LOS VALORES EN LA EDUCACIÓN

LOS VALORES
Para el ser humano un “valor” es aquello que desea y que busca en función de sus necesidades, es decir, en función de lo que es y de los que sueña y quiere llegar a ser. Valores e identidad son en consecuencia , dos realidades inseparables. Son cualidades que poseen un contenido, el cual sólo adquiere significado a través de la persona que valora. La valoración es una forma de estimación de una cualidad para lograr un fin. Los valores, aunque sólo adquieran sentido a través de la persona, no son relativos porque no dependen de criterios individuales, sino que tienen su fundamento último en la naturaleza del ser humano.

Erich Fromm apunta: “Valioso o bueno es todo aquello que contribuye al mayor despliegue de las facultades específicas del hombre y fomenta la vida. Negativo o malo es todo lo que ahoga la vida y paraliza la disposición del hombre a obrar”. Los sistemas de valores (jerarquía) tienen una presencia determinada en el tiempo, es decir, responden al “signo de los tiempos”, poseen carácter histórico, sin que por ello se relativicen, ya que su fundamento último es el hombre mismo y por lo tanto tienen una dimensión universal.

Max Scheller define los valores como “cualidades de un orden especial, simplemente por su contenido. Es un carácter de las cosas que consiste en que éstas sean más o menos estimadas o deseadas para lograr un fin”, cuyo sentido depende del hombre, entendido como la persona que realiza la valoración. El conjunto de valores que perfeccionan todas las dimensiones de hombre, lo mismo en lo material que en lo espiritual y en lo individual como en los social, podemos agruparlos de la siguiente forma:
 Valores biológicos. Como el alimento, la salud, correspondiente a la dimensión material o biológica del hombre, se presenta como necesidades primordiales cuya deficiencia acarrearía deficiencia de la misma educación.
 Valores Intelectuales. El conocimiento, la creatividad, el razonamiento, etc. originan el mundo cultural, al cual el niño o niña tiene acceso por medio de la selección y valoración de sus padres.

 Valores Ecológicos. El cuidado, respeto y aprecio del medio en el que se desenvuelve la vida es un aspecto ineludible desde los primeros años de vida.
 Valores Morales. El respeto, la tolerancia, la solidaridad, la verdad, son los pilares de las relaciones afectivas con el mundo y con los demás.
 Valores Religiosos. Son propios de los creyentes, y su presencia o no en la educación a estas edades corresponde a los padres.

EDUCAR EN VALORES
Educar en valores significa favorecer el desarrollo del pensamiento, del análisis, del razonamiento y la afectividad, educar no solo con la razón sino con el corazón . Algo esencial y difícil para el maestro es transmitir los valores a través de las vivencias, y para esto es menester que cada maestro y animador socio cultural, pueda ayudar a que cada niño los descubra mediante experiencias significativas, de allí la responsabilidad que tienen en los valores que trasmiten y proponen, ya que es delicada la tarea de hacer que cada niño pueda captar y/o elegir los valores que se ajusten a sus sueños.

Si esto se hace con inteligencia, amor y transparencia, se garantiza que el ciudadano del futuro sea un ser humano juicioso, diligente, dinámico y seguro de sí mismo para integrarse a la sociedad. Clave esencial para el éxito, ya que en la medida que el niño o niña se sienta seguro de sí mismo, se evitarán los resentimientos que a la larga le impedirán ser auténticos.

Compartiendo las ideas expuestas, es necesario que nuestros maestros y animadores socio culturales, transmitan una nueva forma de vida inspirada en una cultura de paz donde estén presentes por encima de todo pensamiento, el respeto, la felicidad y la igualdad. Tarea laboriosa la de estos actores sociales, al tener que explicar, enseñar y hacer sentir ese respeto, felicidad e igualdad, cuando pareciera que no se tienen las herramientas que permitan que estos valores se internalicen, se sientan y se palpen para verdaderamente tener la conciencia de que son esos logros los que se aspiran y se quieren para alcanzar las metas y los ideales que cada uno de estos niños se ha trazado en sus mentes.

He allí también la gran responsabilidad de todos los padres de ayudar a abonar este terreno fértil, que permita sembrar nuevos frutos que garanticen una cosecha próspera y valiosa que avalen el esfuerzo de quienes quieren construir un país que esté a la altura del mundo contemporáneo. Donde se debe recordar que no son las diferencias de razas, ni las económicas, ni las sociales, ni las políticas, las que nos distancian sino las de la educación.

LA EDUCACIÓN PARA LOS NIÑOS
En la etapa de educación infantil, dada la inmadurez del niño o niña en estos momentos, corresponde a los padres decidir sobre los valores en los que van a basar la educación de sus hijos. Así, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU 10-XII-1948) de modo expreso afirma que los “padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”(art.26.3). En el mismo sentido y no en menor grado se recoge en nuestra Constitución (art.27.3).

El fundamento de esta unanimidad internacional parece evidente: Nadie mejor que quienes han dado la vida inacabada al ser humano, decidan entre múltiples opciones, el sentido y direccionalidad de su acabamiento, mientras el sujeto carezca de la capacidad suficiente para decidir. De hecho, el protagonismo de los padres, y más en la etapa de educación infantil, es insustituible. A ellos corresponde como ya hemos indicado, lo mismo en la familia como en centro escolar, decidir educativo o lo que es lo mismo, el conjunto de valores que den sentido y finalidad a la educación integral de sus hijos. Es decir, al conjunto de valores que perfeccionen todas las dimensiones del hombre.

Toda educación, pero sobre todo la destinada a los niños y los jóvenes, mira necesariamente hacia el futuro, pues tiene entre sus propósitos la formación de los adultos del mañana. Mirar el futuro siempre ha resultado una tarea difícil para los educadores, pues les exige ejercicios prospectivos que, por más “científicos” y rigurosos, no dejan de ser ejercicios de adivinación. En los tiempos actuales, estos ejercicios se hacen aún más difíciles, debido a la velocidad con la que están ocurriendo los cambios científicos y tecnológicos, y al ritmo al que se está acumulando la información. Estas transformaciones son de tal magnitud que ya se deja sentir su impacto en la organización económica, política y social del planeta entero, y junto con ello de los países en los que se divide geográfica y políticamente la población mundial.

Las transformaciones económicas, sociales y culturales que el mundo experimenta en el fin de siglo, y que afectan de manera particular a los países, plantean una serie de exigencias a la educación. Estas exigencias han sido objeto de reflexiones y propuestas que persiguen preparar los sistemas educativos para cumplir renovadamente viejas funciones y para enfrentar otras inéditas.

Para educar en los valores es necesario atender todos los elementos y dimensiones de la persona: cuerpo, alma, condiciones físicas, sociales, morales e intelectuales, afectos, sentimientos y emociones. De esta manera, la educación en los valores es integral. La educación debe ser integradora de la personalidad, no por “agregación” sino por “superación”; no consiste en acumular o agregar todos los aspectos de la educación sin excluir uno sólo, sino en realizar una síntesis que haga pasar al individuo a una situación que mejore la anterior, e integrarse a valores educativos superiores. Así, por ejemplo, la educación física o la sexual adquieren su plenitud con la educación moral e intelectual.

Educar en la libertad
Si los valores son opciones que requieren de la capacidad de elección, la libertad no sólo es la condición para elegir, sino también un valor. La libertad de opción, la libertad de ruptura y la libertad de adhesión son diferentes ángulos que presenta la “Libertad” con mayúscula. La libertad de opción debe ser crítica, humilde, comunicativa, basada en el amor; lejos de violentar, intenta la armonía. La libertad de ruptura hace alusión a su naturaleza dialéctica en tanto que cada opción significa, al mismo tiempo, una renuncia. Por ello, la única forma de asumir la libertad es la responsabilidad en tanto que afronta las consecuencias de la opción y la renuncia.
La libertad de adhesión es cuando uno se “pone a disposición”, es un compromiso, fidelidad a una causa o a un valor. Este ángulo de la libertad es tan importante como el de opción, ya que “una persona alcanza la plena madurez cuando ha elegido finalidades que valen más que la vida”.

LA EDUCACIÓN EN LOS VALORES ES UNA UTOPÍA.
Efectivamente, lo es, si entendemos por utopía “hacer posible lo deseable”, y si se trata del ser humano, de una persona, se convierte en una tarea que se presenta “imposible”, como diría Freud. Hemos abordado algunos aspectos filosófico-educativos que en el terreno de lo concreto se convierten en un arte, con lo que éste tiene de impredecible pero también de creativo y magnífico. Como arte, la educación sobrepasa el terreno de lo normativo y prescriptivo y llega a lo profundamente humano, a lo misterioso. En este sentido, la intuición juega un papel importante, sin que por ello se desconozcan las aportaciones de las ciencias como la pedagogía, psicología y filosofía.

Para educar y educarse en el mismo acto de educar, la creatividad y la imaginación desempeñan un papel muy importante. Fortalezcamos nuestra imaginación, nuestros sentimientos y deseos para aprender a educarnos educando. Dejemos a la imaginación desarrollar su fuerza y tratemos de hacer posible lo deseable, realizando cada día la utopía de educar.

La utopía: una sociedad altamente educada
Las líneas que siguen pretenden ser consecuentes con una visión de América Latina como una sociedad altamente educada. Una sociedad altamente educada tiene que ser una sociedad equitativa. La educación dentro de esa sociedad debe ser equitativa. En un país como el nuestro, debe dejar de ser selectiva: actuar en el sentido de impedir que sean razones de naturaleza socioeconómica las que determinen la suerte educativa y con ello la vida futura de los individuos.

Los hallazgos de las investigaciones que se han venido realizando con los datos del reciente estudio de PISA muestran con claridad que los sistemas educativos son capaces de mitigar los efectos del origen socioeconómico de los alumnos. Muestran además que no se contraponen la calidad y la equidad; más aún, de los seis países con mejores resultados. Por el contrario, los países con resultados inferiores a la media reportan diferencias entre escuelas superiores a la media. Calidad y equidad se refuerzan mutuamente y conducen a la verdadera excelencia: altos resultados para todos.

De las dos funciones que el célebre documento de CEPAL-UNESCO (1992) le asigna a la educación (la de preparar para la competitividad económica y la de formar para la moderna ciudadanía), esta perspectiva privilegia la segunda. Sostiene que una población participativa, profundamente democrática, crítica, organizada, respetuosa y defensora de los derechos humanos, preocupada por la justa distribución de bienes y servicios y del beneficio del desarrollo, será una población capaz incluso de juzgar críticamente el rumbo del desarrollo económico, de proponer vías de bienestar social, y de innovar desde lo productivo. La competitividad, como los propios organismos lo reconocen, requiere una fuerte ciudadanía y un país equitativo.

No se trata de conformarnos con formar ciudadanos capaces de adaptarse a las nuevas reglas del juego impuestas por la globalización; debemos perseguir formar seres humanos capaces de desarrollar el pensamiento alternativo y de hacerlo realidad. En esta época y en el futuro que desde ahora puede avizorarse, una sociedad altamente educada lo es fundamentalmente en áreas que tocan de manera muy especial el terreno de lo afectivo. Así, debe ser una población:

  • Educada en el cuidado del medio ambiente. Ello requiere desarrollar una profunda conciencia histórica que permita comprender la trascendencia generacional de los actos humanos. Educar para respetar el medio ambiente necesariamente implica formar en valores. Respetar el medio ambiente implica entender que lo que hace una generación se lo hereda a la que sigue.
  • Educada para el consumo inteligente, moderado y crítico, tanto de los bienes y servicios como de la información, cada vez más globalizada.
  • Capaz de utilizar creativa y productivamente su tiempo libre. Si la automatización ha de a conducir, más que al desempleo a disponer de más tiempo libre, entonces debemos educar para el servicio a la comunidad y para el servicio a los demás.
  • Con una fuerte identidad cultural y un equilibrado espíritu de nacionalismo, pero educada en el respeto y la valoración de la diversidad cultural
  • Educada en la democracia como forma de gobierno, pero sobre todo como forma de vida, lo que supone un desarrollo profundo de la responsabilidad social y política y del espíritu crítico. Debe llegarse a internalizar la responsabilidad cívica de participar en aquello que interesa a la persona, pero también en lo que afecta a otros.

LA RELACIÓN EDUCATIVA ES LA SÍNTESIS DE LA FORMACIÓN EN VALORES
La relación educativa, ya sea del hijo(a) con su padre o madre, o del alumno(a) con su maestro(a), es ante todo un “encuentro entre personas”, una relación interpersonal en que está comprometida la totalidad de cada persona involucrada; dado que el corazón es el centro íntimo y dinámico de la personalidad, también y de manera especial, está implicado en la relación educativa.

El encuentro educativo puede ser cooperador y, al mismo tiempo, conflictivo; incluso el cooperador no está exento de conflictos, pero siempre con el afán de superarlos en un sentido pedagógico y constructivo. La relación educativa significa amor, respeto, coexistencia pacífica y convivencia activa. Esta última lleva a la deliberación, la crítica, la capacidad de opción y la toma de decisiones.
En el plano psicológico la relación educativa establece condiciones de las que habla Carl Rogers:
 Confianza del niño y del joven en sus potencialidades, en la elección de sus caminos y en su propia persona.
 Comprensión empática, que significa tratar de ver el mundo desde el punto de vista del educando, de “ponerse en los zapatos del otro” para comprenderlo.
 Respeto absoluto, que supone la aceptación del educando tal como es, con sus propios sentimientos, experiencias y significados personales. El respeto abre al diálogo y a una auténtica relación personal.
 Tolerancia y ayuda, que significa crear un ambiente no violento, sino más bien permisivo, basado en la confianza y el amor.
 Colaboración, que hace compartir el trabajo, las ideas, los sentimientos, es decir, pone en común lo que se hace y piensa.