlar, exigir y a dejar las tareas y las reuniones escolares a cargo de las madres. Son pocos los que conocen los nombres de los profesores o la materia en la que les está yendo bien o mal y en qué necesitan ayuda.

Mas bien reciben la libreta de notas al final del semestre y hacen los comenta-rios pertinentes.

¿ Cuáles serán las tareas de un papá ?. Supervisar las tareas, ver si el niño lo está haciendo bien, que tipo de ayuda requiere; enseñarle a buscar informa-ción, a pensar.

La idea es seguir de cerca, apoyar y estimular el rendimiento del niño, más que controlar o castigar, ya que se ha visto que los padres indiferentes tienden a generar hijos poco creativos y más dependientes en cuanto al rendimiento es-colar.

Padre y Madre ausentes

Son padres que a pesar de tener la custodia legal de sus hijos se las arreglan para estar ausentes.

En cierta manera, estos padres rechazan al hijo y/o la paternidad; en general, delegan sus funciones en otras personas : abuelos, empleadas, instituciones.

No son agresivos físicamente, pero solo están dispuestos a dar a sus hijos el tiempo que les sobra.

Muchas veces “a los niños no les falta nada, van a un buen colegio, tienen ropa y alimento”. Pero necesitan la presencia afectiva de sus padres.

La paternidad es una relación personal intransferible. Si existiendo los padres, falta su presencia activa y estable, el niño se sentirá solo y poco seguro.

RELACION MADRE-HIJO

El niño trae al nacer la expectativa de que tipo de madre le vendrá al encuentro. Si se combina ese hijo que necesita madre con una madre dispuesta a entregarse se da la gozosa experiencia de una maternidad feliz.

Lo mismo ocurre con la paternidad, porque con la misma intensidad con que el niño necesita una madre al nacer, precisará del padre, cuando progresivamente se vaya separando de la madre y en especial de la relación única con ella.

Encontrar al padre no solo significará poder separarse bien de la madre, sino también hallar una fuente de identificación masculina imprescindible tanto para la niña como para el varón, porque la condición bisexual del hombre hace necesaria la pareja padre-madre para que se logre un desarrollo armónico de la personalidad.

Una maternidad y paternidad buena permiten al niño superar gran parte de las dificultades inherentes al desarrollo.

Los hijos aprenden en función de lo que hacen sus padres y basándose en su experiencia dentro de la casa, establecerán relaciones fuera de ella. Los mayo-res somos el espejo en el que ellos se miran para descubrir el mundo y en la mayoría de los casos adquieren la personalidad, las costumbres vitales, el modo de comunicarse y de actuar que observan en sus relaciones familiares.

La madre debe saber responder intuitivamente a todas las necesidades de su niño al venir al mundo, de esta manera el niño en sus primeros meses de vida halla toda su seguridad en la actitud sostenida por su madre. Consecuencia de la seguridad adquirida durante este período es el rápido desarrollo posterior.

La madre buena ( que no tiene porque ser la madre del niño ) es la que lleva a cabo la adaptación activa a las necesidades de éste; según la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de adaptación y para tolerar los resultados de la frustración. Por supuesto es más probable que su propia madre sea mejor que cualquier otra persona; el éxito en el cuidado del niño depende de la devoción, no de la inteligencia o de la ilustración intelectual.

Las señales afectivas que el niño ha recibido por parte de la madre, su calidad, su constancia, la certidumbre y la estabilidad que éstas señales ofrecen al niño, aseguran su normal desarrollo psíquico, y están determinadas por la actitud inconsciente de la madre; es decir que su comportamiento se manifestará, en cierta forma sin que ella lo advierta necesariamente.

Todo irá bien mientras la actitud afectiva de la madre, sea una actitud materna normal; que satisface tanto al niño como a la madre. En este punto debemos recordar que lo que satisface a la madre es muy distinto de lo que pueda satis-facer al hijo.

Las satisfacciones que cada madre pueda obtener están determinadas por la naturaleza de los componentes de su personalidad y de las transformaciones a las que éstos componentes han estados sometidos hasta el instante de dar vida a su hijo; de la forma en que el niño en virtud de su bagaje congénito, sea capaz de satisfacer la síntesis de estos diversos elementos de la personalidad materna, por un lado, y de las condiciones impuestas por la realidad externa por otro.

Desde el punto de vista del lactante las relaciones objetales están destinadas a satisfacer necesidades completamente diferentes. Éstas satisfacciones se hallarán sujetas a modificaciones progresivas en cada nivel de su desarrollo, en un primer momento serán satisfacciones de deseos más cercanos a la fisiología que a la psicología, que lleven al niño seguridad, que sacien sus tensiones y sus necesidades; progresivamente las satisfacciones precisas al lactan-te, exigirán relaciones cada vez más variadas y complejas; las respuestas de la madre a las iniciativas del niño le proporcionarán la satisfacción de sus impulsos libidinales y agresivos en forma de acciones.

Son interacciones circulares que se reflejan entre el lactante y la madre y se desarrollan progresivamente, permitiendo y facilitando la integración de los procesos de interacción en el niño.

Podríamos decir que al hablar de relaciones objetales que satisfacen tanto a la madre como al hijo, nos referimos a fuerzas o relaciones que se completan de tal modo que no solamente provocan satisfacción a ambos compañeros, sino que el modo de satisfacer a uno de ellos representa una satisfacción para el otro.

Winnicott sostiene que cuando un bebé mira el rostro de su madre se ve a sí mismo, la madre lo mira y lo que ella parece se relaciona con lo que ve en él, luego en éste encuentro de miradas el bebé descubrirá ya no solo un espejo, en el cual se refleja a sí mismo, sino también un “otro que me mira ”, éste des-cubrimiento es, para algunos autores la raíz de la sociabilidad humana.

La importancia del contacto depende de la situación y del ambiente en que se desenvuelve, la duración de la mirada de la madre guarda relación con la mi-rada infantil, momento adecuado para entrar en contacto en relación con las necesidades del niño, clima afectivo y emocional en que se desarrolla el con-tacto.

Muchas veces cuando el bebe no recibe de vuelta lo que da, mira y no se ve a sí mismo, surgen consecuencias: empieza a atrofiarse su capacidad creadora y de una u otra manera buscan en derredor otras formas de conseguir que el ambiente les devuelva algo de sí.

El bebé frente al rostro materno aprende a hacer un pronóstico: “ahora puedo evitar el estado de ánimo de mamá y ser espontáneo, pues ella en este momento está dispuesta a satisfacerme con su reflejo, pero si su expresión ( esta-do de ánimo ) cambia tendré que retirar mis necesidades personales, pues de lo contrario mi persona central podrá sufrir un insulto ”.

Cuando esta predictibilidad es precaria por ejemplo cuando la conducta de la madre encierra un doble mensaje: “con palabras te manifiesto mi amor y con el cuerpo rechazo tu contacto”; obliga al bebé a esforzarse hasta el límite de su capacidad de previsión de acontecimiento.

El que es así tratado crecerá con desconcierto en lo que respecta a los espejos y a lo que éstos pueden ofrecer. Si el rostro de la madre no responde, un espejo será entonces algo que se mira y no algo dentro de lo cual uno se mira.

El papel de la madre de devolver al bebé su persona, tiene la misma importancia para el niño y la familia. Es claro que a medida que el primero se desarrolla y los procesos de maduración se vuelven más complicados y las identificaciones se multiplican, aquél depende cada vez menos de la devolución de la persona por el rostro de la madre, y por los rostros de los otros que se encuentran en relaciones de padres o de hermanos. Pero cuando una familia está intacta y marcha hacia adelante, todos los niños se benefician gracias a que pueden verse en la actitud de los miembros de la familia o en la de ésta.

La relación amorosa entre la madre y el hijo es el origen de todas las futuras relaciones interpersonales. Gracias a la adquisición de la capacidad de dirigir los afectos fundidos sobre un objeto libidinal, capacidad que se consigue en la relación madre hijo, el ser humano se capacita para formar todas las relaciones sociales ulteriores.

En esta etapa del desarrollo emocional del niño también tiene gran importancia el ambiente. La separación del no-yo y el yo tiene un ritmo propio en cada niño según sus características y las del ambiente. Los primeros cambios se producen en la separación de la madre como un rasgo ambiental percibido de manera objetiva.

El niño experimenta una brusca sacudida cuando después de haber usado a la madre como objeto subjetivo, es decir, como un aspecto del self, comienza a usarla como objeto diferente del self inmune al control omnipotente.

La madre con su actitud puede suavizar esta sacudida que corresponde a la entrada en juego del principio de realidad.

A su vez el bebé cuenta con sus propios medios para enfrentar el retiro materno:

  • Su experiencia, repetida a menudo en el sentido de que la frustración tiene un límite de tiempo ( éste al comienzo debe ser breve ).
  • Una creciente percepción del proceso.
  • El comienzo de la actividad mental.
  • La utilización de satisfacciones autoeróticas.
  • El recuerdo, revivir de experiencias, las fantasías, los sueños, la integración de pasado, presente y futuro.

En algunas culturas se realiza un esfuerzo deliberado para impedir que la madre sea alguna vez una persona única a fin de proteger al niño del shock que acompaña a la pérdida; en nuestra cultura tendemos a considerar normal que el niño experimente el shock cuando la madre se convierte en una persona externa. En los casos en que todo sale bien se tiene una experiencia muy rica y éste es el principal argumento a favor de nuestro sistema.

En este proceso en que la díada madre-hijo comienza a distanciarse entra en escena el padre de dos modos diferentes. En cierta medida es una de las personas que duplica a la figura materna. Hoy en día el padre se vuelve real para su bebé en el rol de duplicado de la madre con más frecuencia que hace algunas décadas, participando desde muy temprano en la vida de su hijo a través de los cuidados diarios, juegos y manifestaciones de afecto.

Esto interfiere un tanto con su otra función que es la de entrar en la vida del niño como un aspecto de la madre, un aspecto duro, estricto e implacable, intransigente e indestructible que, en circunstancias favorables, se convierte en ser humano, en alguien a quien se puede temer, odiar, amar y respetar.

A medida que el niño crece va conociendo este nuevo aspecto del adulto, el que dicta exigencias y prohibiciones e incluso castiga. La desaprobación, la reprimenda, significan para el niño una pérdida de valor, una disminución de afecto que debe evitar a toda costa para conservar-se seguro. El niño depende de los demás para su propia valoración, se forja una imagen de sí mismo según lo que de él le presenten los adultos; si son amables será porque él es bueno, si se muestran fríos y brutales será porque él es malo y sin valor. Ha podido demostrarse que las actitudes aprendidas a través de las reacciones de los padres son fundamentales para la posición adoptada por el niño respecto de sí mismo; por ejemplo el niño rechazado, convencido por ello de su carencia de valor se comporta en lo sucesivo de modo de que se siga rechazándosele y conserve durante su vida la inseguridad inicial.

CLIMA FAMILIAR AFECTIVO

El clima afectivo es la atmósfera, el “calor del hogar”. La familia es el lugar para sentirse querido. Algunos elementos necesarios para crear un clima de afecto positivo son:

  • Entregar cercanía física y caricias.
  • Centrarse más en lo positivo y en la aceptación de las diferencias, más que en lo negativo, el corregir y la crítica.
  • Dar ternura. Demostrar al niño en actos y palabras que lo valoramos y lo que-remos por ser lo que es.
  • Ofrecer seguridad y confianza.
  • Evitar las expectativas y exigencias que el niño no pueda cumplir.
  • Dar mensajes de que está bien y que nos importa que esté bien.

Esto significa aceptar al niño y comunicárselo, además, en la creación de un clima afectivo adecuado tenemos que incluir otro aspecto que es la cercanía o distancia que creamos en nuestras relaciones, esto es el espacio físico y psicológico.

ESPACIO FÍSICO Y PSICOLÓGICO

Al hablar de espacio físico nos referimos al arreglo, amueblado, diversiones, etc. El espacio psicológico es la posibilidad de tener cierto espacio personal donde cada uno pueda determinar sus límites, donde se pueda abrir o cerrar puertas. Es necesario que cada cual sienta que tiene un lugar que es suyo. Un lugar donde los otros tienen que pedir “permiso ” para entrar. Un lugar que uno sienta como personal, individual e independiente.

Pero también es importante tener lugares para estar juntos, compartir y hacer actividades en común.

Los adultos de la casa muchas veces necesitan su propio espacio, un lugar donde tener tranquilidad, intimidad y retiro. Un lugar sin ruido, gritos, peleas, preguntas. A muchos padres se les hace difícil decir no a los niños y encontrar espacio y tiempo para sí mismos. A otras familias, en cambio, les es muy fácil exigir respeto por sus necesidades y espacios, dejando a los niños fuera. Siempre es bueno mantener un equilibrio, retirarse a ratos a recuperar paz y energía, pero también es preciso dedicar el tiempo suficiente a los hijos, de modo de satisfacer sus necesidades de afecto, compañía y guía.

LAS METAS Y ACTIVIDADES EN LA FAMILIA

Es importante enseñar a los niños a planificar y distribuir su tiempo. Muchos padres piensan que durante la semana, los niños deberían dedicarse exclusivamente a estudiar, lo que no es cierto; todo niño necesita ejercicio físico y otros pasatiempos que son interesantes e instructivos.

Si se les ayuda a aprender como distribuir bien el tiempo, van a poder estudiar y, además, hacer otras cosas.

Finalmente, es bueno analizar la cantidad de energía desplegada por cada miembro de la familia en diferentes actividades. Si hay una energía dirigida a ciertas metas o una energía muy dispersa. Podríamos hacer un contraste entre los hogares hiperactivos y hogares en que se respira cierto ambiente de paz.

Muchas madres se quejan de la inquietud de sus niños, de que son demasiados ruidosos, que nunca están tranquilos, que siempre están saltando, etc. A veces, estas mismas madres no se ven a sí mismas; parten desde la mañana corriendo como locas, tratando de abarcar mil detalles, de hacer muchas cosas en un día, dando instrucciones constantemente, dirigiendo y pidiendo a otros hacer cosas, ordenando, etc. Obviamente, un ambiente familiar “electrificado ” en que se notan la tensión y el apremio por hacer las cosas, no dará a los niños una sensación de paz y de tranquilidad.

Una casa donde están funcionando la radio y la TV. al mismo tiempo durante todo el día, donde no hay silencio, todos entran y salen, abren y cierran puertas, donde no hay momentos de tranquilidad, va a transmitir una sensación de inquietud e impaciencia a todos los miembros de la familia.

En resumen, la casa debe ser un lugar acogedor, donde haya posibilidad de crecimiento en conjunto; la comunicación será abierta y positiva, las reglas claras y flexibles; las necesidades de todos serán satisfechas dentro de los límites que implica la convivencia, y cada uno tendrá más o menos claro cuales son sus derechos y sus deberes.

SER NIÑO HOY

Preguntarse que es ser niño hoy es pensar en lo que significó serlo ayer.

Los que tienen más de cincuenta años y menos de cuarenta nacieron fajados, duritos, con casi nada de movimiento y con la libertad encorsetada, comenzaron a crecer. Su desarrollo fue lento si lo comparamos con el de los chicos de hoy, que no tiene fajas ni la obligación de engordar para que se le formen rollitos. Todo es más ágil, más suelto, más libre.

Las fajas dieron paso de a poco a los pañales descartables; todo se fue haciendo más rápido, menos duro, más comunicado.

Pero así como se alivianó la ropa nos preguntamos ¿Qué pasó con la vida?. Toda época ha tenido cosas buenas y malas.

Si bien años atrás la vida comenzaba más restringida por las dichosas fajas, superada esa etapa y los miedos maternos, los chicos eran reyes de la calle.

Pasaron los años y para los chicos la calle ya no era tan libre, no les pertenecía tanto, y se fue haciendo anónima, ajena, peligrosa. La radio había perdido frente a la tele y la imaginación frente a la imagen.

Estos chicos habían visto el descenso del hombre a la luna y por imitación caminaban como los astronautas en el espacio. Comprendían de un plumerazo que era la gravedad y su falta, mientras que a los otros chicos, a los de antes, ese aprendizaje les había llevado horas y horas de física.

Comenzaban a hablar a sus padres como sólidos defensores de sus derechos y discutían con fluidez ciertas obligaciones. Los días pasaban con menos calles y había menos veredas dibujadas con rayuelas.

Siguen pasando los años y vienen otros chicos, pero ahora con ciertos códigos incorporados que a los adultos nos cuesta entender. Saben de video clips, de family games, de computadoras, de flippers. Juegan embelesados con la máquina. Manejan un alfabeto cibernético que muchas veces desconocemos: son nuestros hijos, pero también los hijos de la era tecnológica.

Son producto de la nueva generación con todo el avance tecnológico y traen aprendizajes que a nosotros nos costaron años adquirir. Pasan muchas horas frente a todo ese instrumental electrónico, y a lo mejor por eso hay menos color barrilete en el cielo y más color en la pantalla de los flippers.

Sin embargo hoy no debe quedar padre que niegue las bondades de estos avances y su influencia en el desarrollo intelectual de sus hijos, aunque a ve-ces piensen con inquietud si esa fascinación ante la pantalla no los estará privando de aprender en la relación con los demás, y eludan así el compromiso que significa enfrentarse a la bronca, los deseos, y necesidades de los otros chicos. Cada época tiene sus rasgos y quizás sea éste el que defina la nuestra.

En nuestros días hay gran preocupación por los niños, con el paso del tiempo los niños han ganado comprensión y libertad. Pero con rayuelas o video games, con faja o pañal, los chicos necesitan y tienen necesidades permanentes y nuevas.

El hombre pese a estar en la punta de la pirámide biológica, es el más indefenso, el que atraviesa la etapa dependiente más larga, el más desprotegido y por eso la necesidad está siempre presente en él.

Necesita el afecto y el respeto de los adultos. Necesita seguridad para desarrollarse, oídos que lo escuchen, miradas que lo acompañen, manos que lo guíen, madres y padres que asuman la responsabilidad de educarlo y cuidarlo. Necesita de otros niños con quien jugar, campos para correr, mares para nadar, cie-los por recorrer. Necesita de un lugar, de un espacio que como una “cuna afectiva” se agigante y desplace a medida que el crece.
Los chicos de HOY y los de MAÑANA, al igual que los de AYER, necesitan -sobre todo- que les demos AMOR. Mucho y del Bueno.

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