LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA VISIGODA

LAS INSTITUCIONES POLITICAS VISIGODAS

La monarquía visigoda fue electiva. En los inicios del Imperio visigótico, el rey era un caudillo militar, elegido por la asamblea de todo su pueblo con el ruido estruendoso de las armas; sus funciones consistían en conducir al ejército mandando sobre las tropas, administrar justicia y distribuir el botín. El crecimiento demográfico y la dispersión de los hombres de raza visigoda por el territorio de la Hispania, hizo tarea imposible la participación de todo el pueblo en la elección del rey. Entonces, intervenía de hecho solamente la aristocracia. Pese a que siempre conservó la monarquía visigótica un carácter electivo, fue cada vez más frecuente que un rey en el ejercicio de su poder, asociara a su hijo al trono en un intento de convertirla en hereditaria, empeño que nunca llegó a darse de manera duradera. El hecho de que fuese electiva la designación del monarca entrañaba el peligro del regicidio, frecuente sobre todo en los primeros reinados visigodos.

El monarca no estaba por encima de la ley. Pero este principio rector fue olvidado por algunos reyes arbitrarios. Para ser rey se requería ser godo, libre, de moralidad probada y no haber recibido la tonsura clerical. Por esta razón, la tonsura fue utilizada por medio justificatorio para destronar a algunos reyes como lo fue en el caso de Wamba. Al principio, los monarcas no usaban atuendo especial ni ocupaban un lugar de privilegio en las reuniones. En la época de Leovigildo, comienzan a sentarse en un trono, usaban diadema y corona y un manto de púrpura que cubría su cuerpo, a semejanza de los emperadores romanos.

El rey aglutinaba en su persona los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, sin más limitación o restricción. El monarca era también encargado de la hacienda y el jefe supremo del ejército, con el poder de declarar la guerra y ajustar la paz.

El rey debía tener dos virtudes principales: la justicia y la piedad. San Isidoro de Sevilla expresó que «muy laudable es en los reyes la piedad, pues la justicia es de por si severa.

En el ejercicio de sus funciones, el rey tenia el principio de asesoramiento del pueblo reunido en la asamblea. Después, la dispersión de los visigodos en el territorio de la Hispania, imposibilitó la realización de tales asambleas y surgieron otros organismos asesores que obraban en nombre del pueblo: el Senado, el Aula Regia y los Concilios.

El Senado o Consejo de nobles lo integraron los hombres más ancianos de donde proviene su nombre, el mismo que se constituyó a semejanza del Senado romano. Este Consejo se mantiene vigente hasta el siglo VI, en que es sustituido por el Aula Regia.

Su consolidación se opera bajo el rey Leovigildo. La función del Aula Regia fue la de aconsejar al rey en los asuntos importantes. El Aula Regia fue una asamblea permanente y consultiva más amplia y regular que el Senado que adquirió el carácter de necesidad imperiosa al complicarse y aumentar las activas funciones del rey. Estuvo integrado por los hombres acaudalados que residían en la corte como servidores adictos al monarca y que no tenían una función definida en la administración pública sino tan solo labores temporales que el monarca les encomendaba. Posteriormente, se sumaron a ella los nobles que ejercían cargos en provincias y, por fin, durante el reinado de Recaredo los obispos pasaron a formar parte de ella. Sus funciones fueron preparar las leyes, ejercer tareas judiciales y dirigir la hacienda pública en las provincias.
Los miembros de esta Aula Regia tenían la obligación de jurar fidelidad a cada nuevo monarca y presentarse ante él. Entre sus privilegios aparece el Derecho a ser juzgado por un tribunal especial de nobles.

BIBLIOGRAFIA

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 Paul Koschaker. Europa y el derecho romano. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado. Madrid, 1955. p. 28 y ss.