ORIENTACIÓN Y EL BIENESTAR DEL EDUCANDO (OBE)

INTRODUCCIÒN

La labor de tutoría es una respuesta a estas necesidades, en la que los tutores desempeñamos un rol muy importante, dedicándonos de manera especial a brindar orientación a los estudiantes de la sección a nuestro cargo y a facilitar que los estudiantes puedan conocerse, dialogar e interactuar entre sí.

El campo de estudio que se interesa por el desarrollo de la orientación en las instituciones educativas se denomina Orientación Educativa. La idea de implementar y perfeccionar estrategias para dar respuesta a las necesidades de orientación de los estudiantes tiene una larga historia.

La tutoría juega un rol fundamental en la tarea de brindar una formación integral a nuestros estudiantes, que los prepare para la vida como personas y miembros de una comunidad. Tiene por ello un carácter formativo y preventivo. Si bien la labor de orientación es inherente a todo docente, la complejidad del proceso de desarrollo y de las necesidades de los estudiantes llevó, históricamente, a concebir diferentes estrategias para intentar abordarla. La tutoría es una de las formas más innovadoras para asegurar que todos los estudiantes reciban orientación, involucrando directamente a los profesores, por eso su práctica se encuentra muy extendida alrededor del mundo.

La presunción básica de la tutoría es que cada estudiante necesita de un “adulto cercano” en la escuela, que lo conozca, en quién confíe y que se preocupe personalmente por él. A grandes rasgos, podemos decir que consiste en que los profesores (que reúnen las características) sean asignados como tutores de los distintos grupos-clase; responsabilidad que significa tanto realizar sesiones de tutoría grupal (la hora de tutoría), como dar apoyo individual a cada estudiante y mantener contacto con los padres de familia de su grupo-clase.
ORIENTACIÓN Y EL BIENESTAR DEL EDUCANDO (OBE)

Los estudiantes llegan a la escuela con lo que piensan y sienten, con sus deseos y proyectos, con sus preocupaciones y temores, así como con un mundo y una historia personales. Es muy importante que puedan conocerse y comprenderse, que reciban apoyo y orientación para favorecer su desarrollo como personas. Por ello, es necesario que los estudiantes cuenten con personas capacitadas y espacios dedicados específicamente para atenderlos, escucharlos y orientarlos en relación con los diferentes aspectos de su vida personal, poniendo especial atención en el aspecto afectivo.

Ya que todo docente ejerce una función orientadora, además del apoyo y orientación que los profesores brindan en sus clases y fuera de ellas, la tutoría asegura que los estudiantes cuenten con .,una persona (el tutor) y un espacio (la hora de tutoría) especialmente dedicados a su orientación y acompañamiento. Al sumarse, nuestra labor como tutores y profesores contribuye de manera más efectiva al desarrollo pleno de los estudiantes.

Esta tarea conjunta de los docentes, para acompañar y orientar a los estudiantes, tiene como horizonte la intencionalidad educativa expresada en el currículo, y contribuye a la consecución de los logros educativos planteados en él.

1.1. FUNDAMENTOS DE LA TUTORÍA
De acuerdo con la Ley General de Educación, Artículo 2°, por definición, “La Educación… contribuye a la formación integral de las personas, al pleno desarrollo de sus potencialidades…”.

La tutoría busca apoyar y potenciar esa labor a través del acompañamiento y la orientación de los estudiantes. Para que la tutoría contribuya a este fi n, debe sostenerse en tres aspectos fundamentales:
• El currículo
• El desarrollo humano
• La relación tutor-estudiante

A partir de esta concepción, se desprenden tanto los objetivos y las áreas de la tutoría como el perfil del tutor.

1.2. EL CURRÍCULO
El currículo expresa el conjunto de nuestra intencionalidad educativa, y señala los aprendizajes fundamentales que los estudiantes deben desarrollar en cada nivel educativo, en cualquier ámbito del país, con calidad educativa y equidad (DCN, 2005).

La tutoría es inherente al currículo1, es decir, forma parte de él, asume integralmente las propuestas del mismo. Es importante precisar que el hecho de que la tutoría sea parte del currículo, no significa que sea un área curricular. El currículo incluye, pero no se agota en las áreas curriculares; del mismo modo que la tutoría es más amplia que la hora de tutoría.

Por estas razones, la hora de tutoría se debe caracterizar por hacer énfasis en ciertos elementos como:
• Una especial atención por parte del tutor a la manera como viven y experimentan los estudiantes su proceso de desarrollo, la cual se suele expresar en las inquietudes, necesidades e intereses que los estudiantes experimentan cotidianamente.
• La labor de orientación se realiza fundamentalmente mediante la relación o vínculo que se establece con los estudiantes y es el tipo y la calidad de esta relación lo que facilitará el desarrollo personal de los mismos, por lo que el tutor debe buscar establecer una relación acogedora, de soporte, respeto y cercanía. Por ello, la comunicación y el diálogo entre el tutor y los estudiantes, y entre ellos, constituyen aspectos centrales de la tutoría.
• Las actividades que se desarrollan dentro de la hora de tutoría no requieren de notas o de calificación alguna. El sentido de la evaluación en tutoría es conocer el proceso o evolución por el que transita cada estudiante así como el grupo o sección en su conjunto, buscando identificar logros, dificultades, etapas, cambios, momentos significativos y, también, obtener retroalimentación sobre la labor tutorial realizada, para optimizarla.

1.3. EL DESARROLLO HUMANO
Hace referencia al proceso de desarrollo que atravesamos en nuestra vida. Es decir, al conjunto de cambios cualitativos y cuantitativos que ocurren en las personas entre el momento de la concepción y el de la muerte. Estos cambios son ordenados, responden a patrones, y se dirigen hacia una mayor complejidad, construyéndose sobre los avances previos. Se trata de un proceso de interacción entre la persona y el ambiente, que configura a cada uno de manera única.

El desarrollo humano es el primer factor a tener en cuenta en nuestra labor de tutores, pues la tutoría ocurre en el contexto del crecimiento y la maduración de los estudiantes. Durante los años de formación escolar, los estudiantes pasan por varias etapas de su proceso de desarrollo.
El desarrollo humano es un marco fundamental para la tutoría. Es muy importante que los tutores profundicemos y adquiramos conocimientos sobre el mismo. A partir del conocimiento de las características y necesidades comunes de cada etapa evolutiva, los tutores orientaremos nuestra labor para responder mejor frente a ellas, y así obtendremos mayores beneficios para nuestros estudiantes.

Los tutores somos facilitadores del desarrollo humano de nuestros estudiantes. Contribuimos a su formación integral, orientándolos en el proceso en una dirección beneficiosa, previniendo posibles dificultades y facilitando el desarrollo óptimo a través de las distintas etapas y tareas evolutivas.

1.4. LA RELACIÓN TUTOR – ESTUDIANTE
Desde que nacemos, y a lo largo de la vida, las relaciones que establecemos con los demás nos van formando como seres humanos; y en un complejo proceso de interacción con nuestras disposiciones innatas, se van marcando las pautas de nuestro desarrollo. Es también gracias a los otros como llegamos a ser nosotros mismos. Nuestros estudiantes necesitan de adultos que los acompañen y orienten para que el desarrollo de las nuevas generaciones sea óptimo.

La tutoría se realiza en gran parte a través de las relaciones que establecemos con los estudiantes. El aspecto relacional es, por excelencia, el que le otorga su cualidad formativa.

La manera en que el tutor se relaciona con sus estudiantes les trasmite un modelo. Para muchos, vivir relaciones en las que exista confi anza, diálogo, afecto y respeto, en las que sientan que son aceptados y pueden expresarse, sincera y libremente, será la principal ayuda que obtendrán de sus tutores.

Este aspecto enlaza la tutoría con la convivencia escolar, que consiste precisamente en el establecimiento de formas democráticas de relación en la comunidad educativa, para que la vida social de los estudiantes se caracterice por la presencia de vínculos armónicos en los que se respeten sus derechos. Los tutores ocupamos un lugar primordial en la labor de promover y fortalecer una convivencia escolar saludable y democrática, a través de las relaciones que establecemos con nuestros estudiantes y generando un clima cálido y seguro en aula.

Aprender lo que significa ser tutor y acompañar a nuestros estudiantes es un proceso permanente que requiere tiempo y se enriquece continuamente en el trato directo.

Dada la importancia de la relación que el tutor establece con su grupo-clase, la selección de los tutores debe tomar en cuenta que estos cumplan con un determinado perfi l, que indica un conjunto de actitudes y capacidades que giran en torno a los aspectos fundamentales de su labor y que se espera le permitan desarrollarla de manera exitosa

1.5. CARACTERÍSTICAS DE LA TUTORÍA
Podemos definir las características esenciales de la tutoría a partir de la concepción y los pilares descritos. La tutoría es:

FORMATIVA Mediante la tutoría ayudamos a que los estudiantes adquieran competencias, capacidades, habilidades, valores y actitudes para enfrentar las exigencias y los desafíos que se les presentarán en su proceso de desarrollo. Una relación caracterizada por la confianza, la aceptación, el diálogo, el afecto y el respeto entre el tutor y los estudiantes permitirá interiorizar estos modelos formativos.
PREVENTIVA Promueve factores protectores y minimiza factores de riesgo. No espera a que los estudiantes tengan problemas para trabajar en la hora de tutoría aspectos como: conocerse a sí mismos, aprender a comunicarse con los demás, asumir la responsabilidad de sus vidas, etc. Asimismo, por medio de la relación que establecemos con los estudiantes acompañándolos y escuchándolos, sentamos bases para orientar su desarrollo, evitar o reconocer las dificultades, cuando se presentan, y actuar en consecuencia.
PERMANENTE El estudiante recibe apoyo y herramientas que le permiten manejar las situaciones en su proceso de desarrollo durante su recorrido educativo.
Los logros y avances de los estudiantes se alcanzan, en gran medida, gracias al desarrollo de relaciones con el tutor y sus compañeros: un proceso que requiere tiempo y continuidad.

PERSONALIZADA El desarrollo humano es un proceso complejo en el que existen patrones comunes y previsibles, junto a un sinnúmero de factores hereditarios, ambientales y sociales que configuran de manera única y particular a cada uno, determinando múltiples posibilidades y desarrollos distintos. Por eso, debemos brindar atención personalizada a cada estudiante e interesarnos por este como persona, con sus características particulares.
INTEGRAL Promueve la formación integral de los estudiantes como personas, atendiéndolos en todos sus aspectos: físico, cognitivo, emocional, moral y social.
INCLUSIVA La tutoría, al estar integrada en el proceso educativo y ser tarea de toda la comunidad educativa, asegura atención para todos los estudiantes, no solo los que presentan dificultades. Cada sección debe contar con una hora de tutoría en la que los tutores trabajemos con todos los estudiantes del grupo-clase, orientando nuestra labor en función del proceso de desarrollo y de las características y necesidades comunes de cada etapa evolutiva, para mayor beneficio para todos.
RECUPERADORA En caso de estudiantes con dificultades, la relación de soporte y apoyo del tutor permite minimizar su impacto; pues detectarlas tempranamente permite intervenir oportunamente y disminuir complicaciones mayores.
NO TERAPÉUTICA La función del tutor no es reemplazar la de un psicólogo o psicoterapeuta, sino la de ser un primer soporte y apoyo dentro de la IE. Lo que podemos hacer como tutores es observar e identificar lo más temprano posible los problemas de los estudiantes emocionales, familiares, de aprendizaje, salud y otros, para darles soluciones adecuadas, y de ser necesario, derivarlos a la atención especializada

1.6. OBJETIVOS DE LA TUTORÍA
La tutoría persigue los siguientes objetivos:
OBJETIVO GENERAL Realizar el acompañamiento socio-afectivo y cognitivo de los estudiantes para contribuir a su formación integral, orientando su proceso de desarrollo en una dirección beneficiosa para ellos y previniendo los problemas que pueden aparecer a lo largo del mismo.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS 1° Atender las necesidades sociales, afectivas y cognitivas de los estudiantes a lo largo de su proceso de desarrollo.
2° Establecer un clima de confianza y relaciones horizontales entre el tutor y su grupo-clase, para que se den las condiciones que permitan a los estudiantes acercarse a su tutor, o a otros docentes, cuando lo necesiten.
3° Generar en el aula un ambiente óptimo entre los estudiantes, con relaciones interpersonales caracterizadas por la confianza, el afecto y el respeto, que permitan la participación activa y la expresión sincera y libre de cada uno.

1.7. FUNCIONES DEL TUTOR CON LOS ESTUDIANTES
A continuación presentamos las funciones del tutor con los estudiantes. Veremos que algunas son generales, otras se desprenden de las áreas de la tutoría (el tutor deberá priorizar aquellas que es más importante trabajar según las características y necesidades de los estudiantes a su cargo) y, por último, están aquellas que tienen que ver con acciones que van más allá de la labor de prevención, cuando se presenta alguna situación o problema especial que afecta a algún estudiante.

GENERALES:
• Realizar el seguimiento del proceso de desarrollo de los estudiantes, para articular respuestas educativas pertinentes.
• Planificar, desarrollar y evaluar las actividades de tutoría grupal.

1.8. ESPECÍFICAS DE CADA ÁREA DE LA TUTORÍA:
• Contribuir a la consolidación de la identidad y autonomía de cada estudiante.
• Facilitar la integración de los estudiantes en su grupo-clase y en el conjunto de la dinámica escolar.
• Facilitar el descubrimiento y desarrollo de las potencialidades, habilidades y destrezas de los estudiantes.
• Conocer las aptitudes, habilidades, intereses y motivaciones de cada estudiante para ayudarlo en la toma de decisiones sobre su futuro vocacional.
• Promover la adquisición de estilos de vida saludable en los estudiantes.
• Promover actitudes de solidaridad y participación social en los estudiantes.
• Favorecer que el estudiante valore su cultura y refl exione sobre temas de actualidad.
• Contribuir al establecimiento de relaciones democráticas y armónicas, en el marco del respeto a las normas de convivencia.

1.9. ANTE SITUACIONES O PROBLEMAS ESPECIALES DE LOS ESTUDIANTES:
• Detectar e intervenir en las problemáticas grupales o individuales que puedan surgir en el aula.
• Si un estudiante tuviera una dificultad que, además del apoyo brindado en la institución educativa, requiera atención especializada, el tutor deberá coordinar con el Director y los padres de familia para la derivación respectiva.
• Ante situaciones que vulneren los derechos de los estudiantes, el tutor deberá informar inmediatamente al Director sobre lo sucedido para que se tomen las acciones necesarias que garanticen el respeto de dichos derechos.
• Estas son las funciones del tutor con los estudiantes. Las presentamos en primer lugar porque ellos son la razón de ser y el aspecto central de la labor del tutor. De otro lado, para contribuir al bienestar de los estudiantes el tutor desempeña también algunas funciones con padres de familia y profesores.

II. EVOLUCIÓN DE LA ORIENTACIÓN EDUCATIVA EN EL PERÚ
Para entender mejor la actual propuesta de tutoría, es conveniente repasar sus antecedentes.

El tema de la orientación en la educación pública del país ha pasado por cuatro etapas.

PRIMERA ETAPA 1950 – 1960 DEPARTAMENTOS PSICOPEDAGÓGICOS Durante los años cincuenta y sesenta, algunas instituciones educativas crean departamentos psicopedagógicos o incorporan psicólogos a su personal. En ambos casos, estos se dedican a atender a los estudiantes que presentan problemas, como: bajo rendimiento académico, dificultades emocionales, indisciplina, maltratgho, etc. Esta forma de concebir la labor de la orientación se encuentra muy extendida y se sigue practicando en la actualidad.
SEGUNDA ETAPA 1970 ORIENTACIÓN Y BIENESTAR DEL EDUCANDO – OBE Orientación y Bienestar del Educando empieza en el contexto de la reforma educativa de los años setenta. Surge como una propuesta innovadora que busca integrar más la labor de orientación al sistema escolar. Esto se refleja, por ejemplo, en la creación del cargo de coordinador de OBE y de un lugar para las actividades de orientación en las clases regulares, con la hora de OBE.  
TERCERA ETAPA 1980 – 1990 PROCESO DE DESACTIVACIÓN DE OBE La propuesta de OBE va perdiendo presencia progresivamente en la vida práctica de la escuela dentro del proceso de desactivación de la reforma de los setenta, y muchas horas de OBE son utilizadas para otras actividades en las aulas. Paralelamente, se empieza a hablar sobre Tutoría, y algunos colegios desarrollan interesantes experiencias con esta nueva estrategia de trabajo.
CUARTA ETAPA 2001 OFICINA DE TUTORÍA Y PREVENCIÓN INTEGRAL – OTUPI La cuarta etapa se inicia en el 2001 con la creación de la Oficina de Tutoría y Prevención Integral. De esta manera, se retoma el tema de la orientación. Los retos de esta nueva etapa son: integrar las acciones de orientación educativa y fortalecer la tutoría en todas las instituciones educativas.

III. COMO ENSEÑAR A LOS PADRES PARA QUE SEAN MEJORES
Hoy en día todos sabemos que es muy difícil ser un buen padre, o tan solo un padre. Con el aumento de los divorcios, separaciones, madres solteras y las familias en las que el padre y la madre trabajan fuera de casa, el tiempo que queda para los hijos es muy escaso. Aun así, tengo el convencimiento de que, independientemente del ritmo de trabajo o de la situación vital de cada miembro de la familia, es posible ser mejor padre de lo que se es. Siempre tenemos tiempo para cambiar y mejorar.

3.2. LUCHAS DE PODER
Las luchas de poder se producen cuando alguien cree que ha perdido autoridad y quiere recuperar la sensación de control. Traen como resultado sentimientos negativos y es bastante difícil llegar a una solución satisfactoria, si no imposible. Los padres pretenden controlar a sus hijos y luego se sienten culpables por haber perdido la paciencia. Los niños se enfadan, se deprimen y fantasean sobre la manera de retomar el control sobre sus padres.

La sensación de pérdida de poder comienza a menudo a una edad temprana, y los padres que han experimentado esa sensación suelen transmitírsela al menos a uno de sus hijos, probablemente a aquel que tiene rasgos de carácter parecidos y que al padre no le gustan. Por tanto, los padres pueden evitar las luchas de poder siendo sinceros sobre lo que no les gusta de sí mismos. Comprenderse a sí mismo a través de la conciencia de uno mismo mejora nuestra labor como padres.

Para resolver las luchas de poder tome nota de los siguientes consejos:

  1. Haga preguntas en lugar de órdenes.
  2. Tenga un lugar donde esconderse cuando se desencadene una lucha de poder.
  3. Proporcione a su hijo más de una opción para elegir.
  4. La persona a quien usted tiene que controlar es a sí mismo, no a su hijo.
  5. Soltar una carcajada en mitad de una lucha de poder consigue pararla.

Enfrentarse a una lucha de poder de manera inteligente es el primer paso para convertirse en mejor padre.

3.3. CÓMO ALABAR Y CRITICAR A LOS NIÑOS
Las alabanzas y las críticas son juicios que una persona emite sobre otra. Saber comunicar dichos juicios mejorará la labor de los padres y su relación con sus hijos.

Elogiar al niño cuando él se lo espera sólo demuestra que el padre está haciendo lo que “debe” hacer un buen padre. Cuando el niño muestra un trabajo que ha hecho en el colegio y que él cree que es maravilloso, busca los elogios para reforzar sus propios sentimientos. Está bien concedérselos, pero es su propia opinión la que debe guiarle, no el juicio de los padres.

Cuando el niño sabe que ha hecho algo mal y no puede evitar que los padres lo descubran, la crítica y el castigo posterior ya se han formado en su mente, aunque todavía los padres no hayan intervenido. El niño sabrá cuando ha hecho algo mal si ha aprendido a juzgar sus propias actuaciones.

Decir cosas agradables a los niños cuando no se lo esperan tendrá un efecto duradero.

Es importante que el niño sepa que los sentimientos de su padre son positivos porque su opinión general de la vida es importante para él, aunque actúe como si no lo fuera. Por ejemplo, algunas de las cosas agradables que decir:

Se puede decir algo agradable sobre una característica personal favorable del niño para demostrarle que uno no siempre tiene que hacer algo para merecer elogios.

Se puede decir algo agradable sobre algo que haya hecho el niño, mostrándole que una buena actitud es una fuente de sensaciones gratas.

Se puede decir algo agradable de uno mismo para mostrar que la autoestima positiva es buena. Se le está diciendo con ello al niño que es posible sentirse bien con uno mismo sin buscar continuamente la aprobación de los demás.

Se puede decir algo agradable sobre otras personas para mostrar que está bien tener buenos pensamientos hacia los demás aunque no estén presentes.

Se puede decir algo agradable sobre un árbol, una puesta de sol o el color de un edificio para mostrar que es bueno obtener satisfacción de las experiencias cotidianas.
Se puede decir algo agradable sobre algo o alguien que también posea características que no nos gustan, para mostrar que la vida no es solo blanco y negro, y que bueno y malo a menudo van unidos.

Decir algo agradable no es necesariamente una alabanza, pero muestra que se tiene una actitud positiva, lo cual es muy necesario para los padres. Comunica una visión positiva de la vida que se transmitirá al niño.

3.4. LA IMPORTANCIA DE SER RARO
La mayoría de los niños cree que tiene algo raro. Suelen llegar a la conclusión de que son diferentes de los otros niños cuando empiezan la escuela. Una vez que el niño se da cuenta de que es raro, esto se convierte en un problema para él. Algunos niños nacen raros, y otros se convierten en raros debido a su educación. Les ocurren cosas tan extrañas e impredecibles que si sus padres también son un poco raros, podrán soportar mejor su propia rareza.

Con raro me refiero a un padre que es espontáneo. Un padre que de repente hace lo contrario de lo que espera su hijo. Un padre raro es aquel que no teme parecer tonto a los ojos de su hijo ni ponerse a su propio nivel y “actuar como un crío”. Ser raro es otra forma de reforzar los lazos entre padres e hijos. Los buenos padres establecen vínculos muy fuertes con sus hijos, aunque para ello tengan que renunciar al control absoluto.

Los padres raros tienden a respetar lo que les convierte en raros. Puede tratarse de un talento, un interés o una actitud por la que sienten pasión. Demuestran un compromiso con sus ideas que va más allá de lo normal. La pasión que sienten los padres por sus intereses es a menudo comunicada a sus hijos, que aprenden que apasionarse por algo no sólo es posible sino deseable. A una edad en que es raro adquirir fuertes compromisos, aprender esta lección puede ayudar a alguien a ser un hombre de éxito, porque los grandes logros suelen ser el resultado de una entrega apasionada.
A continuación les daremos algunas normas sobre cómo ser raros:

• Hay que encontrar tiempo para expresar pasión por algún interés en particular.
• El comportamiento de los padres no debe guiar el futuro del niño tanto como la vida interior, las intenciones, deseos y sentimientos de los padres.
• Hay que decir o hacer cosas de vez en cuando que el niño no espera.
• Hay que pasar mucho tiempo con los hijos a solas.
• Hay que hablar con los hijos de cosas que interesen al padre, aunque aquellos parezcan no entender de qué se está hablando.
• Hay que defender sus ideas con fuerza pero no exija que los niños tengan las mismas opiniones.
• No hay que ridiculizar algo que su hijo se toma muy en serio.
• Hay que tener alguna actividad creativa que su hijo le vea desempeñar.

Hay que dejar que sus hijos vean sus sentimientos. No tienen porqué ser necesariamente positivos. La rabia, la indignación y la confusión son emociones a las que su hijo debe aprender a enfrentarse.

Hay que entender que el proceso de crecimiento es irregular, episódico e incoherente. Ninguno de sus hijos tendrá un proceso de desarrollo perfecto. No se preocupe. Cuando el padre se gusta a sí mismo, los niños también acabarán gustándose antes o después.

3.5. ENSEÑAR A LOS HIJOS A HACER LAS COSAS POR SÍ MISMOS
Cuando los padres creen que deben hacerlo todo por sus hijos, tal vez los niños no aprendan a ser responsables por sí mismos. Los buenos padres son aquellos que hacen menos cosas por sus hijos, dejándoles asumir responsabilidades a ellos. Este es un ejemplo en que menos es más.
Los padres con demasiadas ganas de ayudar se arriesgan a incapacitar emocionalmente a sus hijos. El meollo de la cuestión es que los padres arrebatan el poder a sus hijos cuando hacen por ellos cosas que ellos pueden y deben hacer por sí mismos. La ayuda debe ofrecerse cuando ha sido previamente solicitada y debe ir dirigida a ayudar al niño a utilizar sus propios recursos para solucionar el problema. Si los niños dicen que necesitan ayuda, la pregunta que hay que hacer es: ¿Qué te gustaría que hiciera yo? Los niños que han pedido ayuda otras veces ofrecerán una respuesta razonable. Los niños a los que se les ha prestado demasiada ayuda tienen problemas para contestar porque no han analizado lo que necesitan para poder identificar los recursos que ellos mismos no poseen. Si el padre es selectivo a la hora de prestar ayuda, el niño aprenderá a tener más recursos.

Los buenos padres dan oportunidades a sus hijos para que aprendan a pedir ayuda y a controlar su capacidad para soportar la frustración, a la vez que aguantan su propio desasosiego cuando ven a sus hijos intentando solucionar un problema que les supera.

3.6. LA AUTOESTIMA DEL PADRE ES MUY IMPORTANTE
La mayoría de los buenos padres se preocupa por la autoestima de sus hijos y estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para fomentarla. Casi siempre tendrán que aumentar primero la suya propia. La autoestima podríamos definirla como la experiencia de andar por la vida con un sentimiento de bienestar y satisfacción. Por la tanto la mejor manera de aumentar la autoestima es buscar más experiencias que produzcan bienestar y satisfacción.

Para sentirse satisfecho como padre, hay algunos sentimientos básicos que hay que procurar experimentar:
• Hay que procurar divertirse.
• Hay que confiar en que sus hijos estén sanos y sean felices.
• Hay que creer que los demás le respetan a uno como padre.
• Hay que sentirse satisfecho con el trabajo que se realiza.
• Hay que luchar contra el exceso de ansiedad.
• Hay que creer que los hijos agradecen las contribuciones de los padres a sus propios triunfos.

Encontrar formas para experimentar más satisfacción en la vida familiar y en la labor de padres no es ningún misterio. Los buenos padres tienden a hacer cosas que la mayoría de los padres no hacen. Seguidamente les enumeraré una lista de sugerencias que han funcionado con otros padres. Si funcionan en su caso particular, su autoestima aumentará porque obtendrá más placer y satisfacción en su propia casa.

• Pase tiempo a solas con cada uno de sus hijos siempre que pueda para que no le distraigan las necesidades de los otros miembros de la familia.
• Tenga cofres con llave para cada miembro de la familia (incluido usted mismo) para que los “tesoros” privados de cada uno estén a salvo de la curiosidad de los demás.
• Pase tiempo todas las semanas a solas con su esposa/o, sin niños ni otras distracciones.
• Permita que la casa esté desordenada durante el día, mientras todos estén cumpliendo con sus obligaciones pero exija que participen luego de la limpieza por las noches. Al fin y al cabo, la casa es de todos.
• Tenga siempre algo disponible para comer que guste a su familia porque la comida es un factor importante de seguridad.
• Aprenda a planificar para no desaprovechar las oportunidades satisfactorias por la aparición de acontecimientos imprevistos.
• Establezca tradiciones familiares cada semana, mes o año.
• Eche a todos los demás de casa de vez en cuando para tener la sensación de que su casa es su castillo.
• Si no tiene amigos, consiga algunos rápidamente. A largo plazo, no se puede depender de la familia para satisfacer todas las necesidades sociales.
• Tenga un calendario en la cocina para establecer una valoración de cada día. Defina su propia escala. Esto le obligará a evaluar la calidad de cada día y a encontrar maneras de mejorar.
• Divida sus metas en etapas para que avance todos los días en la dirección adecuada.
• Si prefiere no enfrentarse a miembros de la familia verbalmente sobre algo que le molesta, déjeles notas.
• Escoja un día cada dos semanas y propóngase no gritar durante todo el día.
• Desarrolle su propia lista de cosas que puede hacer para aumentar su autoestima.
• Aprenda a decir “no”.

3.7. APRENDA A PEDIR DISCULPAS
Los padres siempre tienen razón, incluso cuando están equivocados. Es difícil superar este tipo de educación, se necesitan muchos golpes psicológicos, crisis espirituales y honestidad personal para ello. Por eso muchos de nosotros evitamos mejorar como padres hasta que es demasiado tarde y nuestros hijos son demasiado mayores para agradecérnoslo.

Los niños deben educarse en una sociedad mucho más compleja y peligrosa que aquella en la que fueron educados sus padres. Para aguantar y superar estos desafíos, los niños tienen que estar seguros de sí mismos.

Tenemos que olvidar la creencia de que pedir disculpas a los hijos implicará que somos demasiado blandos o que ellos tendrán un carácter débil. El mundo necesita más personas fuertes pero benevolentes. Los buenos padres lo consiguen y ésa es una razón por la cual sus hijos se elevarán por encima de la norma cuando sean adultos. Los padres que creen que la única manera de educar bien a sus hijos es tener un control absoluto sobre ellos casi nunca piden disculpas por haber cometido alguna ofensa. Los padres que necesitan mantener el control a toda costa son ciegos con respecto a su propio sentido de la irresponsabilidad. Antes o después, sus hijos aprenderán que sus padres carecen de credibilidad a pesar de las temibles muestras de enfado.

Negarse a pedir disculpas cuando uno se ha equivocado refleja una actitud paterna disfuncional. No vale disculparse si se utiliza como un truco para suavizar las cosas. Debe ser un acto sincero.

Disculparse puede enseñar a los hijos muchas lecciones importantes, al mismo tiempo que ayuda a mantener con ellos una relación sincera y realista. Aquí va una lista de lo que pueden aprender:

• Aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que, aunque estén equivocados, siguen siendo buenas personas.
• Aprenden que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores es importante.
• Descubren que pedir difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
• Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
• Aprenden que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus miembros.
• Aprenden la virtud de perdonar a los demás cuando pierden temporalmente el control.
• Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
• Aprenden que no es necesario alimentar rencores porque uno se sienta culpable por algo que ha hecho. Todo el mundo empieza a odiar a la persona hacia la que alberga un sentimiento de culpa.
• Aprenden a pedir disculpas a sus padres cuando les han ofendido, y a resolver sus remordimientos y su complejo de culpa.

Pedir disculpas a los niños cuando se les ha ofendido o tratado mal es el mejor método para mostrarles que son dignos de respeto. Los buenos padres tratan a sus hijos con más respeto que los padres normales, y es probable que sus hijos obtengan más éxito en este mundo tan complejo.
Piense en lo que hubiera sentido como hijo si sus padres hubiesen pedido disculpas por sus ofensas, en especial por las que todavía no se les ha perdonado. No cometa el mismo error con sus hijos

3.8. DIEZ PASOS PARA SER BUENOS PADRES
3.8.1. Demuéstrale lo mucho que le quieres.
Todos los padres quieren a sus hijos pero ¿se lo demuestran cada día?, ¿les dicen que ellos son lo más importante que tienen, lo mejor que les ha pasado en la vida? No es suficiente con atender cada una de sus necesidades: acudir a consolarle siempre que llore, preocuparse por su sueño, por su alimentación; los cariños y los mimos también son imprescindibles. Está demostrado; los padres que no escatiman besos y caricias tienen hijos más felices que se muestran cariñosos con los demás y son más pacientes con sus compañeros de juegos. Hacerles ver que nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus acciones o su manera de comportarse será vital también para el futuro.

Sólo quien recibe amor es capaz de transmitirlo. No se van a malcriar porque reciban muchos mimos. Eso no implica que dejen de respetarse las normas de convivencia.

3.8.2. Mantén un buen clima familiar.
Para los niños, sus padres son el punto de referencia que les proporciona seguridad y confianza. Aunque sean pequeños, perciben enseguida un ambiente tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en su presencia, pero cuando sean inevitables, hay que explicarles, en la medida que puedan comprenderlo, qué es lo que sucede. Si nos callamos, podrían pensar que ellos tienen la culpa.

Si presencian frecuentes disputas entre sus padres, pueden asumir que la violencia es una fórmula válida para resolver las discrepancias.

3.8.3. Educa en la confianza y el diálogo.
Para que se sientan queridos y respetados, es imprescindible fomentar el diálogo. Una explicación adecuada a su edad, con actitud abierta y conciliadora, puede hacer milagros. Y, por supuesto, ¡nada de amenazas! Tampoco debemos prometerles nada que luego no podamos cumplir; se sentirían engañados y su confianza en nosotros se vería seriamente dañada. Si, por ejemplo, nos ha surgido un problema y no podemos ir con ellos al cine, tal como les habíamos prometido, tendremos que aplazarlo, pero nunca anular esa promesa.

3.8.4. Debes predicar con el ejemplo.
Existen muchos modos de decirles a nuestros hijos lo que deben o no deben hacer, pero, sin duda, ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica. Es un proceso a largo plazo, porque los niños necesitan tiempo para comprender y asimilar cada actuación nuestra, pero dará excelentes resultados. No olvidemos que ellos nos observan constantemente y “toman nota”. No está de más que, de vez en cuando, reflexionemos sobre nuestras reacciones y el modo de encarar los problemas.

Los niños imitan los comportamientos de sus mayores, tanto los positivos como los negativos, por eso, delante de ellos, hay que poner especial cuidado en lo que se dice y cómo se dice.

3.8.5. Comparte con ellos el máximo de tiempo.
Hablar con ellos, contestar sus preguntas, enseñarles cosas nuevas, contarles cuentos, compartir sus juegos… es una excelente manera de acercarse a nuestros hijos y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Cuanto más pequeño sea el crío, más fácil resulta establecer con él unas relaciones de amistad y confianza que sienten las bases de un futuro entendimiento óptimo. Por eso, tenemos que reservarles un huequecito diario, exclusivamente dedicado a ellos; sin duda, será tan gratificante para nuestros hijos como para nosotros.

A ellos les da seguridad saber que siempre pueden contar con nosotros. Si a diario queda poco tiempo disponible, habrá que aprovechar al máximo los fines de semana.

3.8.6. Acepta a tu hijo tal y como es.
Cada crío posee una personalidad propia que hay que aprender a respetar. A veces los padres se sienten defraudados porque su hijo no parece mostrar esas cualidades que ellos ansiaban ver reflejadas en él; entonces se ponen nerviosos y experimentan una cierta sensación de rechazo, que llega a ser muy frustrante para todos. Pero el niño debe ser aceptado y querido tal y como es, sin tratar de cambiar sus aptitudes.

No hay que crear demasiadas expectativas con respecto a los hijos ni hacer planes de futuro. Nuestros deseos no tienen por qué coincidir con sus preferencias.

3.8.7. Enséñale a valorar y respetar lo que le rodea.
Un niño es lo suficientemente inteligente como para asimilar a la perfección los hábitos que le enseñan sus padres. No es preciso mantener un ambiente de disciplina exagerada, sino una buena dosis de constancia y naturalidad. Si se le enseña a respetar las pequeñas cosas -ese jarrón de porcelana que podría romper y hacerse daño con él, por ejemplo-, irá aprendiendo a respetar su entorno y a las personas que le rodean.

Muchos niños tienen tantos juguetes que acaban por no valorar ninguno. A menudo son los propios padres quienes, como respuesta a las carencias que ellos tuvieron, fomentan esa cultura de la abundancia. Lo ideal sería que poseyeran sólo aquellos juguetes con los que sean capaces de jugar y mantener cierto interés.

Guardar algunos juguetes para más adelante puede ser una buena medida para que no se vea desbordado y aprenda a valorarlos.

3.8.8. Los castigos no le sirven para nada.
Los niños suelen recordar muy bien los castigos, pero olvidan qué hicieron para “merecerlos”. Aunque estas pequeñas penalizaciones estén adecuadas a su edad, si se convierten en técnica educativa habitual, nuestros hijos pueden volverse increíblemente imaginativos. Disfrazarán sus actos negativos y tratarán de ocultarlos. Podemos ofrecerles una conducta aceptable con otras alternativas.

3.8.9. Prohíbele menos, elógiale más.
Para un crío es tremendamente estimulante saber que sus padres son conscientes de sus progresos y que además se sienten orgullosos de él. No hay que escatimar piropos cuando el caso lo requiera, sino decirle que lo está haciendo muy bien y que siga por ese camino. Reconocer y alabar es mucho mejor que lo que se suele hacer habitualmente: intervenir sólo para regañar.

Siempre mencionamos sus pequeñas trastadas de cada día. ¿Por qué no hacemos lo contrario? Si, con un gesto cariñoso o un ratito de atención resaltamos todo lo positivo que nuestros hijos hayan realizado, obtendremos mejores resultados.

3.8.10. No pierdas nunca la paciencia.
Difícil, pero no imposible, Por más que parezcan estar desafiándote con sus gestos, sus palabras o sus negativas, nuestro objetivo prioritario ha de ser no perder jamás los estribos. En esos momentos, el daño que podemos hacerles es muy grande. Decirles: “No te aguanto”; “Qué tonto eres”; “Por qué no habrás salido como tu hermano” merman terriblemente su autoestima. Al igual que sucede con los adultos, los niños están muy interesados en conocer su nivel de competencia personal, y una descalificación que provenga de los mayores echa por tierra su autoconfianza. Contar hasta diez, salir de la habitación…, cualquier técnica es válida antes de reaccionar con agresividad ante una de sus trastadas.

En caso de que se nos escape un insulto o una frase descalificadora, debemos pedirles perdón de inmediato. Reconocer nuestros errores también es positivo para ellos.

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