EL ALMA DE LA TOGA: Ángel Ossorio

INTRODUCCIÓN

Al analizar este libro de Ángel Ossorio se puede ver el enfoque y el tiempo dedicado al Estudio de la Justicia, el abogado es parte de ello como esta mencionado en este libro.
El abogado esta hecho de leyes y buenas costumbres. No todos son abogados, abogados son los que están de parte de la justicia.
La toga no es mito sino manifestación de espíritu judicial.
El tema de la ética de la abogacía guarda tan intima reacción con el desarrollo el alma de la toga.

CAPITULO I
QUIEN ES ABOGADO

Es importante señalar el concepto de abogado tal cual hoy se entiende.
Pío  Baroja, por boca  de unos de sus personajes expresa “ya que no sirves para nada útil, estudia para abogado.    En la actualidad hay uno o dos abogados que se han puesto la toga y saludado el código civil.
En este ejemplo que nos da el autor, el inventor de un explosivo o de una nave aérea, o de una partilla para la gripe, es abogado.
Señores hay que acabar con esa equivocación, el cual la cualidad del abogado ha venido a ser algo tan difuso polémico, ambiguo, tan irreversible.
La abogacía no es una consagración académica sino una concreción profesional. Nuestro titulo universitario no es de “abogado” sino de “Licencia en Derecho” que autorizo para ejercer la profesión de abogado”
En el abogado la rectitud de la conciencia es mil veces mas importantes que el tesoro de los conocimientos, primero es ser bueno, luego ser firme, después, ser prudente, la ilustración viene en cuarto lugar, la pericia en el ultimo.
El abogado es, en conclusión, el que ejerce permanentemente (tampoco de modo esporádico) la abogacía. Los demás serán licenciados en derecho, muy estimables, muy respetable, muy considerables, para licenciado en derecho nada mas.

CAPITULO II
LA FUERZA INTERIOR

Cualquiera que sea su oficio del hombre, debe fiar principalmente en si, al ponderar la confianza en la energía propia establezco la fe exclusiva en el poder  divino, porque los hombres no llevamos mas fuerza que la que Dios nos da. Fuera de nosotros están todas las sugestiones, doctrinarismo contradictorio para sembrar la duda,  sensualismo para perturbar nuestra moral, la critica para desorientarnos, el adversario para desconcertarnos, la injusticia para enfurecernos. Cuando se nos plantea un caso y hemos de formar opinión y trazar plan, algo nos dice “cuidado de juzgues sin leer el parecer de tu doctor amigo” . La palabra cordial nos induce a perder el sentido propio o para recobrar los ajenos. A todo esto, nosotros somos los únicos que no ejercemos a solas como el medico, el ingeniero, sino que vivimos en sistemática contradicción. Nuestro labor  no es un estudio sino un asalto, por ultimo hemos de afrontar constantemente el peso de la injusticia. Injusticia hoy en el resultado de un concierto donde pudo mas la fuerza que la equidad, un fallo torpe, injusticia posible siempre en lo que, con graciosa causticidad llamada don Francisco Silrela el majestuoso y respetable osar de la justicia humana. Frente a tan multiplicados agresiones, la receta es única: fiar en si, vivir la propia vida, seguir los dictados que uno mismo se imponga y desatender los demás. El abogado tiene que comprobar a cada minuto si se encuentra asistido de aquella fuerza interior que de hacerle superior al medio ambiente, y en cuanto le asalten dudas en este punto debe cambiar de oficio.

CAPITULO III
LA SENSACIÓN DE LA JUSTICIA

¿Donde tiene que recurrir el abogado para la orientación de su juicio y las fuentes de su actuación? ¿ con el estudio del derecho escrito? terminantemente lo niego, un literato a dicho que el derecho es como una mujer casquivana que se va detrás de cualquier hombre que haga sonar espuelas. Si se refiere al derecho positivo de cada día la imputación es de triste certeza, detrás de una violencia triunfante o si siquiera amenazadora, cambio al estado legal. has lo que en veinte siglos no lograron la razón ni la piedad lo esta logrando en pocos años esfuerza ascendente arrollador de las masas obreras, y a pesar agigantados surge un derecho socialista,  triturados del individualista exaltado que hace poco mas de un siglo culmino en la revolución. La autoridad, símbolo supremo del propietario, en la vida industrial ya se comporte hay con los obreros. Lo que al abogado importa no es saber el derecho, sino conocer la vida, el derecho positivo esta en los libros, se buscan se estudian y en paz. Pero lo que la vida reclama, amplitud sentimientos para advertirlo, será abogado. Por eso digo que la justicia no es fruto de un estudio, sino de una sensación. El organismo del derecho responde a una moral. En hombre necesita un sistema moral, para no ser juguete de los vientos; cuando se halle orientado moralmente, su Conciencia le dirá que debe aceptar o rechazar.Después de todo, esto es lo que los antiguos sostenían mediante el aforismo, lo bueno, lo equitativo, lo prudente lo cordial. Esto viene hace muchos mas antes y de mucho mas alto. 

CAPITULO IV
LA MORAL DEL ABOGADO

He aquí el importante, el dramático problema, cuales son el peso y el alcancen de la ética en nuestro campo del derecho. En que punto nuestra libertad de juicio y de conciencia ha de quedar constreñida por esos imperativos indefinidos.

La condición predominante de la abogacía es el ingenio porque se presume que su misión es defender con igual desenfado el pro que en contra y la fuerza de agilidad mental.

Por fortuna, ocurre todo lo contrario, la abogacía no se cimienta en la lucidez del ingenio, sino en la rectitud de la conciencia. Esa es la piedra angular, lo demás con ser muy interesante,  tiene caracteres adjetivos y secundarios.

PRIMERO: Malo será que evitemos y defendamos como moral lo que no lo es; pero si no hemos equivocado de buena fe, podemos estar tranquilos.

SEGUNDO: Pugna entre la moral y la ley, empieza por creer que no están frecuente como suele suponerse, cuando en verdad y serenamente descubrimos un claro aspecto moral en un problema, raro de ser, con mas o menos trabajo, no encontramos formula comparadora en las leyes.

TERCERO: Moralidad de causa e inmoralidad de los medios inevitables para sostenerla, hay que servir el fin bueno aunque sea con los medios malos.

CUARTO:Licitud o ilicitud de los razonamientos, nunca y por nada es licito faltar a la verdad en la narración de los hechos.

QUINTO: Oposición entre el interés del letrado y el de su cliente. No protendo referirme a la grosera antítesis del interés secundario. Porque esto no puede ser cuestión para ningún hombre de rudimentaria dignidad.

SEXTO: Considerar una sabrosa adivinanza que colette plantea nuestro oficio, hacer triunfar a la justicia a nuestro cliente, ¿iluminemos al tribunal o procurémoslo hacerla.

Cuando un abogado acepta la defensa, es porque estima aunque sea equivocadamente que la pretensión de su tutelado es justa, y en tal caso al triunfar el cliente triunfa la justicia y nuestra obra no va encaminada acejar sino a iluminar hay que ser refractaria al alboroto, soportar la amargura de una censura caprichosa e injusta, es carga ajena a los honores profesionales, debajo de la fuga hay que llevar coraza, abogado que sucumba al que dirán debe tener su hoja de servicio manchada con la nota de cobardía.

CAPITULO V
EL SECRETO PROFESIONAL

La cuáles cuidara muy bien de no divulgar lo sabido y solamente lo participara a otra personal que juzgara callarse como un muerto. Todos sabemos que el abogado esta obligado a guardar secreto y sabemos muy bine que el no guardarlo es un delito.

Esta materia de la revelación de los secretos es una de las mas sutiles, quebradizos y difíciles de apreciar en la vida del abogado. El abogado desempeña una función social, pero una cosa, es servir a la sociedad y otra muy distinta servir al Estado que es su mero representante precisamente la característica del abogado es no tener que ver nada con el estado y pelear con el frecuentemente ya que combate los fallos del poder judicial y los decretos ministeriales etc.

En el  empeño de encuadrar el secreto profesional dentro del marco de la técnica jurídica, han llegado a producirse chistosos extravíos. El abogado debe guardar el secreto a todo trance cueste lo que cueste. El secreto profesional, puede encontrarse en 3 conflictos, conflicto con su propia convivencia, conflicto con el interés particular ajeno y conflicto con un grave interés social.

Primer caso: a veces por guardar un secreto se puede formar la idea de nosotros.

Segundo Caso: cuando urge un pleito, el abogado depositario del secreto de su cliente perjudica al otro litigante guardando la reserva, la cuestión para ser abogado esta en decir si ese secreto que el sabe le permite defender el asunto o si de ha de mover o rechazarlo.

3er caso: Esto es grave. Se ha cometido un terrible asesinato, el abogado ha de entenderse relevado de guardar el secreto y debe descubrir la verdad, caso durisimo, desgarrador, pero disolución indiscutible.

El abogado debe de emitir su cargo y hacer publico lo que ocurre, injusto, pues de otro modo será cómplice de un delito.

El abogado no solo no esta obligado a mentir sino que no es licito hacerlo, la verdad debe ser su norma, además mentir es abrir la puerta a que puede recaer la responsabilidad sobre un inocente, todo esto envuelve una goma de peculiaridades de la conducta que no pueden entrar en definiciones de los autoes ni en los textos, solo la conciencia del abogado puede resolverlo con acierto.

CAPITULO VI
LA CHICANA

CHICAMA = triquiñuela = enviedo = mentira, embuste.

En el concepto publico la chicana es la cosa mas condenable de los abogados, en gran vicio de los pleitos es la trapisonda, el miedo, la delación maliciosa, la complicación interesada. Usando tales armas el abogado se deshonra pero la justicia se relativa, todos jueces viven prevenidos contra la chicama y procura evitarla y corregirla.

La chicana es lo mas vergonzoso de la administración de justicia, el escritor Ramos Gómez Masia dice que la misión del abogado es ganar pleitos y que para ello deben usar primero los argumentos de buena fe, la tranquilidad del espíritu , después los de mala fe porque esto en ocasiones tienen un peso decisivo en la balanza de la justicia.

PRIMER CASO: Durante el tramite de un pleito ordinario, surge gestiones para una transacción, el demandado teme perder el pleito y busca apasionadamente documentos o hacer menesteres análogas.

SEGUNDO CASO: en un pleito es decisiva la declaración de un testigo, cuyo dicho bastoral para resolver el asunto a favor de una de las partes.

TERCER CASO: un creador promueve juicio ejecutivo contra un deudor suyo apoyándose en un pagare firmado por este.

CUARTO CASO: Es innegable que el abogado no debe facilitar nunca la fuga de un procesado, la obligación de este es comparecer ante los tribunales, someterse a su fallo y cumplirlo.

El abogado que acude a una chicana sabe que usándola se juega un prestigio y puede incurrir en el desprecio de la opinión.

El abogado podrá delimitar la competencia científica, pero lo que tiene que estar siempre alerta y en centinela, es la conciencia.

Para el tratamiento de la chicana, lo mejor seria dejarse de frases huecas hay que tomar las cosas como son:

Hay casos que parecen buenos y son malos como cosas que parecen malas y son buenas, por ejemplo el homicidio es un terrible delito, pero puede ser excusado si se ha perpetrado en litigio defensa. El hurto es delito también, pero no se le debe condenar si se ha perpetrado por motivo de necesidad extrema angustiosa, lo mismo hay que enjuiciar la chicama.

Todo secreto esta en vivir la vida y no las frases hechas.

CAPITULO VII
LA SENSIBILIDAD

¿Puede un abogado ser frío de alma? No ¿Puede ser emocionable? Tampoco.
El abogado actúa sobre las pasiones, las ansias, los apetitos en que se consume la humanidad.
La sabiduría popular ha dicho acortadamente que “pasión quita conocimiento” y que “nadie es juez en causa propia”. Pero nada, prestado el esfuerzo, otorgada la compañía cordial, ni se puede ni se debe dar otra cosa, el triunfo como el fracaso han de hallarlo no solo tranquilo, sino emancipados de su imperio.
Cada cliente tiene derecho a disfrutar de la plenitud de nuestras facultades, y no puede se disculpa de nuestras torpezas la emoción de que seamos preso por el resultado de otros asuntos.
El abogado es como una balanza de precisión de un laboratorio, en separándose un milímetro del fiel, origina la intoxicación  o el fraude. En otro sentido hay que toma en cuenta la emotividad o lo que rinde y destroza al hombre no es el trabajo, por duro que sea, sino la serie inacabable de sensaciones que tienen en tensión el sistema nervioso y que son las características de la vida moderna, y especialmente de la vida del abogado.
Si en cada minuto reabriéramos los chispasos sin el pararrayos de la relatividad insensibilidad, moriríamos todos de rabieta. Hay que preparar la batalla con pasión y recibir impertérrito la noticia de resultado, tener ardor y no tener amor propio, amar y no preocuparse por el destino del objeto amado.

CAPITULO VIII
EL DESDOBLAMIENTO PSÍQUICO

Da este nombre el profesor Ángel Mojorana al fenómeno por virtud del cual “el abogado se compenetra con el cliente de tal manera, que pierde toda postura personal”.

Importa mucho detenerse a considerar si esa afirmación, hasta generalizarla, responde a un exacto concepto ético de nuestra profesión, de creerlo a negarlo hay un mundo de consecuencias contradictorias. Suelen optar por la afirmativa quienes mas se aprecian de enaltecer la abogacía, porque una función, mejor dicho, en esa sumisión de la personalidad propia a la del cliente ven a nuestra de alta y difícil abnegación, no puede desconocerse que toda renunciación del propio ser en servicio u homenaje ajeno envuelve un admirable desprendimiento, desdoblamiento psíquico como dice el autor.
El abogado no es un porteó, cuyas cualidades varían cada día según el asunto en que ha de intervenir,  es un hombre que ha de seguir su trayectoria a través del tiempo.
Cabe reducir la doctrina en la siguiente progrullada: el pleito vive un día y el abogado vive toda su vida.
El concepto desdoblamiento psíquico no ha interpretarse en el sentido que lo hace Majorana diciendo el abogado “yo no soy yo, sino mi cliente”, sino en la duplicidad de personalidades que desde tal punto soy yo mismo, usando facultades irrenunciables.

CAPITULO IX
LA INDEPENDENCIA

Esto produce un fenómeno de que juntamente con el derecho del cliente a ser atendido nazca el del profesional a ser respetado y que paralelamente a la convivencia del uno vaya al prestigio del otro.

El letrado ha de sentirse siempre colocado en un grado de superioridad sobre su defendido, como el confesor, tutor gerente. Por eso ha de huir cuidadosamente de los siguientes peligros.

a. Del pacto de cuato litis que las leyes antiguas prohibían y la opinión por regla general reprueba.
b. De la mujer a quien se ama, el amor rendimiento, encadenamiento, servidumbre.
c. De la familia, hay parientes comedidos y prudentes, que respetan la libre iniciativa tanto y mas que un extraño, pero son la excepción.
d. Del sueldo: teniendo que defender todo lo que gustan pleitear quienes pagan.
e. De la política: raro y difícil es quienes se afilian bajo un bandera, buscar un porvenir, no sufren cuando menos una deformación de juicio que les haga ser buenas todas las causas preservar cuanto lo contradigan.

Que la política sea una carrera un orgullo natural, a veces  quisquilloso, y un desde hacia todo lo que es oficial y jerarquizado.

CAPITULO X
EL TRABAJO

Siendo personalista la labor en todas las profesiones intelectuales quizás en ninguna lo sea tanto como en la abogacía, pero mas insustituibles aun son la conciencia y el carácter.

De estas innegables realidades se desprende que debemos esforzarnos en hacer por nosotros mismos los trabajos ya que el cliente tomo en cuenta al buscarnos, todos nuestras condiciones desde la intimidad ética hasta el estilo literario.

El litigante no requirió a un hombre con una toga puesta sino al abogado que con su padre, con su sistema de razonar, con su acometividad y sobre todo, con su prestigio son los extraídos.

Hay que trabajador con justo, logrando acertar con la vocación y siendo en el trabajo no solo un modo de ganarse la vida, sino la válvula para la exposición  de los anhelos espirituales, el trabajo la liberación, exaltación, engrandecimiento, de otro modo es insoportable esclavitud. El abogado o lo es con apasionamiento lírico, otro puede serlo, porque soportar de por vida una profesión que no se estima es miserable, solo comparable al de casarse con una mujer a la que no se ama, y lleva clavados tales espinas no tiene resistencia mas que para lo mecánico, para lo que puede hacerse con el alma dormida o ausente.

CAPITULO XI
LA PALABRA

“Las vistas no sirven para nada, debieron suprimirse[, claro que los abogados que aseguran esto solo pretende deprimir a la magistratura suponiéndola sorda – impermeable dejo con hombre ilustro al razonamiento oral. Hizo Moragall el elogio de la palabra en forma tan hermosa, noble, soberana.. Los hechos tienen, si , mas fuerza de la palabra, pero si las palabras previas los hechos no se producirán. Otras cualidades de oratorio florence:

a. La brevedad. “Se breve – aconsejaba un magistrado viejo a un abogado joven – la brevedad es el manjar de los predilectos jueces.
b. La diafanidad. En elogio de un abogado decía un magistrado “habla claramente, para que le entienda el portero de estrados; y si lo consigue, malo ha de ser que no lo entienda también alguno de los señores de la sala”. Hay que hablar con filtro.
c. Preferencia de los hechos “Es el abogado del hecho” Díaz Cobeña las opiniones que he asentado al tratar de la sensación de la justicia me excusan de un repetición.
d. La cortesía desenfada o el desenfado Cortes, esto es el respeto mas escrupuloso para el litigante adverso y para su patrono.
e. La policía del léxico. Buena será no olvidar que somos una aristocracia y que en todos las ocasiones, es la abogacía un magisterio social

CAPITULO XII
EL ESTILO FORENSE

¿Modestia? ¿Egoísmo? ¿indiferencia? Sea lo que sea lo cierto es que los abogados no nos damos la menor importancia a nosotros mismos, de nuestra profesión como si fuera una cosa insignificante trivial.
¿Qué abogado será aquel que no ame la justicia sobre todos las cosas y no sienta orgullo de ser sacerdote de ella?.

A poco meditemos nos hacemos cargo de que si amamos y trabajamos, poseamos, comemos, dormimos, es porque, muda e invisible, se atraviesa en todos nuestros actos esa diosa eterna que se llama justicia, si ella se duerme estamos perdidos.

No se puede ser juez, fiscal ni abogado sin el orgullo de estar desempeñando las funciones mas nobles y mas importantes pero la humanidad. El abogado es un escritor, orador, dos veces artista si no lo es, será un jornalero del derecho. Me he quedado corto porque en el abogado hay tres escritores: el historiador, novelista y el dialéctico.

Hoy ante todo, un historiador, porque la primera tarea del abogado es narrar hechos, narrar no es fácil, hay que exponer lo preciso, sin complicaciones hay que usar las palabras adecuadas y diáfanos.

Así en todo, el drama, la comedia y el sainete que pluto extraña, se forma con personajes y con hechos, retrasar aquellos y destacar estos es necesidad primordial en el letrado.

La primera condición del hombre de foro es la veracidad. Se dirá que esto se relaciona con la ética y no con el estilo. Así es pero de todos seortes, no esta de mas fijar esa virtud como la primera y mas esencial condición de nuestro trabajo.

CAPITULO XIII
ELOGIO DE LA CORDIALIDAD

Abogados y magistrados suelen vivir en un estado parecido al que la ley de orden publico llama “prevención y alarma” ambos piensan, el juez piensa del abogado ¿en que proporción me estará sometido para frustrarme la justicia?.
Ellos aconseja derrochar el esfuerzo para procurar a aquellos una depuración ética y para modificar la organización de estos términos que aseguran su independencia.
Abundan los defensores correctos, veraces, enamorados del bien. Aunque se nos nieguen otras virtudes habrá de reconocer que, día por día aumenta entre nosotros de la transigencia, que nos hace ser mas patriarca que combatientes. El hombre es igualmente capaz de todo lo bueno y de todo lo malo. A diferencia del perro, que solo es nítidamente apto para lo bueno.
Si nos miraríamos con ese sentido comprensivo lo que pedimos es justicia y los que otorgan, el régimen judicial se transformaría esencialmente hoy tiene un morado sabor a pugna, cada vocero choca con el otro y el tribunal con los dos. Se respira en el pretorco un ambiente como de recelo orgánico. Convenciéndose de que la labor de procurar la justicia es de índole experimental como otra cualquiera, con apoyo en la realidad y matices científicos, acabarían por tener los juristas el espíritu análogo a la de los biólogos, químicos.

CAPITULO X IV
CONCEPTOS ARCAICOS

Se comprendía tan brutal encadenamiento del juicio cuando los contratos tenían formulas sacramentales y era tasada la prueba. Hoy con el juicio de conciencia y la plena libertad contractual, es un absurdo, porque la verdad es que en el mundo.
Y no se ve también en ocasiones, que la palabra de bonos dada al informar por un letrado respetable sobre un lecho que no consta en porte alguna, influye considerablemente en el espíritu del tribunal.

Cada día cae por tierra uno de esos, formulismos hueros que embarazan, complican y que presentan como rito misterioso lo que en definitiva no debe ser otra cosa que dialogo ente gentes con sentido común. Y es lastima que todavía queden algunos en pie, como la cita del numero y articulo que autoriza el recurso, defendida por el tribunal supremo con una tenacidad digna de mejor causa

Ante casos tan flagrantes de injusticia penetrados en aros de ritualismo necios, deberían todos los magistrados piensen que ellos no solamente los ciegos todos los magistrados piensen que ellos no son solamente los ciegos ejecutadores de las leyes, sino también sus interpretes flexibles y discretos.

Por el tradicional desempeño de guardar lo aparatoso aunque pereciesen las realidades, es decir, por reverencia los cánones sin contenido.
CAPITULO XV
EL ARTE Y LA ABOGACIA

El insigne Angel Ganivet dice en unos de sus cartas a Naravio Ledesma que el abogado por el hecho de serlo es una bestia nociva para el arte y para otras muchas cosas. La abogacía mas que intereses rige pasiones, y aun podrían totalizarse, porque debías de cada interés hay también una pasión y sus armas se hallan mejor acomodadas en el arsenal de la psicología que en el de los códigos.
Si el abogado no es orador y escritor, no es tal abogado. Si el abogado no puede alcanzar ni aun ese limite mínimo que no yerga, la abogacía es profesión de señores y a la manera que el derecho de sufragio, debe estar vedada a los mendigos. Un abogado debe tener inexcusablemente lo siguiente:
a. Una revista jurídica española y otra extranjera
b. Una mitad según las aficiones, de todos cuantos libres jurídicos recomendando un dispendio, no me pongo fuera de lo racional.
c. Unos cuantos libros pongamos otros cincuenta de novela, versos, históricas, crónicas, crítica, sociología y políticas.
¿Novela? ¿Versos? Si, novela y verso, esa es la gimnástica del sentimiento y del lenguaje, la falta de lectura que excite la imaginación, amplíe el horizonte ideal y mantenga viva la renovada flexibilidad del lenguaje.

CAPITULO XVI
LA CLASE

Es una positiva manifestación de la ferocidad humana el odio entre artistas, literatos, cómicos, músicos.
Los abogados tenemos la distintiva contraria. Por lo mismo que nuestra misión es contender, cuando cesamos en ella buscamos la paz y el olvido. Apenas si de vez en cuando nos dedicamos un comentario mordaz o irónico o nuestro estado de alma es la indiferencia; nuestra conducta un desdén elegante. Hay una costumbre que acredita la delicadeza de nuestra educación después de sentenciado un pleito y por muy acre que haya sido la controversia, jamas el victorioso recuerda su triunfo al derrotado es el venado quien sude susator el tema felicitando a su adversario incluso ponderando sus cualidades de talento, elocuencia, convengamos en que caso no lo hacen los demas profesionales. La clase es el alto deber que a cada grupo social incumbe para su propia desorientación y para servir abnegadamente a los demás. Si los abogados procediéramos como clase habríamos intervenido en la evolución del sentido de la propiedad.

¿De verdad habrá quien crea, a estas culturas, que un abogado no tiene que hacer mas que defender pleitos y cobrar minutas?

Dios quiera que acertemos a seguir tal derrotero. No basta que cada abogado sea bueno, es preciso que juntos todos los abogados seamos algo.

CAPITULO XVII
COMO SE HACE UN DESPACHO

Claro que la conducción inexcusable para triunfar en una profesión es saber ejercerla.

Mas sería remilgo desleal sostener que la sabiduría y el estudio lo pueden todo. Consideremos en breve renglones los medios que un letrado tiene para adoptarse a conocer.

A. La asociación: estableciéndose bajo una razón social dos o mas compañeros o creando entre varios un consultorio.
B. El anuncio: algunos lo admiten, afortunadamente la mayoría lo considera como una degradación.
C. La exhibición: es una acepción noble, para venir a parar en que ese es el único medio lícito de darse a conocer.

Mientras un letrado está en su primera juventud y se limita a dar noticias, no creo que puede criticarse esa manera de ampliar el circulo de sus relaciones

¿Merecera la pena hablar de los compañeros que se han dado a conocer como letrado después de haber sido ministros y solo por haberlo sido?. Creo que no son casos aislados y no constituyen sistemas el abogado por ventura resulta para politico, todos debemos alegrarnos de su advenimiento a la toga, puesto que la honra con su saber.

CAPITULO XVIII
ESPECIALISTA
Sin desconocer las excelentes de la división del trabajo soy mas por intuición que por examen.

En lla abogaciía la especialización toca los limites de los absurdos, nuestro campo de acción es el alma y esta no tiene casilleros.

El abogado que por mercantilista asesora a un banco debe saber también perseguir a un dependiente infiel o a un falsificador.

En muchos delitos contra la propiedad la linea divisoria entre lo civil y lo penal es apenas perceptible. Otros litigios presentan con toda claridad los dos aspectos, y simultáneamente hay que sostener un pleito y una causa, combinando minuto por minuto, los medios de una y otra persona. El abogado teme buscarla donde este y aplicarla donde proceda.

Para el abogado no debe haber más de dos clases de asuntos, unos aunque hay razón y otros enque no no la hay.

CAPITULO XIX
LA HIPERBOLE

Es frecuentísimo en muchos abogados el purito de ponderar la gravedad de los litigios en que intervienen, hasta la mas absurda exaltaciones.

La Vida, dentro de su gran complejidad, suele ser de una vulgaridad gris. A veces efectivamente brotan, la tragedia, escándalo, y resultan ajustadas los empricaciones, la indignación el temor y el llanto.

El signo espiritual de nuestra profesión es tener una comprensión mayor que la común para todas las cosas humanas y una percepción sutil de todas las grandezas y todos las miserias. Una convicción de la tesis que sustentamos un ardimiento regulado siempre la ley de la necesidad un escepticismo amable, una generosidad franca para aceptar que en cada hombre cabe todo lo malo y todo. Una expresión austera con propensión mas ordinaria a la ironía, son prendas muy adecuadas para el abogado no salga de su área ni se confunde con aquellos a quienes ampara.

Mire bien si el caso lo merece o no; y en caso de duda, haya de la hipérbole y aténgase

CAPITULO XX
LA ABOGACIA Y LA POLITICA

La abogacía no ha trazado rumbo a la políticas la política es la que marco el rumbo de la abogacía. La politica no tiene profundidad, amplitud ni grandeza en la internacional, en los problemas sociales, ni en la mecánica interna. Ahora que en nuestro tiempo es evidente, la decadencia y la postración política, gobiernan profesionales de varías ordenes : militares, ingenieros, médicos, periodistas abogados.
Lo que viene sucediendo con esta materia es lo contrario de lo que piensa el Vulgo: que en la política ha introducido la exégesis íntimos, mas no el sentido de la abogacía.
El abogado que interviene en la vida política aporta en ella más que el labrador, fabricante, obrero que solo conocen su caso y viven influidos por el y mas también que le teorice, pues éste se posea por la doctrina y excusa la minucias importantisimos de la realidad. No es fácil hallar la influencia de tales hombres, porque existen muy pocos.
Es la política la que ha influido en la Abogacía, perturbándola, desquiciándola, deprimiéndola, ordinariamente, la influencia no se produce por las siguientes causas:
a. Porque al político le tiene sin clientes completamente sin cuidado.
b. Porque el magistrado exequible, por su misma condición, teme el escándalo en los tribunales colegiados, las influencias políticas y contradictorias y se contrarrestan.

CAPITULO XXI
DEFENSA DE LIBERTAD

Abogados han sido los que han decretado que puede excusarse su mediación en lo confencioso – administrativo, en los juicios de responsabilidades  de funcionarios públicos, en los tribunales industriales y en las diversas actuaciones señaladas en el Artículo 10 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

Este punto de vista nos conduce a establecer un sistema seguro en lo concerniente a la libertad de defensa.

Ahora viene la excepción, Un litigante que informa en su propio nombre si lo hace mal o daña a nadie más que a sí mismo.- Tan convencido estoy de que debe irse ganando pasos en la emancipación del justificable, que doctrinalmente soy partidario de que se consienta recabar al patrocinio de tercera persona, aunque no bastante el título Abogado.

Quizás esto pudiera conjurarse defiriendo en cada caso al Tribunal la potestad de admitir o rechazar la actuación de ese tercero no togado.

CAPITULO XXII
EL AMIANTO

Tengo a los financieros mucha consideración porque sin su capacidad de iniciativa, sin su sed de oro, sin su acometividad y sin su ética maleable, muchas cosas buenas quedarían inéditas y el progreso material seria mucho mas lento.

Al hablar del novísimo Abogado financiero no me refiero a quienes para tan simpáticos menesteres evacuan consultas, redactan estatutos y asesoran verbalmente a Juntas y Consejos, sin a aquellos otros de quienes alguna vez se nos dice para deslumbrarnos.

Poder y riqueza, fuerza y hermosura, todas las incitaciones, todos los fuegos de la pasión han de andar entre nuestras manos sin que nos quememos. El mundo nos utiliza y respeta en tanto en cuanto tengamos la condición de amianto.

CAPITULO XXIII
LOS PASANTES

Para la generalidad de los licenciados, las obligaciones del pasante aparecen establecidas en este orden:

  1. Leer los periódicos
  2. Liar cigarrillo y fumarlos en abundancia cuidando mucho de tirar las cerillas, la ceniza y las colillas fuera de los ceniceros y escupideras.
  3. Comentar las gracias, merecimientos y condescendencias de las actrices y cupletistas de moda.
  4. Disputar siempre a gritos, sobre política, sobre deportes y sobre el crimen de actualidad
  5. Ingerir a la salida del despacho cantidades fabulosas de patatas fritas a la inglesa, pasteles, cerveza y vermouth.
    Por donde se llega a la conclusión de que los Abogados tal vez no lograremos forman la mente de nuestros pasantes, pero involuntariamente, influimos sobre la orientación de su conciencia.
    La enseñanza del bufete no tiene otra asignatura sino mostrarse el Abogado tal cual es y facilitar que le vean sus pasantes. No hay lecciones orales, ni tácticas de dómine, ni obligaciones exigibles ni sanción. El gran Abogado tiene multitud de quehaceres abogaciles, complicados casi siempre con la vida política, la científica o la financiera, y le falta tiempo para conocer siquiera a la muchachería.
    Siendo esto tan evidente, es deber moral en los Abogados favorecidos por el éxito hablar con claridad, aunque hayan de afrontar algunos enojos, y negarse a admitir mas pasantes que aquellos a quienes seriamente pueden atender.

CAPITULO XXIV
DEFENSA DE LOS POBRES

Los colegios de abogados se bastan para el menester, lo han cubierto con acierto desde tiempo inmemorial, y debieran tomar como grave ofensa el intento de arrebatárselo.

El abuso de las pobrezas ha llegado a ser, efectivamente, motivo de positiva alarma para todo el que tenga algún interés que guardar.

Un pobre tiene que litigar contra una empresa. Al pobre no se le permite valerse de Abogado de su confianza y se le entrega en manos del Fiscal.

Las medidas que cabría aplicar son, a mi entender las siguientes:

  1. Cuando uno de los litigantes utilice el beneficio de pobreza el otro quedará revelado del uso del papel sellado y de todos los gastos que produjesen en el Tribunal.
  2. Si el litigante pobre fuese condenado en costas y no las satisficiere, el Tribunal tendrá en sus libres facultades decretar el apremio personal por insolvencia a razón de un día de prisión por cada 25 pesetas no pagadas.
  3. Igualmente tendrán facultad los Tribunales para declarar solidarios en todo o en parte del pago de las costas al Abogado y al Procurador que hayan defendido al litigante pobre.
    CAPITULO XXV
    LA TOGA

Nunca olvidare la extrañeza, entre asombrada y zumbona, que mostraron unos compañeros argentinos a los que enseñé nuestra toga y nuestro birrete.

En una sociedad ideal donde el pueblo sintiera el bien por el mismo, pusiera espontáneamente su voluntad en estrecha disciplina, acatase los valores y mantuviese en tensión su sensibilidad sin necesidad de excitaciones del exterior, sobrarían y aun serían ridículos banderas y estandartes, cintas y galones músicas y estrados.

La toga pues, no es por sí sola ninguna calidad, y cuando no hay calidades verdaderas debajo de ella, se reduce a un disfraz irrisorio.

La Toga es, ante el publico, diferenciación por ella se nos distingue de los demás circunstantes en el Tribunal, y siempre es bueno que quien va a desempeñar una alta misión sea claramente conocido.

CAPITULO XXVI
LA MUJER EN EL BUFETE

Un abogado soltero, por talentudo y laborioso que sea siempre resultará Abogado incompleto.

Los verá con el cerebro no con el corazón y ya dicho reiteradamente que el cerebro solo es bien poca cosa para abogar.

Algún colega, con la experiencia de que se suele alardear entre los veinte y los veinticinco años, guiñará el ojo, entre los veinte y los 28 años, guiñara el ojo, entre malicioso compasivo y preguntara:

Hay que crear – Porque el desventurado que no crea en la mujer ¿a dónde irá a buscar el reposo del alma?.

CAPITULO XXVII
HACIA UNA JUSTICIA PATRIARCAL

En breve esbozo me ocuparé de ellas.

PRIMERA: Por ley natural. Al hombre le fue dada la palabra para que, mediante ella, se entendiera con sus semejantes. En el procedimiento escrito, el Juez no puede entretenerse en enviar comunicaciones a los abogados para los fines dichos.

Un pliego de papel no permite adivinar la verdadera posición íntima del escritor. Suele decirse que “el papel lo soporta todo”. Por algo la sabiduría popular estableció este aforismo “hablando se entiende la gente”.

SEGUNDA: Una de las necesidades mas apremiantes para la justicia es que los asuntos no duren sino lo estrictamente indispensable. Un juicio criminal puede ofrecer tantas complicaciones como un juicio civil.

TERCERO: La existencia de una o de dos instancias, el sistema de juicio oral o de apelación con informes verbales.

CUARTA: Puede entender todas las razones o dejar de entender algunas y en este último caso no tiene a quién pedir mejor explicación.

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Si a un Abogado hispánico se le dijera que no iba a poder exponer sus razones de viva voz ante un Tribunal que le escuchase en audiencia pública, no concebiría la razón de su oficio. A veces los abogados haríamos determinadas afirmaciones, a veces los Magistrados se desentenderían de determinados particulares. Mas ni unos ni otros no atrevemos. Fuera de la barra se encuentran las partes interesadas, sus familiares y amigos, los pasantes de letrado, los procuradores, la gente de la casa que tiene idea del asunto y quiere saber como se desarrollo, los periodistas y los curiosos anónimos que han entrado en la Sala sencillamente “para ver lo que pasa”.

La opinión es en definitiva el Tribunal de última instancia.

SENCILLEZ

Los abogados retenemos como preciadísimo tesoro una colección de arcaísmos que nos incomunican con el mundo (enfiteusis, locación, parafernales, ológrafo, quirografirio, posiciones, deponer, interlocutorio, “litis-expensas”) si bien es justo proclamar que tal uso decrece por momentos.

La técnica judicial no sigue esos ejemplos ni inician ahora tales orientaciones.

Contando pues con la publicidad, la oralidad, el Tribunal Colegiado y la instancia única, trazaré ahora el esquema del procedimiento civil:

A. El demandante presentará su demanda escrita con los documentos que la justifiquen y la proposición de sus pruebas.
B. El tribunal dará traslado de todo al demandado y citará a ambas partes al juicio previniéndolas que acudan con las pruebas de que intenten valerse.
C. Las partes discutirán sus tesis respectivas con la extensión y en los términos que el Tribunal señale.
D. Si alguna de ellas no pudiera efectuarse en local de la audiencia se dará comisión para que la practique donde corresponda al Magistrado ponente asistido del secretario.
E. Terminada la audiencia, el tribunal se reservará un plazo no superior a diez días para discutir privadamente la sentencia.
F. Durante todo el curso del juicio el Tribunal tendrá derecho – sin plantear cuestiones nuevas a pedir a las partes puntualizaciones y aclaraciones de sus argumentos.
G. Todas las cuestiones incidentales que las partes susciten serán resueltas sin interrupción ajustándose a las normas anteriormente establecidas.
H. Las partes podrán defenderse a si mismas, o valiéndose de abogados matriculados en el ejercicio de la profesión.
I. De todas las sesiones del juicio se extenderá acta por taquígrafos oficiales adscritos al tribunal

Una vez realizadas en cuanto surgiera la discusión, serían substanciadas con arreglo a las normas del procedimiento ordinario. Tanto es así que conviene ampliar las casación de dos extremos. Lo malo es que la Fiscalía jamás ejercita este derecho. Pero las normas que dejo expuestas me parecen fáciles de aplicar y provechoso no sólo para los interesados no también para el prestigio social de administración de justicia.

EFICACIA

Cuando va explicado hasta aquí , se encamina a que la justicia sea eficaz. Mas para lograrlo no bastan la publicidad, la oralidad y la rapidez sino que se requieren otras muchas circunstancias difíciles de recordar aunque sólo sea para catalogarlas. Si los litigantes se han de gastar en el pleito mas de lo que vale lo pleiteado la justicia será para ellos un sarcasmo. El régimen de arancel para los funcionarios judiciales es un pozo sin fondo.
La justicia no es sólo un Poder sino el más trascendental de los Poderes. Actúa sobre los ciudadanos en su hacienda en su libertad y hasta en su vida. Esta sobre el Gobierno porque enjuicia a sus miembros y porque revoca y anula sus disposiciones en la vía contencioso administrativa. Impera sobre el mismo Parlamento ya que puede declarar la inconstitucionalidad de las leyes.
El juez no puede ser simplemente un profesional, porque su misión está situada entre los hombres y los dioses. No se logrará esto con organizaciones complicadas ni con tecnicismo abstrusos sino aproximándose cuanto quepa a una estructura patriarcal.