La Comunidad de padres de familia y la Gestión escolar

Los padres de familia al ingresar sus hijos a la escuela se vuelven parte de ella, los tiempos de las familias giran en gran parte en torno a ella. Ellos tienen expectativas y concepciones respecto a la escuela, poseen exigencias propias de cómo debe funcionar el centro escolar, tienen también una idea comunitaria de cómo deben relacionarse los maestros con sus alumnos, de cómo deben tratarse y disciplinarse los alumnos en el aula.

Los padres de familia se manifiestan de formas muy importantes en la escuela y le imprimen un sello especial a cada una, influyen determinantemente en la vida escolar, por ello es importante que la escuela tenga una gestión, en donde a los padres de familia se les tome en cuenta y trabajen organizadamente, ya que cuando la sociedad de padres de familia es un organismo vivo, las exigencias se presentan en forma comunitaria y adquieren una fuerza muy grande para transformar la escuela (Schmelkes, 2001).

La importancia de la participación de los padres de familia en la vida escolar, además, es por la función formativa que tienen hacia sus hijos, ya que es en el seno familiar en donde el niño empieza a formar sus expectativas hacia el futuro.

Para hacer viva la democracia en las escuelas y con ella la participación social, es necesario transitar de una gestión tradicional a una nueva gestión; es decir, hoy se requiere que los actores escolares aprendan a gestionar relaciones de mayor apertura, confianza, horizontalidad y nuevas prácticas que les permitan conformar una escuela que responda a las necesidades y prioridades del siglo XXI.

La nueva gestión de las escuelas plantea que éstas se abran a la participación activa y corresponsable de los padres de familia y de otros actores sociales interesados en apoyar la educación básica.

En una escuela donde se identifica y actúa sobre las necesidades, prioridades y demandas de este siglo, los actores centrarán su atención y esfuerzo en ofrecer un servicio educativo de alta calidad para sus estudiantes, como beneficiarios directos, y para los padres de familia y sociedad, beneficiarios indirectos. Asimismo, comunicarán a través de sus acciones que su valor fundamental está orientado a asegurar el logro de los propósitos educativos, y el perfil de egreso de la educación básica.

Una escuela donde se da prioridad a lo anterior es una escuela autogestora porque desarrolla la capacidad de generar, alinear y aprovechar los recursos humanos, materiales y financieros que le permiten atender la dinámica encaminada a favorecer el bienestar social de sus beneficiarios directos e indirectos.

La participación social en la educación no se obtiene por mandato o por decreto, implica generar nuevos aprendizajes que conlleven a:
• Desarrollar ambientes de confianza para la participación de todos.
• Liderar la participación de los actores escolares y trabajar en equipo, donde la colaboración es motor de desarrollo.
• Tomar decisiones compartidas con todos los actores participantes, llegar a acuerdos y compromisos para su atención y cumplimiento.
• Evaluar, planear, ejecutar y ajustar para mejorar continuamente los procesos y resultados educativos.
• Actuar con responsabilidad y corresponsabilidad, es decir, que los avances y logros son producto del esfuerzo de todos los que hacen la escuela día a día.
• Hacer transparente el ejercicio de los recursos públicos que se generan en la escuela o que se reciben a través de programas para beneficio de los estudiantes.
• Rendir cuentas de lo realizado y no realizado, de los pendientes y logros obtenidos, en función de los objetivos y las metas propuestos.

Lo anterior va conformando las bases sólidas para alcanzar la autonomía de la escuela y evidencia una nueva gestión escolar, cuya base es la construcción gradual y sostenida de la democracia.
El ambiente que se vive en las escuelas es un factor que contribuye o no al desarrollo, crecimiento y consolidación de la participación social. Lo deseable es que en las escuelas de educación básica se gestionen, a través de la apropiación de nuevos aprendizajes, las condiciones necesarias para hacer dinámica la participación social: donde las personas involucradas estén abiertas a las ideas y propuestas, que generen relaciones de confianza, que tengan gran capacidad de diálogo, y estén dispuestas a concertar acuerdos y compromisos para su puesta en acción, con transparencia en el ejercicio de sus recursos y con amplia responsabilidad para rendir cuentas sobre lo que se hace y lo que se logra con eso que se hace.

La participación social en la escuela es fundamental porque contribuye a alinear actores, recursos y propósitos, así como a la formación integral de los alumnos. De esta manera, la organización de la escuela y de las aulas se fortalece al contar con el apoyo de las familias y de otros actores externos, como proveedores de insumos y coadyuvantes en asumir diversas tareas que apoyen el aprendizaje de los alumnos.

La participación social activa y corresponsable en la escuela es un buen ejemplo para lograr que los estudiantes aprendan a participar con responsabilidad en la toma de decisiones, a organizarse para buscar el bien común a través de redes sociales, a generar comunidades solidarias y con un compromiso ético, a reparar el tejido social y rescatar los valores comunitarios, y a desarrollar las competencias que les permitan ejercer a lo largo de su vida una ciudadanía al servicio de la sociedad.