LA ÉTICA DE LA INVESTIGACIÓN EDUCATIVA

Existen interesantes discusiones acerca de la ética en la investigación educativa, planteadas desde una concepción internalista (Llobera, 1980) como las realizadas respecto al experimento de Milgram o al tratamiento de las cuestiones éticas, en la investigación de Rosenthal y Jacobson, L. (1968) sobre las expectativas de los maestros respecto a las posibilidades de éxito de sus alumnos. Sin embargo, nuestro enfoque está orientado, desde una postura externalista, al modo en que la producción y el discurso científico impactan en la sociedad, y se instrumentan para construir la propia realidad social.

  1. Definición de la Ética
    La definición de ética, ya que ha sido usada y desgastada a lo largo de muchos años de preocupaciones teóricas y prácticas.

Entre las acepciones del término ética, incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española (2001), se señala lo ético como: “Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana. Ética profesional.”

La palabra “ética” viene del griego ethos que significa “carácter”, “forma de vida”, y la palabra “moral” procede del latín mores que significa “costumbres”.

Ambos términos se refieren al mismo hecho, a la acción del ser humano y su convivencia con otros seres humanos, “debe aprender a vivir en paz y concordia con los otros. Para ello, ha de hacer suyos una manera de ser, unas costumbres, unos principios, normas o deberes. La vida en común tiene que ser necesariamente una vida conformada por unas reglas”. (Camps, 2003:160).

De acuerdo a Camps (2003:161) Se prefiere “utilizar el término “ética” a “moral” es porque éste último se asocia más con una moral doctrinaria en tanto “ética” tiene una connotación de universalidad, de moral laica que vale para todos”.

En este mismo marco, se define como “principio” una pauta general que inspira la acción. El término regla, norma o deber, en cambio, indican algo más concreto y más vinculado a la acción.

Cualquier indagación científica con participación de investigación humana necesariamente involucra cuestiones éticas, pero casi siempre “resolver el problema ético es una parte integral de una largo y con frecuencia, altamente ambiguo rompecabezas que debe ser resuelto en el mismo proceso de la investigación.”(Sieber, 2001:13)

¿Por qué la investigación debe ser un acto ético?
La posición de la ética en la investigación educacional es indudablemente central; su rol es preponderante en la mejora de la profesión de investigador educativo y en el desarrollo de nuevas maneras de afrontar los fenómenos contemporáneos que obligan profundización teórica y estudio científico. Si consideramos que el aspecto ético en la investigación educativa encarna una serie de elementos que deben dirigirse a beneficiar a nuestros participantes (y por consiguiente a nosotros mismos), urge preguntarnos hasta que punto nuestra propia relativización de la ética (asunto a veces insalvable) influye en nuestras tareas, y si una formación adecuada en ética en investigación por ejemplo- realmente neutralizará nuestros prejuicios y personalidades que nos hacen perder independencia en decisiones vinculadas a nuestra labor investigativa.

La investigación educativa es una indagación sistemática, que se mantiene en el tiempo mediante la planificación y la autocrítica, con necesidad de sometimiento a la revisión pública y de la comprobación de sus resultados (Stenhouse, 1998). Para el desarrollo de trabajos de alta calidad, los marcos de referencia para el desarrollo de investigaciones en educación se hacen necesarios, dado que a este proceso subyacen principios legales y éticos básicos que deben alcanzar tres objetivos fundamentales (APA, 2010).

  1. Asegurar precisión del conocimiento científico presentado.
  2. Proteger derechos y garantías de los participantes en la investigación realizada
  3. Proteger los derechos de propiedad intelectual del trabajo.

Reconociendo el campo interdisciplinario de la Educación, y manteniendo las distancias con otros grupos de investigadores y sus sistemas de códigos – salud, biología, política – los esfuerzos presentados por la British Educational Research Association BERA (2010) y la American Educational Research Association – AERA (2010a) demuestran la voluntad de ambas organizaciones en la propuesta de códigos y principios de conducta que orientarán las investigaciones educativas desde la ética.

En lo que respecta a la BERA (2010), luego de su declaración de 1992, en la cual reconoce las tensiones naturales de la investigación educativa por su acercamiento multidisciplinario y en un intento de buscar un campo de acción para la investigación educativa, presenta en el año 2004 una guía revisada de pautas éticas para la investigación educativa. Estas directrices se sustentan en ayudar a los investigadores educativos en todos los aspectos del proceso investigación, orientándoles en conseguir un nivel ético aceptable en sus investigaciones. Un aspecto interesante es el traspaso de la responsabilidad en la difusión de la propuesta, delegada a los propios investigadores ligados a la educación, que deben extender el conocimiento y la comprensión de la ética de su labor investigadora a educadores, políticos y la comunidad en general.

La propuesta expuesta considera que toda investigación educativa debe llevarse a cabo dentro de una ética de respeto por:
a. la persona,
b. el conocimiento
c. los valores democráticos,
d. la calidad de la investigación educativa y
e. la libertad académica. La dirección que pretende tomar es la de generar mayor responsabilidad de parte de investigadores con sus participantes, patrocinadores de la investigación educativa y la comunidad de investigadores educativos, en general.

Ética de Investigación: Desde los códigos hacia la formación del sentido ético
Cuando pensamos en la ética en investigación es inevitable pensar en sus códigos, que encarnan elementos característicos de conducta, tanto grupales como individuales, basados en la adhesión a un conjunto de principios explícitos e implícitos, abstractos e impersonales, o concretos y personales, que son divisibles en la ética absoluta y una ética relativa. (Zimbardo, 2007). En lo referido a la ética absoluta, se guía por principios morales de orden superior, invariables en el tiempo, en sus condiciones de aplicación, situacionalidad, conveniencia y personas. Este principio ético absoluto no permite grados de libertad para la justificación de medios ni consecuencias de actos en investigación que pueden ser perjudiciales para los participantes, incluso si están a nombre de la ciencia, o son por el conocimiento o la seguridad nacional, en extremo. Pero cuando lo anterior puede ser relativizado, el orden se altera, y nos direccionamos al campo de la ética relativa que presenta una funcionalidad compleja y controvertida, pues admite aplicaciones según contingencias, con criterios pragmáticos que son los que han modelado la investigación en la modernidad, a lo cual la investigación en educación no es ajena.

La condición ética de la investigación ha sido gobernada por una combinación de factores que se fundan desde los códigos de conducta específicos que intentan regir las prácticas que preservan la situación de prestigio profesional de los investigadores científicos de diversas disciplinas, entre ellos la investigación educativa. El sistema científico y de investigación contemporánea exige competir constantemente para la obtención de reconocimiento y crédito, lo cual se traduce finalmente en recursos y posición profesional de los investigadores, propiciando en algunos casos la emergencia de malas conductas éticas y fraudes revelados regularmente en ciertas personalidades narcisistas que motivan la predisposición a estas malas prácticas (Camí, 2008).

Una de las medidas de protección existentes contra el comportamiento no ético se funda en la capacitación en métodos de investigación, en la ética y en la propia experiencia práctica en la realización de investigaciones (Haggerty, 2004) lo que formaría investigadores altamente preparados que puedan hacer frente a situaciones irregulares que alteren sus acciones investigativas, y considerando esto los casos de Woo Suk Hwang y Eric Poelhman por ejemplo toman direcciones opuestas a lo presentado.

Ambos casos tenían en común una profunda preparación como investigadores científicos y en su momento ostentaron un amplio reconocimiento internacional. Woo Suk Hwang anunció falsamente entre los años 2004 y 2005 a través de la revista Science, la producción de células madre de embriones clonados y la extracción de muestras de pacientes enfermos, que podría provocar regeneraciones de cualquier tipo de tejido (Delgado López-Cozar, Torres Salinas y Roldan López, 2007), lo que fue desmentido y retirado de manera inmediata e incondicional, debiendo dar aviso oportuno a la comunidad científica de la invalidez de su trabajo por la adulteración de datos (Kennedy, 2006). Por su parte Eric Poelhman admitió la falsificación y/o fabricación de datos en 17 publicaciones y 15 subsidios federales de los Estados Unidos de Norteamérica (NIEHS, 2009), impactando esta falta de ética directamente en 15 de sus colaboradores y coautores de sus trabajos, siendo difícil cuantificar el perjuicio a la reputación de estos colaboradores profesionales, considerando que futuras posiciones profesionales de estos investigadores podrían verse negativamente influenciadas por tal situación (Dahlberg y Mahler, 2006). Frente a estos casos cabe preguntarse si la ética en la investigación es un elemento presente en las prácticas investigativas de los profesionales o solo es una declaración de principios que no reviste mayor importancia, y si la formación es un elemento de prevención de malas praxis.

Los dilemas críticos en la ética de la investigación educativa
La mayor parte de las investigaciones tienen potencialmente el riesgo de generar conflictos, estos permiten al investigador comprender sus responsabilidades a la ciencia, a la sociedad, a los estudiantes y a los participantes del proceso de la investigación (Smith, 2001) Los investigadores encontrarán que a veces es difícil seguir un principio ético sin violar algún otro, en esas situaciones, la meta es diseñar la solución más razonable. Lo que todos o la mayoría quieren o desean no siempre coincide con lo justo y bueno. (Camps, 2003:171) Es una situación de tensión entre el beneficio o riesgo individual y el beneficio o riesgo social o del uso del conocimiento.

La ética como proyecto de vida y la Investigación Educativa
La profesión de la investigación y la enseñanza está hoy, convocada hacia el compromiso que deriva de un proyecto de vida, coherente entre la teoría asumida, la metodología aplicada, los valores vividos, las actitudes cotidianas, el espíritu crítico y analítico desarrollado y los procesos de formación e investigación puestos en operación, identificados cabalmente por el ejercicio del diálogo.

Justamente esta propuesta de la filosofía, la ética, la lógica y la física vividas, expuesta por el filósofo francés Pierre Hadot, (2006) abona eficazmente a una discusión en torno a la dimensión moral de la enseñanza y la investigación en la práctica académica. Tal como rescata del pensamiento de los estoicos, (…) la filosofía no consiste en la mera enseñanza de teorías abstractas o, aún menos, en la exégesis textual, sino en un arte de vivir, en una actitud concreta, en determinado estilo de vida capaz de comprender por entero la existencia. La actividad filosófica no se sitúa sólo en la dimensión del conocimiento, sino de las del “yo” y el ser [… ] Se trata de una conversión que afecta a la totalidad de la existencia… (Hadot, 2006:27)

Siguiendo esta perspectiva, la escisión entre la investigación y la enseñanza por un lado, y la vivencia de valores de vida por otro es, absolutamente inadmisible. Los ejercicios se expresan de manera asombrosamente similar a los que efectuamos como parte de la práctica académica, así lo revelan los siguientes ejercicios tomados de textos de Filón de Alejandría rescatados por Hadot: (…) el estudio(zetesis), el examen en profundidad (skepsis), la lectura, la escucha (akroasis), la atención (prosoche), el dominio de uno mismo (enkrateia) y la indiferencia ante las cosas indiferentes […] las meditaciones (meletai), […] el cumplimiento de los deberes. (Hadot, 2006:27)

Desde el enfoque de Hadot, dichos ejercicios son de tres tipos: atención y meditación por un lado; de carácter intelectual (lectura, escucha, estudio y examen en profundidad) por otro; y finalmente, los ejercicios de carácter más activo (el dominio de uno mismo, el cumplimiento de los deberes y la indiferencia). (Hadot, 2006:27). Como se aprecia, son ejercicios habituales en la práctica de la enseñanza y la investigación. De manera especial destaca el consejo de los estoicos: “No debes apartarte de tus principios cuando duermes, ni al despertar, ni cuando comes, bebes o conversas con otros hombres” (Hadot, 2006:28)

Problemas éticos de la investigación educativa
Es necesario reconocer inicialmente la existencia de un conjunto de problemas éticos específicos, surgidos de las nuevas formas de producción de conocimiento (en ciencias aplicadas, psicología y educación, por ejemplo que han de llevarnos a ser conscientes de su continua existencia en la actualidad. Dentro de estos problemas se destacan según Muñoz (2008):

  1. la búsqueda desordenada de la competencia, con excelencia como meta a cualquier precio,
  2. la existencia de errores científicos generando retractaciones y/o retiro artículos publicados,
  3. los fraudes científicos,
  4. la adoración de los investigadores cualquiera sea su especialidad por el impacto de sus publicaciones científicas (fenómeno llamado impactolatría), y
  5. los conflictos de intereses en la práctica científica, en específico a lo concerniente a conocimientos prohibidos – investigaciones que pongan en riesgo la humanidad y los conocimientos como mercancías de valor

Es vital considerar a la ética en general como una disciplina que se pregunta directamente por las dicotomías entre lo bueno y malo, lo correcto y lo incorrecto. Está compuesta de principios morales, normas y procedimientos para el análisis de hechos y teorías sobre el significado y sentido de la vida humana. En cambio lo que corresponde específicamente a la ética de la investigación, es la generación de objetivos, políticas, leyes y estándares que deben respetarse, ya que en ellas intervienen directamente seres humanos (Drane, 2004). Por su parte, la ética profesional en la investigación educativa puede comprenderse como un conjunto de derechos y deberes de los investigadores participantes en este campo profesional (Jiménez García, 2008). Los códigos éticos que subyacen a estos deberes tienen dos funciones primordiales:

Identificar el estatus profesional de la categoría del trabajo de investigador educativo, estableciendo obligaciones, funciones, prácticas, etc., e

Intentar hacer explícito el ejercicio de la profesión de investigador educativo hacia el bienestar de la disciplina y de las personas a quienes está dirigida, por sobre cualquier consideración particular (Sandín, 2003). No ha de olvidarse que todas las investigaciones realizadas en situaciones que involucran a seres humanos tienen en todo momento una dimensión ética ineludible, y la investigación educativa no es una excepción.  

BIBLIOGRAFIA

• Rosenthal, R. y Jacobson, L. (1968). Pygmalion in the classroom: Teacher expectation and pupils intellectual development. New York: Rinehart and Winston.
• RAE (2001). Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición. Madrid: RAE.
• Rodríguez, M. (2006). El asesoramiento comunitario y la reinvención del profesorado. Revista de Educación, 339. Madrid: Ministerio de Educación.
• Llobera, J. (1980). Hacia una historia de las ciencias sociales. Barcelona: Anagrama.
• Camps, Victoria, (2003) Perspectivas éticas generales en Ibarra y Olivé (Eds.) Cuestiones éticas en ciencia y tecnología en el siglo XXI, Madrid, OEI, pp. 159-180
• Sieber, Joan E. (2001) Planning Research: Basical Ethical Decision-Making. In Sales and Folkman (Eds.) Ethics in Research With Human Participants, Washington, APA, pp. 13-26.
• Stenhouse, L. (1998). La investigación como base de la enseñanza (4ª Ed.). Madrid: Ediciones Morata.
• American Psychological Association – APA. (2010). Publication Manual of the American Psychological Association (6ª Edición).Washington: American Psycological Association, 2010.
• American Educational Research Association – AERA. (2010a). Ethical Standards. Consultado el 10 de Noviembre de https://www.aera.net/uploadedFiles/About_AERA/Ethical_Standards/EthicalStandards.pdf.
• British Educational Research Association – BERA. (2010). Revised Ethical Guidelines for Educational Research – 2004. Consultado el 07 de Septiembre de 2010 en http://www.bera.ac.uk/files/guidelines/ethica1.pdf.
• Zimbardo, P.G. (2007). The Lucifer Effect. How good people turn evil (1ª Ed.). Nueva York: Random House.
• Camí, J. (2008). La autorregulación de los científicos mediante buenas prácticas. SEBBM, 156, 24-29.
• Haggerty, K.D. (2004). Ethics Creep: Governing Social Science. Research in the Name of Ethics. Qualitative Sociology, 27(4), 391-414.
• Delgado, E., Torres, D. y Roldán, A. (2007). El fraude en la ciencia: Reflexiones a partir del caso Hwang. El profesional de la información, 16(2), 143-150. doi:10.3145/epi.2007.mar.07.
• Kennedy, D. (2006). Retraction of Hwang et al. Science, 308(5729), pp. 335.
• Dahlberg, J.E. y Mahler, C.C. (2006). The Poehlman case: Running away from the truth. Science and engineering ethics, 12(1),157-173.
• Camps, V. y Giner S. (2001). Manual de civismo. Barcelona: Ariel.
• Hadot, Pierre. (2006) Los ejercicios espirituales y la filosofía antigua. Biblioteca de ensayo. Madrid: Siruela.
• Muñoz, E. (2008). Dinámica y dimensiones de la ética en la investigación científica y técnica. ARBOR, 184(730), 197-206.
• Sandín, M.P. (2003). Investigación cualitativa en educación: Fundamentos y tradiciones (1ª Ed.). Madrid: McGraw-Hill/ Interamericana de España.